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#RefugiARTE

Por Celsa Puente.

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Caras y Caretas Diario

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Hace unos poquitos días presencié en el local del liceo Nº 28 el lanzamiento de una muestra de arte que tiene por objetivo fundamental sensibilizar sobre el tema de los refugiados y la migración en general. La vieja pero remozada casona que aún funciona como escenario de la vida liceal se pobló en su hall principal de dibujos de artistas latinoamericanos que a pedido de Acnur dieron a su lápiz el destino de representar semejante dolor y tamaña hazaña: salir del suelo natal a construir el destino en otro terruño, renunciar a ver los amaneceres y atardeceres de la tierra o del mar de pertenencia inicial con la intención vivir, o mejor dicho, sobrevivir. La historia de la humanidad nos habla del destierro como una de las formas más terribles de castigo, de venganza, de agresión, de violencia, de aplicación habitual en otros tiempos a sabiendas de la tortura inmensa que era para el desterrado renunciar a habitar su querencia. Los estudiantes del liceo Nº 28 se acomodaron, correctos pero ansiosos, en las sillas dispuestas en el espacio colectivo del patio para dar comienzo a una ruta itinerante de las creaciones que vivirán durante un tiempo en el hall de este liceo, pero circularán por los diversos espacios de otras instituciones emulando a los humanos que nos vamos desplazando -a veces forzadamente- por los diversos territorios. La mesa principal estuvo integrada por las autoridades de varias instituciones que llevan adelante esta muestra, pero mi atención hoy quiere estar concentrada en una figura: Sebastián Santana Camargo, un joven artista plástico que cerró la oratoria hacia los jóvenes despojando al acto de todo protocolo, descontracturando el evento para dar muestras de su proceso creador. En primer lugar, destaco su humildad, un bien preciado y muy escaso en este mundo en los tiempos que corren. Nos cuenta cómo fue convocado para esta tarea por parte de Acnur y devela su sorpresa al recibir la invitación y verse integrando la lista junto a  otros artistas a quienes admira. En segundo lugar, su bonhomía, en tiempos en que todo se mide en función de la rentabilidad monetaria; Sebastián cuenta con alegría que hace este trabajo en forma honoraria porque se siente atado a esta causa y nos invita a remontarnos hacia cada una de nuestras historias familiares, en las que seguramente hubo al menos un migrante. Y la verdad es que es un tema soslayado en Uruguay, un país que fue fundado gracias a los contingentes inmigratorios -se dice que nuestra nostalgia nace de aquellos sentimientos de patria perdida-, que vivió luego muchos años de emigración por causas económicas y de exilio político, -punzante, de los que aún duelen- y desde hace un tiempo restaura y vivencia la oportunidad de ser país receptor de extranjeros que vienen a probar suerte y a enriquecernos con su cultura y su diversidad, aunque no todos podamos vivirlo de este modo. Es hora de hablar con nuestras familias, renovar el relato de nuestras propias historias de migración familiar que nos conectan con la condición de alojar al extranjero recordando que el extranjero fuimos nosotros algún día en el pasado. Su obra, La fiesta de la libertad -irónico eslogan creado por el autor para mostrar cómo las bombas vistas de lejos parecen fuegos artificiales- fue producto del hilado de ideas y sentimientos que Sebastián fue gestando con respecto a los intereses de los políticos a nivel internacional, esos intereses incomprensibles para los sencillos de a pie que justifican las guerras y rigen en el mundo. Así va mostrando el proceso a través del cual construye su obra, dando cuenta del proceso creador, mostrando los bocetos hechos en hojas de diferente tamaño y espesor, imágenes sostenidas en el papel que la ocasión permitía, que se constituyeron peldaños certeros para la creación final. Para una sociedad inmediatista como la nuestra, encontrar a un joven artista que muestra a través de su discurso cómo la creación necesita ser acunada en el tiempo para madurar y florecer es como encontrarse con el germen de la vida. Sebastián es un joven que convoca a otros jóvenes desde la sensibilidad del encuentro con los otros. Un joven que naturalmente muestra su satisfacción a la hora de participar en un proyecto de carácter colectivo que tiene por finalidad sensibilizar para transformar. No pude dejar de sentir la voz de Jorge Drexler en aquel momento y no puedo suspender el sonido que se desencadena en mis oídos ahora, recordando a mis ancestros migrantes en el esfuerzo de dibujar un destino posible en la insistente lucha por la vida: “Dos generaciones menos Dos generaciones más Fechas, tan sólo fechas Yo estoy aquí, tú estabas allá”.  

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