Policías y 80 cosas que no quiero, no debo ni puedo olvidar

Por Enrique Ortega Salinas.

Hay algo que no podría comprender si llegara a suceder y es que en las próximas elecciones nacionales peones rurales, empleadas domésticas y maestros voten a otro partido que no sea el Frente Amplio, considerando que jamás estuvieron mejor ni fueron reconocidos sus derechos como ahora. Esto no implica que consideremos suficiente lo que ganan, pero los avances son incuestionables y ya los hemos enumerado anteriormente en este ciclo de notas que recogen las cosas positivas logradas desde 2005 a la fecha. Con esta llegamos a 80 y continuaremos. Ahora bien, también me asombraría muchísimo que la mayoría de los policías se incline por votar a los partidos de derecha: Partido Nacional, Partido Colorado y Partido Independiente. Sin embargo, así como sostengo eso, también sostengo que los mismos no deberían ser ni de izquierda ni de derecha, ni dejarse utilizar ni por políticos ni por militares, tal como ocurrió durante siglos. Lo que debe primar en sus corazones es el juramento de defender la Constitución y las leyes aun a costa de sus propias vidas. Claro, pueden y deben votar; y como la memoria de los pueblos es frágil y el Frente Amplio es absolutamente ineficaz en comunicar sus logros pese al peligro de restauración conservadora, permítanme decirles que no sé ustedes, pero yo no quiero, no debo, ni puedo olvidar:

  1. Que el gobierno del Frente Amplio realizó una fuerte inversión en chalecos antibalas, renovación del armamento, innovación tecnológica, infraestructura edilicia, modernización y ampliación de la flota automotriz como nunca antes se había hecho.

 

  1. Que también se invirtió fuertemente para mejorar la calidad de vida de la familia policial, en vivienda, salud y recreación.

 

  1. Que el gobierno frenteamplista aumentó considerablemente los salarios de los policías. Un agente de segunda ganaba en 2010 $ 12.102,29 y ya en 2014 llegaba (sin incluir partidas adicionales) a $ 25.041,56. Un agente ejecutivo que ganaba $ 4.301 en 2000, hoy recibe $ 32.072; es decir, su salario en pesos corrientes se multiplicó por ocho en 17 años. Considerando lo que se come la inflación y hablando de pesos indexados, desde 2000 a 2017, el poder adquisitivo de un agente de segunda creció 187,5%.

 

  1. Que cuando gobernaban blancos y colorados el salario policial era de los más rezagados de la administración pública y estaba afectado por el incremento en la prestación de los servicios extraordinarios del artículo 222. Los policías necesitaban del mismo para sobrevivir y esto restaba eficacia a su labor, provocando fatiga, enfermedades y ausentismo, deteriorándose la seguridad. A esto se sumaba el estrés de los policías que, aparte de arriesgar su vida por tres monedas y utilizados muchas veces para reprimir trabajadores que estaban en su misma condición, hacían maravillas para paliar las retenciones, deudas y descuentos legales.

 

  1. Que hoy los policías pueden reclamar sus derechos sin ser arrestados, e incluso están sindicalizados, lo cual antes estaba prohibido. Hasta usan la palabra “compañero”, la que otrora fuera una mala palabra.

 

  1. Que desde que gobierna el Frente Amplio todos los jefes de Policía son profesionales, es decir, oficiales de carrera. Se terminó definitivamente con la costumbre de colocar políticos en el cargo, los cuales no sabían absolutamente nada de seguridad y usaban su autoridad para congraciarse con sus amigos. No olvido a un jefe de Policía del interior (no lo nombro porque falleció) alcanzando en su automóvil a los agentes que traían detenidos a unos barrabravas que habían protagonizado hechos de violencia en un estadio de fútbol y ordenándoles: “Déjenlos ir, que son amigos míos”. No, no se me borran de la mente las burlas de los delincuentes ni la frustración de esos policías minuanos. No olvido las desastrosas gestiones de Galán y Jaurena en Maldonado. Peor aun fueron los jefes militares, para los cuales todo el que no era milico era un pichi y, por otra parte, consideraban a los azules inferiores a los verdes. Colocar, como hizo Sanguinetti, a un coronel por encima de un inspector general es no sólo ignorar la escala jerárquica y sus equivalencias, sino despreciar la carrera de quienes dedicaron años a profesionalizarse. El Frente Amplio ha demostrado respeto a la profesión policial.

 

  1. Que con el gobierno frenteamplista se terminaron los abusos de los oficiales que por cualquier nimiedad arrestaban a sus subalternos para imponer su autoridad en base al terror y no a aptitudes de liderazgo. Al quedar arrestados, justa o injustamente, presos como delincuentes comunes, los policías eran privados de visitar su hogar, lo cual ocasionó el desmoronamiento de muchas familias. El Frente Amplio modernizó y humanizó el régimen disciplinario a la vez que redujo las jornadas laborales, ya que antes se abusaba de la disponibilidad absoluta de los funcionarios.

 

  1. Que en noviembre de 2017 el representante del BID en Uruguay, Morgan Doyle, comunicó que “Uruguay es más seguro que los demás países de la región. El Ministerio del Interior viene trabajando intensamente […] y está comenzando a ver los frutos del esfuerzo. En forma silenciosa, ha ido reformando el quehacer policial, construyendo cimientos sólidos para tener una Policía moderna, sobre todo con un patrullaje disuasivo”.

 

  1. Que fue el gobierno frenteamplista el que implementó el PADO (Programa de Alta Dedicación Operativa), logrando reducir 22% las rapiñas en las zonas donde se aplica y poniendo en acción a 700 policías con remuneración especial para combatir el delito urbano, priorizando la prevención y la disuasión. En algunos puntos el descenso llegó a 60%.

 

  1. Que el sistema de videovigilancia implementado por Eduardo Bonomi ha logrado reducir el delito urbano, muy particularmente en Ciudad Vieja, donde las rapiñas descendieron drásticamente sin que esto implicara, como se suponía, un traslado del delito a otras zonas. Mientras que en diciembre de 2012 se habían denunciado 168 hurtos y rapiñas en la zona, y el año siguiente se registraron 152 delitos similares, en diciembre de 2014, ya con las cámaras instaladas, descendieron a 78. Incluso debe considerarse que en estos casos, muchos delincuentes fueron capturados luego de cometido el ilícito y procesados gracias al aporte de las cámaras de alta definición. En cuanto al robo en el interior de vehículos estacionados, que no bajaba de uno por día, en los dos primeros meses de 2015, sólo se reportaron doce en total. Los delincuentes saben que en Ciudad Vieja ahora hay ojos por todos lados y piensan dos veces antes de cometer hurtos, arrebatos o rapiñas en la zona.

 

  1. Que fue el Frente Amplio el que trajo los brazaletes electrónicos al país. Esto facilita la tarea de la Policía, ya que la persona amenazada (por ejemplo, una víctima de violencia doméstica) es alertada de la cercanía del agresor y puede pedir ayuda de inmediato. Tengamos en cuenta que sería imposible colocar una guardia para cada persona acosada o amenazada, por lo que estos aportes tecnológicos, sin ser la solución total, ayudan mucho a prevenir el crimen.

  No puedo dejar de señalar que critiqué mucho en su momento la infeliz frase de “problema de percepción” con respeto a la inseguridad. Afortunadamente, Bonomi no utiliza esta afrenta contra las víctimas. El ingreso de la pasta base, la desidia de algunos fiscales y jueces (no todos, ya que hay otros que son héroes) más el abandono de los deberes inherentes a la patria potestad de muchos padres y otras causas que detallaré en otra nota han derivado en esto que es un problema nada fácil de resolver. Es tan innegable el problema como los esfuerzos del gobierno en resolverlos. Finalmente, algo fuera de la lista que no quiero olvidar. Una noche de invierno, la Policía vino a buscar a mi padre. Él era agente y lo necesitaban porque iban a buscar a una gavilla de delincuentes que estaba en la zona. Hacía un frío impresionante y yo, con siete años, tiritaba en la cama. Mi padre me cubrió con la capa policial, que era enorme para mí, y salió solo con su uniforme sin saber si volvería. Nunca olvidé ese gesto. Ojalá se lo hubiera dicho mientras vivía.

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