Referéndum: se llegó; y ahora, ¿se llega?

Por Rafael Bayce.

firmas
Transporte de las firmas logradas por la Comisión Nacional Prorreferéndum para derogar135 artículos de la LUC en la sede del PIT CNT. Foto: Javier Calvelo / adhocFOTOS

Superando vaticinios más o menos científicos, la campaña pro referéndum llegó -y sobrepasó con holgura- el mínimo de firmas necesarias para habilitar a un referéndum para derogar 135 artículos de la Ley de Urgente Consideración (LUC) que, tan apresurada como arriesgadamente, votó el gobierno entrante (porque arriesgaban esto que está pasando sin necesidad).

El asunto ha sido calificado frecuentemente como ‘rotundo mentís a los pronósticos de las encuestadoras’, por lo tanto como ‘gran sorpresa en el ambiente político’ y como ‘épica hazaña de la militancia popular’; y la pregunta ubicua es: ‘así como se ganó el plebiscito, ¿se ganará el referéndum derogatorio?’.

Veamos brevemente cada uno de estos puntos, uno por uno, aunque quizás no los agotemos en esta columna, y algo quede para próximas.

 

Rotundo mentís a los pronósticos de las encuestadoras

Uno. Las encuestadoras no pronostican, o no debieran hacerlo con la sola base de los sondeos; las encuestadores fotografían con mayor o menor fidelidad supuestos estados de opinión o de inclinaciones a actuar pasados, más o menos proyectables al día en que son publicadas, pero no pronostican a futuro (o no debieran, desde esa sola base), porque hay poderosas razones que mueven a una más científicamente correcta prudencia predictiva. Quienes las convierten, de fotos del pasado y quizás del presente, en previsiones a futuro no son tanto las encuestadoras -que, sin embargo, a veces se tientan equivocadamente a hacerlo-, sino periodistas, políticos y gente en general, los que no conocen las virtualidades ni las limitaciones científicas de los sondeos de opinión que pueblan el ambiente ya desde hace mucho. Es que la ansiedad y la necesidad de fabricar apoyo para los deseos y militancias pueden mucho más que la ciencia, sobre todo porque podrán luego culparla por sus generalizaciones indebidas, así como se quejarán de que ‘tal encuestadora’ le hace la guerra.

Dos. El error metodológico-procedimental. Porque están sometidas a diversos tipos de error (de muestreo, de formulación concreta del inquirir, de ejecución en el campo, de margen estadístico de aproximaciones); por ejemplo, nunca se calculan cifras puntuales, sino intervalos de confianza para algunas de ellas). De modo que ‘no son’ la tendencia de opinión o de acción, sino solo una aproximación con muchos bemoles al pasado y al presente, que admiten un futuro diferente, y por lo cual no deberían ser fuente suficiente para ninguna predicción a futuro, que no es científica y sí temeraria.

Tres. El error en la validez sustantiva de las respuestas según el tema sondeado. Porque, en temas sensibles y en los cuales la respuesta del respondente a una consulta está condicionada al mayor o menor miedo de que su respuesta no le guste a alguien con quien tiene vínculo emocional o subordinación laboral, la gente no dice la verdad; y no solo en las encuestas de opinión pública política, sino en toda la vida cotidiana. Es una ingenuidad, no solo científica, sino del sentido común interactivo cotidiano, creer que la gente dice básicamente la verdad; solo un científico social naif, y que se ignora como ciudadano corriente, puede creer que preguntando qué se piensa el respondente se lo dirá, y que luego hará lo que dice que piensa; ni dirá siempre lo que piensa, ni mucho hará lo que dijo pensar. Que diga la verdad corre en relación inversa con la intimidad y/o la trascendencia sociopolítica del tema sondeado y de los vínculos que los respondentes tienen con personas que pueden reaccionar mal si ven su firma o saben de sus respuestas a sondeos (que son anónimas garantidas en teoría, pero violables en la práctica).

En otras palabras, no cualquier contrario a esos artículos de la LUC se animará a poner nombre, firma y documento identitario si, por ejemplo, sospecha que alguien emocionalmente vinculado o laboralmente superordinado puede enterarse. Seguramente hay muchos contrarios a la LUC que no se animaron a firmar por esas razones el plebiscito, pero que sí podrán votar contra ella en el secreto del voto del referéndum, eliminados esos obstáculos. Teóricamente, el referéndum votado en secreto, adhesión privada, debería tener muchos más adherentes que el recurso plebiscitario al referéndum, con adhesión pública. O sea que, desde ya, es esperable que los votos contrarios a los artículos de la LUC sean sensiblemente más que las firmas para habilitar esa votación; no hay razones para que un firmante no vote contra la ley; pero hay buenas razones para no firmar aunque se vaya a votar contra la ley. De hecho, tanto desde la perspectiva del sentido común cotidiano como de la validez científica de la respuesta, no se debería asumir que los respondentes dirán la verdad en sus contestaciones a las formulaciones de los sondeadores. El grado de verdad esperable dependerá de la intimidad del tema y/o de la importancia potencial que tenga el conocimiento por otros de las respuestas. A más intimidad y riesgo de las respuestas, menor probabilidad de verdad, y de que los sondeos la revelen; a menor intimidad y mayor riesgo de represalias por la respuesta, mayor probabilidad de verdad en ella, y de que los sondeos la registren. No es la misma la ‘validez externa científica’ de un sondeo sobre dentífricos que sobre sexualidad íntima u opiniones/conductas políticas; habrá más verdad en aquellas del tipo de las de consumo masivo que en aquellas de mayor intimidad o compromiso político. El riesgo de error sustantivo, y no solo procedimental, de sondear actitudes y conductas posibles frente al plebiscito es alto, como sería bajo hacerlo sobre dentífricos.

Hilando más fino, sin embargo, también es posible que personas muy influidas por sus microclimas de pertenencia sean llevados a firmar lo que no votarían. Pero el balance del exceso de votantes libres sobre firmantes temerosos debería ser mayor que el de firmantes libres sobre votantes influidos. Habrá más rechazo a los artículos de la LUC en los votos secretos del referéndum que en las firmas plebiscitarias.

 

Las casi 800.000 firmas: sorpresa en el ambiente

Parecería que siempre hay sorpresas respecto de las expectativas establecidas: lo que pasó al cierre del plazo plebiscitario se parece mucho a la reacción frenteamplista en la segunda vuelta; por lo de sorpresiva respecto de las expectativas establecidas, aunque la sorpresa fue exitosa en un caso y en el otro no.

No obstante, bien aplicado el conocimiento teórico y metodológico de las ciencias sociales, las sorpresas no son tan claramente tales. En primer lugar, por las razones ya vistas, que no permiten generalizar científicamente las cifras de sondeos sobre el pasado a pronósticos para el futuro. En segundo lugar, porque un firmante temeroso le miente mucho a los sondeos; y les mentirá sobre sus intenciones de voto en el referéndum, así como les mintió sobre su tendencia a firmar en el plebiscito. Los sondeos para ambas instancias siempre mostrarán menos firmas que las que habría y, también, menos rechazo a la LUC que el que habrá en las urnas; por aquellos temores a que otros riesgosos se enteren. O sea que la sorpresa es más producto de una inadecuada generalización a futuro de sondeos relativos al pasado y que pueden variar, aunque muchas veces no lo hagan, lo que tienta a hacerlo cuando sí pueden variar y no coincidir, sobre la base frágil y engañosa de las veces en que sondeos y resultados reales coinciden.

En tercer lugar, existe una casi-ley de la comunicación política llamada bandwagon effect (efecto de sumarse al carro vencedor) que nos advierte que hay una especie de efecto bola de nieve –snowball effect– por el cual hay una masa de votantes que deciden o cambian su voto a último momento para adherirse a una súbita tendencia que atrae por su masividad y su posible triunfalidad; se cree que, firmando o votando, se forma parte de una mayoría irresistible que permitirá festejar victorias. Este contingente de bolas de nieve que se suman a un factible vencedor, y que atrae por eso, es un gran enemigo de los sondeos de opinión, ya que estos casi nunca tienen tiempo para registrar los cambios que esta tendencia introduce en las cifras que consolidaban lo esperable. Las mismas que codificarán lo contrario a lo esperable como ‘sorpresa’, tantas veces más precariedad de los sondeos, fragilidad de las respuestas y error de conversión del sondeo en pronóstico, que ‘sorpresa’ real. Aunque con esto no estoy diciendo que no haya un efecto real, político-ideológico, del esfuerzo militante de último momento también, que sin duda lo hubo, en la segunda vuelta y en el plebiscito, cosa que veremos luego; pero esto es consensuado y conocido, y esto del efecto comunicacional y psicosocial no.

Siempre serán científicamente esperables sorpresas de último momento, aunque no siempre alcancen para cambiar expectativas impuestas; como siempre será científicamente esperable que la gente no diga lo que piensa y que no haga lo que diga, en un grado variable, lo que es esperable y hasta gruesamente cuantificable. Muchas veces la sorpresa es una palabra que encubre, pudorosamente, la ignorancia de muchas cosas que, de saberse, harían débiles las expectativas que se creían sólidas; así como los miedosos encubren su condición subjetiva aumentando la afirmación del peligro y maldad objetivos de lo temido, así también el error ignorante en la predicción es llamado, eufemísticamente y como mecanismo de defensa de miedoso que encubre su vergonzante condición, de ‘sorpresa’.

 

2 comentarios en «Referéndum: se llegó; y ahora, ¿se llega?»

  1. Muy perspicaz articulo. Tira luz sobre aspectos en los que no se piensa comunmente sobre cuando y porque se firma o se vota algo y la verdad si uno evalua que a veces se llega apenas a firmas y despues arrasa la postura del NO en las urnas se ve que tiene razon.

  2. Avatar paulina Marie Antoinette du Louis XVI et des dames exaltées Mdmes. Lamballe, Polignac, Elisabeth Louise Vigée Lebrun, Campan et Lamonjitaquepinte  | el 21 julio, 2021 a las 3:30 pm | Responder

    Adorado Rafael. Tu crueldad ya no tiene parangón,
    límites… ocaso o … ni fin…
    Has arruinado la vida de nuestro «troll»: ‘roucho’; quien
    premonizara gracias a su exquisita mediumnidad la frase:

    ……………….. «-no llegan-«…

    ¿Y tu así sin anestesia Rafi… le espetas que:
    …………………………’se llegó’?…
    Cuidado Ra… el enviado roucho es harto sensible y podría
    cortar sus venas frotándolas con una galletica al agua…

    (ojaloide se prenda fuego vivo…)
    ¿Con respecto a la pregunta?
    Dado que el futuro es solo de los trolls al parecer.
    ¿Con el número conseguido de firmas?
    personalmente me sobra…
    Votaré en contra de la ley mamarracho (TODA ELLA)
    más
    ya me sobró
    ¿esto?
    será gimnasia pura…
    malo…
    cruel

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