Perros peligrosos, dueños criminales

Por Enrique Ortega Salinas.

Intendencia inicia jornadas de castración de canes para 2019

Apenas llegué a México, una niña de tres años fue atacada por dos perros pitbull que se encontraban en el patio de su casa en Coyoacán, ya que sus padres rentaron un apartamento a un criador de perros de esta raza. La destrozaron. México registra muchas muertes y mutilaciones producidas por perros adiestrados para peleas, pese a estar prohibidas. En Uruguay, el 11 de julio de 2013, seis perros rodearon a un motociclista en Paso de la Arena, lo hicieron caer y lo mataron. El dueño, un ciudadano chino, fue detenido y en ese momento pensé que sería condenado por homicidio culposo y se tomaría con él una medida drástica y ejemplar. Acerté con lo primero; pero la medida aplicada consistió en un arresto domiciliario de tres meses, lapso en el cual no podía abandonar su casa sin permiso del comisario de la zona. Una burla judicial a la familia del muerto. El 9 de noviembre del mismo año, en Maldonado, un joven fue mordido en la nariz por un pitbull cuando caminaba por el barrio Rivera. El hecho causó alarma porque se sumó a muchos otros y aún persistía el horror producido por el caso del niño de diez años atacado en Maldonado Nuevo por un rottweiler en junio. Este menor vio que los dos perros de su familia estaban peleando en el patio de su casa e intentó separarlos. Uno lo atacó con ferocidad, por lo que fue trasladado al hospital e intervenido quirúrgicamente En octubre, otro niño, de igual edad y de la misma ciudad, que transitaba con su madre por el barrio Monte Hermoso, fue atacado por un rottweiler. La madre también fue atacada al intentar salvar a su hijo. José Nicolás Silva fue mordido en el tórax y en la cabeza y fue trasladado a Montevideo en estado grave. El dueño del perro argumentó que el perro se había escapado; pero según los vecinos, siempre estaba suelto y días atrás había mordido a una mujer. También en Maldonado, en enero de 2015, un pitbull atacó a Josefina, una niña de cuatro años. Cuando la dueña intentó socorrerla, el animal la mordió en la cabeza y en los brazos. La niña terminó internada en el Pereira Rossell. El rottweiler fue el perro utilizado por los nazis en los campos de concentración. En 2015 escribí una nota preguntando si esperaríamos otra muerte para legislar y tomar drásticas medidas penales contra los que tienen animales peligrosos sin adoptar las precauciones necesarias. Pues eso seguimos haciendo mientras padecemos la lentitud del Poder Legislativo y la inoperancia del Poder Judicial. Por lo menos se ha comenzado a implementar la identificación electrónica de los canes mediante la colocación de un chip subcutáneo que permitirá saber quién es el dueño y todos los datos concernientes a su sanidad. Desde aquella nota, los casos se han acumulado morbosamente hasta llegar a la muerte de Miguel Amaro, de 53 años, en Colonia Ceres, Cerro Largo. Miguel circulaba en moto el 20 de octubre cuando fue atacado por una jauría hasta matarlo. Un testigo declaró que también había sido atacado por los mismos perros, pero otro vecino le salvó la vida. Esto no tendría que haber sucedido jamás, ya que existían denuncias contra estos perros y se había notificado al dueño que debía atarlos, cosa que no hizo. Los perros fueron sacrificados por orden judicial, pero el animal, hasta donde sé y por ahora, está libre. A mediados de este mes, una niña de año y medio, Clara Sophía, fue atacada por un pitbull en casa de su tía: le mordió la cabeza, la cara, la lengua y las manos. El padre de la niña, Jesús Aguerre, dedicó toda su energía a defender al pitbull minimizando el hecho, culpando a la prensa y usando la palabra “ángel”, pero no para referirse a su bebé, sino a otro de sus perros. Meses atrás, en mayo, Rosaire Cusimano, de 95 años, fue atacado por un pitbull que lo mordió en brazos y piernas y le produjo fractura expuesta en una mano y heridas en la cabeza con desprendimiento de cuero cabelludo. Tras un mes y medio en cuidados intensivos, ha quedado incapacitado y sin justicia. En setiembre, en la ciudad cordobesa de San Francisco, una chica de 21 años perdió sus piernas tras ser atacada por tres perros dóberman. Podría citar muchos casos más, pero lo que me indigna no son los perros peligrosos, sino los dueños criminalmente irresponsables. Cada vez son más los países que limitan la tenencia de ciertas razas, pero las medidas suelen tomarlas luego de sucesos fatales. En Estados Unidos, por ejemplo, la Justicia actuó luego de que una mujer fuera atacada en el pasillo del edificio donde vivía por un rottweiler que, literalmente, le arrancó el rostro.   ¿Cuándo vamos a entender que hay razas no aptas para tener como mascotas? Cada año, en nuestro país, 2.500 personas denuncian haber sido mordidas por perros, y cada día, sólo en el hospital Pereira Rossell, ingresa un niño con mordeduras graves. Cada día. La mitad de los niños fueron agredidos en sus propios hogares, o sea, por los perros de la familia. El senador Pedro Bordaberry presentó un proyecto en 2015 para regular la tenencia responsable de perros. Entre otras cosas, el proyecto establece: “Queda prohibida la cría, reproducción, comercialización, transferencia, adopción e importación de canes de razas -sean puros por pedigree, puros por cruza o mestizos- consideradas potencialmente peligrosas. A los efectos de esta ley, la reglamentación establecerá cuáles razas de canes serán consideradas potencialmente peligrosas”. El proyecto indica que quienes tengan animales potencialmente peligrosos deberán tenerlos recluidos y evitar su fuga y acceso a la vía pública. La sanción a los irresponsables va de 100 a 500 UR. Yo sería más radical: cárcel. Basta de tanta dulzura. El proyecto permanece encajonado mientras los legisladores se dedican a la política partidaria y cobrar suculentos sueldos, viáticos y beneficios varios autoproporcionados. En Colombia, desde 2002, rige la ley 746, que regula la tenencia y registro de perros como los rottweiler, american staffordshire terrier, fila brasileño, mastín napolitano, pitbull terrier, american pitbull, presa canario, dogo de Burdeos y tosa japonés. Los dueños están obligados (igual que en España, Chile y Uruguay) a pasearlos con bozal y no pueden andar sueltos en zonas públicas. Además, deben registrarlos en la alcaldía y tener seguro. Además, está prohibida su reproducción con fines comerciales.   Del foso al hogar Algunas razas de perros han sido creadas por el hombre mediante cruzas y manipulaciones genéticas, por lo general, buscando aumentar su agresividad e instinto asesino. Los defensores radicales de los animales se enceguecen y no quieren ver esta realidad. Sucede que es triste y la culpa no es del animal, pero esa agresividad está en su naturaleza. El error ha sido de los humanos, que pasaron a los llamados “perros de foso” a la categoría de mascotas. Hasta 1835, en Inglaterra, estaba en boga el bull-baiting, que consistía en enfrentar un par de perros contra un toro para debilitar a las reses antes de su sacrificio con la idea de que la carne tendría mejor sabor. De ahí que se considerara bulldog a cualquier perro utilizado para un fin tan salvaje. En Inglaterra, las repudiables peleas de perros se realizaban en un foso o pit. Los criadores vieron la necesidad de crear un perro de menor porte pero de más agilidad que el bulldog, así que, en el siglo XIX, británicos y escoceses comenzaron a mezclar bulldogs con terriers, creando los bulldog-and-terrier, antepasados de todos los terriers tipo bull actuales. Tras su llegada a Estados Unidos, los experimentos continuaron, agregándoles la genética del alano español. La mezcla es explosiva y de la misma proviene el american pitbull terrier. El pitbull, clasificado en España como “perro potencialmente peligroso”, suele usarse en la caza de jabalíes y en seguridad. Una característica normal de los perros tipo terrier es su tendencia a agredir a otros perros. En Buenos Aires presencié como un ejemplar de esta raza saltaba de una camioneta para atacar a la mascota de una chica. Le clavó los dientes en la cadera y no lo soltaba, pese a que los dueños intentaban sacárselo de encima. La chica y el perrito gritaban sin que nadie pudiera hacer nada. Finalmente, unos veinte minutos después, lograron sacárselo de encima y se fueron en su camioneta en medio de una lluvia de insultos de la gente, dejando a la chica y el perrito bañados en sangre. La culpa no era del atacante. Fue creado para eso. La culpa es de criminales que sacan a una fiera así sin correa ni bozal. La culpa es de quienes desean demostrar poder paseando a un perro, así como quien pasea un tigre. La culpa es de los imbéciles que creen que nunca va a pasar nada. Por supuesto que hay varios casos en que la crianza con amor ha logrado amortiguar los efectos de la genética y algunos lectores me han escrito comentándolo. Sí, es cierto. También sé de casos de leones criados desde pequeños que juegan con niños, pero yo no los tendría como mascotas. El editor de la revista estadounidense Animal People News hizo un estudio de ataques caninos en Estados Unidos y Canadá desde 1982 hasta 2009. De 345 muertes, 159 (46%) fueron producidas por pitbull terriers, en tanto que en España, entre 1991 y 2010, seis de 21 muertes fueron provocadas por pitbulls. En Australia se ha prohibido la importación de esta raza y es obligatoria la castración para ir disminuyendo la cantidad de ejemplares existente. En Malta, es una raza prohibida. Quien posea una pitbull terrier es juzgado y el animal sacrificado. En Venezuela también es ilegal su tenencia desde el 31 de diciembre de 2014. A estas leyes se llega tras múltiples casos de muertes y espantosas mutilaciones. El dóberman debe su nombre al alemán Karl Friedich Louis Dobermann, quien a fines del siglo XIX decidió crear un perro que le auxiliara en su trabajo de recaudador de impuestos; es decir, que metiera miedo, como todo inspector de la DGI. Creado a partir de cruzas entre el rottweiler, el beauceron, el braco de Weimar, el Manchester terrier y el pinscher, es altamente peligroso. La agresividad contra sus propios dueños tiene una explicación que sus defensores a ultranza intentan desmentir con desesperación: desde los cuatro años el cerebro continúa creciendo, pero su cráneo deja de hacerlo. La presión ocasiona dolor al animal y lo vuelve incontrolable y agresivo. A los dos años pierde el olfato y deja de reconocer a sus dueños. Cierto o no, he podido constatar muchos casos de agresiones de estos perros a sus propios dueños. Claro, el lector que tenga uno que todavía no lo ha mordido ni le ha matado a un hijo me odiará por este artículo. El amor por los animales, como todo amor, enceguece. Los culpables de tanta sangre derramada, de tanto dolor y tragedia, no son los perros. Los criminales son los dueños. Ya va siendo hora de enviar a algunos a la cárcel.

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