En el número anterior, escribí sobre la postura del grupo de Lima, de activar el Tratado Inter Americano de Asistencia Recíproca (TIAR). Documenté cómo Wilson, y antes Herrera, Haedo, Carlos María Velázquez, entre otros, habían sido intérpretes del rechazo del Partido Nacional a la participación de Uruguay en dichos tratados. No me imaginaba, entonces, que al iniciarse esta semana, el gobierno de Uruguay iba a salirse de los tratados. Por fin. Una lucha de tantos años dio su fruto.
Hacete socio para acceder a este contenido
Para continuar, hacete socio de Caras y Caretas. Si ya formas parte de la comunidad, inicia sesión.
ASOCIARMECaras y Caretas Diario
En tu email todos los días
Confieso que no solamente me llenó de alegría la noticia, sino que pensé: “En un país tan lleno de confrontación, hemos logrado tirar arriba de la mesa un tema que, honrando las mejores tradiciones del Partido Nacional, va a generar consenso interno en Uruguay”. Pero como el lema no es más “Defensores de las leyes”, sino “sacar al Frente”, no salgo de mi asombro. El Partido Nacional se pronunció en contra de la decisión del gobierno. Me perdí.
Lo primero que hice fue llamar al canciller Nin para felicitarlo. Me llenó de emoción que me dijera que había tenido muy presente a Wilson en el momento de tomar la decisión. Pero luego el Partido Nacional protesta porque nos salimos. Protesta porque el gobierno del Frente hace lo que el Partido Nacional viene exigiendo hace tantos años. ¿O no lo veníamos exigiendo desde la firma misma en 1947?
No voy repetir todas las citas de Wilson que escribí en el número anterior; Wilson describe el TIAR como el manto de seudocobertura jurídica de Estados Unidos para encubrir sus intervenciones en la región. ¿Ahora contra eso también está el Partido Nacional? Y lo más doloroso para quienes venimos de ese tronco: no se alzó ni una sola voz dentro del partido, ni del oficialismo blanco ni de los autodenominados wilsonistas. Ni Larrañaga, ni Gandini, ni Antía, ni Botana, ni un solo integrante se paró y dijo: “No, eso no. Basta”.
En 1965, cuando los yanquis invaden Santo Domingo, ¿cuál era la situación? Un Golpe de Estado derroca al presidente constitucional Juan Bosch. Luego un grupo de militares demócratas lo vuelve e poner en su cargo e invaden los yanquis para sacarlo. Tan poco en serio nos toman, que después de invadir piden que se active el TIAR. Y la OEA levanta la manito. Creo que desde entonces se le conoce como “El Ministerio de Colonias de Estados Unidos”. Se asila el presidente y le recibe el mismo embajador que nos ayuda a Wilson y a mí en 1976, Hugo Navajas, representante del PNUD de las Naciones Unidas.
El Consejo de Gobierno (Partido Nacional) condena el hecho, y en el Consejo de Ministros, el joven titular de Ganadería y Agricultura (así se llamaba), Wilson Ferreira Aldunate, mociona para que Uruguay se retire de los tratados. Sin suerte. Pero la condena a la invasión no se dejó esperar. En la ONU, presidía el Consejo de Seguridad Uruguay. Su titular era el embajador Carlos María Velázquez, uno de los mejores amigos de Wilson y de cuño herrerista.
Su discurso recorrió el mundo. “Como los miembros del Consejo saben, esa fuerza que ahora se llama Fuerza Inter Americana de Paz, surgida del TIAR […] se puede saber que el propósito […] de esa fuerza fue transformar ipso facto las fuerzas […] de EEUU en otra fuerza que no sería de un Estado ni de un grupo de Estados, sino de un organismo interestatal como la OEA […] para demostrar la ilicitud de la acción llevada a cabo por Estados Unidos en República Dominicana […] Uruguay ha ajustado siempre su conducta internacional […] a una rígida posición de principios”.
¿No se lo leyeron nunca en la casa? Es más, recuerdo dos episodios no citados aún. En su orden:
Cuando el Partido Nacional cumple 150 años, (1986) presidía el Directorio Wilson, coordina con la editorial Banda Oriental, la publicación de una serie de libros. La política internacional del Partido Nacional, del cual soy coautor con Martínez Larrechea y Raúl Rosendo, y La alterativa nacionalista, en el que escriben Lacalle, Zumarán, Carlos Julio y yo. Ambos libros condenan el TIAR. Pero hay más:se edita un tercer libro que es sobre el TIAR y la invasiones de EEUU encubiertas. De este último, soy autor y se llama El Partido Nacional y los imperios.
Después de la muerte de Wilson, gana el Partido Nacional y Lacalle es electo presidente. El padre de Luis, aunque en aquel entonces, ambos se llamaban Luis Alberto, como Herrera. EEUU detiene en Panamá al coronel Noriega y Lacalle cita al Directorio y dice que, aunque se trataba de la detención de un delincuente, se ha violado el derecho internacional y que en cualquier momento sacan a relucir al TIAR. Presididos por el Prof. Rubio, siendo yo secretario de Relaciones Internacionales del partido, sale por unanimidad una resolución de condena a la violación por parte de EEUU de la soberanía americana.
Una sola pregunta: ¿se entiende ahora, dentro y fuera de la colectividad nacionalista, cuando digo que “este partido nacional de hoy” (en históricas palabras de Wilson) no tiene nada, absolutamente nada, de aquel en el cual me formé?