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Plata o coraje

Por Eduardo Platero.

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Caras y Caretas Diario

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Mañana se cumple un nuevo año de la tragedia de Medellín, que nos quitó a Carlitos de este mundo a la vez que lo convertía en universal. Yo le sigo rindiendo culto y considero esa fecha ligada a mi vida. Por ejemplo, cuando nos mudamos a Sauce no había cine allí. El viejo estaba cerrado y el nuevo, en construcción, y en el único lugar en donde se proyectaban películas era en el Parque y Recreo Los Paraísos, una enramada enfrente del hotel de los Castiglioni, en la cual Nelson, el mayor de ellos, proyectaba películas de 16 milímetros con un solo proyector. Es decir, había que esperar mientras se cambiaba el rollo, momento en el cual Nelson vendía rifas. Era la diversión de pobrerío; los ricos no iban. Yo sí, y como era y sigo siendo devoto del Mago, sabía que todos los viernes de la semana en la que caía el 24 de junio, nos daría una película de él. Recuerdo vívidamente Cuesta abajo, sobre todo un tramo casi al final. En ella, Mona Maris –una belleza tipo mujer fatal de los años 30–, luego de arruinarlo hasta convertirlo en bailarín profesional de un dancing atorrante en Francia, se apresta a abandonarlo y él la descubre. Se produce la escena cúlmine, cuando Carlitos se lo reprocha y ella, con desprecio, le contesta que para tenerla hacía falta “plata o coraje”. ¡Terrible! Carlitos se le va encima hecho una fiera, la agarra del pescuezo y a uno se le encogía el corazón a pesar de haber visto la película varias veces. “¡No Carlitos, no! Estás en Francia… la guillotina”, pensaba. Pero el Mago reaccionaba, y luego de decirle que la plata la había tirado al viento por ella y el coraje era lo que le había impedido matarla, la deja y se manda ‘Cuesta Abajo’. Algunas mujeres lloraban y todos le reclamábamos a Nelson que la pasara de vuelta. Generosamente Nelson retrocedía el carrete y Gardel volvía a cantar. Una o dos veces más. Bueno, esto se hilvana, dentro de mi personalidad de viejo nostálgico, con este asunto de “plata o coraje”, las dos cosas que, según don Pepe Batlle,  faltaban en nuestros capitalistas. La plata no les alcanzaba y el coraje no les sobraba para emprender grandes proyectos, como inversiones altas en servicios públicos que tendrían demanda, pero que únicamente estaban al alcance del capital inglés, que todavía reinaba en el mundo. Para ello, para suplirlos, estaba el Estado, con plata y coraje suficientes para crear los entes industriales y comerciales y evitar que el capital extranjero se llevase las ganancias para afuera. Las cosas han cambiado radicalmente desde esos tiempos hasta los actuales, en los que reina el capital financiero. Si queremos inversiones, tenemos que dar ventajas, exonerar impuestos y tasas, darles zonas francas y cerrar los ojos con respecto a las ganancias que reembolsan para sus sedes. Ni plata ni coraje. Es una realidad; no estoy acusando a este o a ningún gobierno anterior de cobarde y me consta que plata no tiene, ni tiene ningún país, a excepción de los paraísos fiscales que dan alojamiento a un capital cuyos dueños no aparecen. Capital manejado por gerentes. No hace mucho escribí que sólo seis países en el mundo, todos pequeños, todos paraísos fiscales, estaban libres de deuda externa. Todos los demás, empezando por Estados Unidos, no sólo tienen abultadas deudas, sino que siguen endeudándose a costa de destinar una suma cada vez mayor de sus gastos a pagar los intereses. En realidad, ninguno paga. Todos hacen lo mismo que nosotros: bicicletean. Colocan títulos de deuda, a la que llaman “soberana”, como una especie de chiste, y con esa emisión rescatan la que estaba por vencer. Para decirlo en criollo, ¡patean la piedra para adelante! Vamos, ¿qué uruguayo no tuvo su mala recha y anduvo bicicleteando tarjetas o préstamos? Los que pudieron salieron y los demás la vamos llevando. Nuestro país anda más o menos bien. Así lo dicen las calificadoras de riesgo ante las cuales sudamos tinta para que no nos quiten el Investment grade, que es una especie de aureola de santidad. Y lo dice también el dios mercado. Acabamos de hacer una importante colocación en pesos uruguayos que tuvo una demanda cinco veces mayor que lo ofrecido y con cuyo producto pateamos para adelante vencimientos que caerían el año que viene. Fuimos el primer país del tercer mundo que logró colocar con éxito deuda en su moneda. ¡Uruguayos campeones, que no ni no! Más o menos coincidiendo en el tiempo, una empresa que había levantado dos parques de molinos eólicos los vendió en algo así como 300 y pico de millones de dólares y se llevó lo obtenido para hacer colocaciones en el sur argentino, creo que en extracción de gas natural. No hay peligro: los molinos quedaron y los compradores le seguirán vendiendo energía a UTE al precio pactado, que es bueno. Pero lo que a uno lo amarga es que nosotros no hicimos ni un amague de comprar. Nos faltó plata y coraje. Plata, porque UTE es una empresa que da ganancias y las vuelca al Estado. Coraje, porque ni se nos ocurrió pujar. Sin haberlo discutido expresamente y mucho menos haberlo resuelto en forma pública, hemos resignado el monopolio de la generación de energía eléctrica. Ahora compramos la generada por empresarios privados, con quienes pactamos un precio que les conviniera, y luego utilizamos la que seguimos produciendo. ¡Paradojas de una larga vida! Cuando nos mudamos a Sarandí del Yi, UTE acababa de comprar la última usina privada. En esos tiempos se completó Rincón de Bonete, que empezó a producir con su máxima potencia y se nacionalizó el último ferrocarril de los ingleses. Sobraba plata y había coraje. No digo que el mundo siga igual al que conocimos los que vivimos los años 50 y no acuso a nuestros gobernantes de ser tímidos. Lo que sí digo, y me duele cada vez más, es que la soberanía de las naciones es una antigualla inventada por la primera Revolución Industrial y pasada a la obsolescencia con la tercera. Nuestra soberanía está cada vez más limitada, reducida a cuestiones menores, casi, casi municipales. Hasta me parece que es viejo hablar de imperialismo yanqui. Estados Unidos es la sede del poder militar y por eso se asientan en sus jueces y sus marines los capitales financieros, que no tienen ni patria, ni intereses nacionales ni responsabilidades para con el futuro del mundo. Ni siquiera dueño en el sentido antiguo de la palabra. Están conformados por innumerables e irreconocibles fuentes y dirigidos por gerentes. Por señores que llegaron a la cúspide de la pirámide, exponen muy poco de su capital, ganan enormes sueldos y manejan las inversiones buscando ganancias para esos mismos capitales, que tienen tantos dueños que es como si no los tuvieran. Unas palabras finales, en torno al conflicto de Ancap: no me explico el asombro del gobierno por el rechazo del Pit-Cnt. Será que no se dan cuenta que desconocieron los límites constitucionales e ignoraron los requisitos y los límites del poder que tienen para aplicar los esenciales. ¡Como para no indignarse y llevar el reclamo a la OIT! Al final del primer gobierno de Julio María Sanguinetti, los municipales tuvieron una huelga de 24 días, con servicios esenciales declarados. Los pidió la intendencia, por razones de higiene, para los servicios de barrido, especificando a quiénes convocar. Y se convocó, por cedulón y por la prensa, a esas y sólo a esas personas, advirtiéndoles que por cada día que faltaran, si ignoraban la convocatoria, se aplicarían tres días de sanción. Descuento y suspensión. Ojo, nadie está obligado a trabajar sin cobrar. Si me sancionás, me descontás y me prohibís trabajar. ¿Quedó claro? Por lo demás, hay un principio general de derecho: no hay delito sin pena. Se aplicaba cuando el aborto estaba prohibido; se podía sancionar al abortero pero no a la abortante porque para ella la ley no indicaba sanción. Se aplica en el caso del suicidio, que está prohibido pero no se fija pena. Al que falló en el intento no se lo puede penar. Me extraña que los sesudos juristas de la oposición no lo hayan señalado: sancionar sin que haya pena previamente establecida es una grosera violación al orden jurídico. ¡Y sin el debido proceso! ¿No estaríamos frente a un abuso de poder? Por el contrario, blancos y colorados azuzan. Estoy seguro de que alguien en el gobierno recordará la anécdota de Bebel, el primer y combativo diputado socialista en el Parlamento alemán. Una vez entró a opinar acerca de algo y notó que todas las bancadas lo aplaudían. Paró y reflexionó: “¿Qué estarás haciendo, viejo Bebel, que tus enemigos te aplauden?”. Pero propongo un pacto: ¡que se terminen juntos el Servicio Médico de Ancap y el privilegio del Hospital Militar! Lo justo para todos. Y con lo que ahorremos con la reforma de su servicio de pensiones, compremos usinas generadoras de energía eléctrica.

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