Revolución educativa

Primera parte: creatividad, razonamiento y memoria

Por Enrique Ortega Salinas.

“La inteligencia puede desarrollarse; si puede desarrollarse, debe desarrollarse y ser considerada una cuestión de Estado”.

Luis Alberto Machado

 

En 1992, G. Land y B. Jarman dieron a conocer el resultado de estudios efectuados a niños de entre y cinco años de edad que ratifican de manera cruda lo que venimos denunciando desde hace un cuarto de siglo. El 98 % mostró un alto nivel de ingenio y creatividad. Eran, fundamentalmente, capaces de generar ideas nuevas. Pero de los mismos niños, analizados cinco años más tarde, sólo 32% mantenía aquellas habilidades y apenas un lustro después, a los 15 años de edad, ese porcentaje quedó reducido a un mísero y escalofriante 10%. Cuando todos ellos cumplieron los 25 años, volvieron a ser evaluados y únicamente 2% pudo calificarse como en la primera etapa.

Permítanme hace aquí una necesaria alusión personal antes de continuar. Cuatro años después de darse a conocer este informe, ingresé al Libro Guinness de los Récords por memorizar un número de 320 cifras de un vistazo y un mazo de naipes en 49 segundos. En 2014 logré superar el desafío de un programa de National Geographic de memorizar una cronología de seis siglos de historia. Lo malo de esto es que quienes no conocen mi proyecto de revolución educativa pueden pensar que priorizo la memoria por encima del razonamiento. Por el contrario, a mis alumnos de diferentes países les comienzo diciendo: “Olvídense de memorizar. Traten de comprender. Cuando se comprende la lección ya se tiene 80% de la memoria asegurada”. Incluso les ayudo a alcanzar, por encima del razonamiento, un estado mental superior que es la compenetración, partiendo de una lectura crítica analítica.

Por otra parte, intento que dejen de ser estudiantes para convertirse en investigadores. El error del sistema educativo ha sido el de formar máquinas de absorber conocimientos, obligando a los estudiantes a estudiar por obligación y no por el placer de aprender. No es lo mismo estudiar para un examen del miércoles sobre Napoleón o Churchill que investigar quién era cada uno. En el primer caso, aunque el alumno salve el examen, lo más posible es que tres días después recuerde apenas 10% o 15% de lo estudiado. Si su actitud mental al leer fue la de un investigador crítico, accediendo a fuentes contradictorias para formarse una opinión propia, lo más seguro es que recuerde todo varios meses después.

Sin embargo, la memoria no es una función mental contradictoria con el razonamiento, sino complementaria. De nada sirve memorizar sin razonar ni razonar sin recordar. En historia, por ejemplo, que es la base de la cultura, es muy esclarecedor recordar que la Revolución rusa comenzó cuando aún no había terminado la Primera Guerra Mundial, o que la Guerra de Corea (1950) fue posterior al fin de la Segunda Guerra Mundial (1945) y anterior a la crisis de los misiles en Cuba (1962). Comprender y recordar es útil; lo malo es recordar para repetir la lección como un autómata y con el riesgo de que si se te olvida una palabra, no puedes recordar el resto. Dejando esto en claro, en esta primera entrega abordaremos el desafío de promover el desarrollo de la creatividad.

El sistema educativo no sólo tendría que dar información, sino enseñar a procesarla, cuestionarla, ponerla en tela de juicio y formar estudiantes capaces de generar nuevos conocimientos a partir de los conocimientos adquiridos.

Cada día que pasa se cree menos en la creatividad como un factor hereditario o cuya justificación haya que buscarla en el enramado neuronal y se adjudica un rol determinante a la enseñanza, la experiencia, el medioambiente y la curiosidad intelectual. La actitud que la persona asuma con respecto a su inteligencia, la importancia que le dé a su desarrollo, la autoestima alta o baja que posea, incidirán directamente en su proceso, estancamiento o anulación.

Todos nacemos potencialmente genios, pero antes de aprender a caminar somos bombardeados por factores que, a modo de virus, intentan bloquear el normal funcionamiento del programa que nos permite desarrollar ideas creativas. Sólo algunos privilegiados logran salvarse del naufragio y ser considerados superdotados. ¿Cuáles son esos virus? El miedo al cambio, la dependencia de estereotipos, los dogmas, las verdades sagradas y reveladas, la prohibición de dudar y cuestionar, la falta de educación emocional, la carencia de capacidad para aceptar nuestros propios errores y, parafraseando a Erich Fromm, el miedo a la libertad. ¿Se nos educa para ser espontáneos, para conocernos a nosotros mismos o para buscar caminos alternativos a lo conocido? No. Por tanto, no se nos educa para ser creativos.

Cuando el sistema educativo mundial se decida (como ya lo han hecho centenares de corporaciones estadounidenses) a explotar este potencial, presenciaremos cambios tan importantes como los que generaron la Revolución industrial o la informática; pero para ello, hay que ratificar lo siguiente: la creatividad puede desarrollarse.

Según Guilford, uno de los investigadores de este tema, el problema no es tanto lo que se estudia, sino cómo se estudia y las relaciones personales implicadas. Iremos por buen camino cuando se enseñe a cuestionar, imaginar, investigar y crear. Hasta el momento, el resultado del modelo educativo son personas propensas a la crítica destructiva (con la cual buscan anular a posibles genios y asegurarse de que todos floten en las mismas aguas de la mediocridad), sin coraje para tomar riesgos y atreverse a decir que es la Tierra la que gira alrededor del Sol y no a la inversa.

Se considera inteligente a aquel que maneja mucha información y, frente a un problema, lo identifica, clasifica, analiza y aplica la mejor medida que sugieren esos conocimientos; pero el creativo lo supera, porque tiene la capacidad de buscar nuevas respuestas, nuevos caminos, nuevas fórmulas, pateando el tablero para generar situaciones novedosas. Quienes poseen dicha capacidad valen oro, pero son pocos, porque el mismo mundo que los requiere se ha encargado de diezmarlos.

Esperamos no estar gritando en el desierto cuando afirmamos que necesitamos de urgencia no una reforma, sino una revolución educativa, no sólo en Uruguay, sino en el mundo. En la próxima entrega hablaremos del cambio que proponemos en los programas, sobre todo de Secundaria. Ahí veremos quiénes son conservadores y quiénes tienen el coraje necesario para impulsar dicha revolución.

 

 

11 Comentarios en "Primera parte: creatividad, razonamiento y memoria"

  1. ES ADMIRABLE LA MODESTIA QUE SE TRASUNTA EN LAS PALABRAS DE ESTE ARRASTRADO MUJIQUISTA.

    • … no… ¿lo admirable?, es como Ud. la mira con
      cariño. La otea con beneplácito, la vislumbra
      con anhelo, la divisa con tesón, la elucubra con
      pegajoso sentimiento, la regentéa con ímpetu, ¿y
      la nota? trata de memoria… ¿hoy?;
      ¡¡me olvidé…!!…
      Mañana le comento mas cosas… “guáte”… (alias:
      luis molina, el que chupó talco creyendo cocaína…)

    • Y usted leyó el artículo?
      Justamente carece usted de creatividad, está perdido.
      Dije de repetir ese insulto que ni insulto siquiera es.
      Sea más original.

    • Walterr….justamente usted es el mejor ejemplo de lo que no le sirve a la mente humana….usted no es creativo ni crítico….usted aprendió una cosa de memoria y la repite hasta el cansancio….
      Podría optar por el silencio y todos quedaríamos muy agradecidos.
      No moleste si?

  2. Me encantó el artículo.
    Creo que por acá puede pasar el tema de la educación por un cambio radical en el método.
    No sé si estamos preparados.
    También hay que tener en cuenta que hay una serie de conocimientos que los tenemos que adquirir en base al estudio sí o sí.
    Pero el enfoque me gustó.
    Saludos!
    Siempre es grato leer sus artículos aunque a veces discrepe, como con el de Sanguinetti.

  3. Todos nacemos potencialmente genios….

    Alta mentira es solo un pequeño porcentaje de la población.

  4. Tal vez en Uruguay no se le ha dado la importancia que tienen las investigaciones de Enrique Ortega Salina sobre la mente, la inteligencia y el aprendizaje.
    Posiblemente la imagen de Enrique esté para muchos nublada por su militancia política radical.
    Quienes le conocemos desde la ciencia y la educación, tenemos claro que estamos frente a uno de los grandes estudiosos del potencial de la mente de los seres humanos.
    He mantenido con Ortega Salinas profundas diferencias políticas y filosóficas, y las sigo teniendo, pero eso no ha sido barrera para que durante años nos dedicásemos a estudiar e investigar en el mundo de la inteligencia humano. Él desde su óptica y su campo de investigación y yo desde mi especialidad de coaching educativo y de neurociencias aplicadas.
    De esa conjunción de esfuerzos, está pronto a dar a luz una verdadera revolución educativa que marcará un antes y un después en este campo.

  5. No he emitido opinión, no porque no lo haya leido atentamente, sino, porque espero la siguiente parte, me encanta leerlo y hasta ahora he estado en total convergencia con sus opiniones!!!!!!!

  6. Muy interesante el tema, la forma de plantearlo y quedaremos esperando las próximas entregas.
    En Uruguay hace falta animarse a hacer algo profundo con la educación.
    Lo que hasta ahora se ha intentado, en lugar de lograr avances, ha barrido con lo bueno que teníamos antes y lo sustituyó por la nada….Si no, alcanza con estudiar un poquito el lamentable nivel que tiene la mayoría de los estudiantes a nivel terciario.
    Como contribución para compartir con Ortega, creo que no debe dejarse de lado la creatividad, la profundidad del estudio, el nivel crítico de cada persona, pero TAMPOCO debemos dejar de lado la importancia de la AMPLITUD del conocimiento, aquello que llamábamos CULTURA GENERAL, y que hoy no sólo no se promueve sino que se sustituyó por una extrema especialización, que anula la capacidad de los seres humanos para admirar el mundo que nos rodea en lo más extenso de sus aspectos.
    Y hay algo esencial : la curiosidad es la madre del conocimiento.
    Tan esencial como no anular la curiosidad que es innata de cada niño.

    • Gracias por tu comentario. Efectivamente, la curiosidad es prioritaria, por eso hablamos de dejar de formar estudiantes para formar investigadores. Por otra parte y para ser justo, hay una serie de planes muy buenos, pero es hora de apurar con un látigo para que no se eternicen los ensayos. Ritmo, energía, creatividad, coraje y sentido de urgencia es lo que reclamamos. El fin de semana continuamos con el cambio que proponemos en los programas. Gracias por leernos.

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