Un 14 de julio –pero del año 1789- tenía lugar uno de los más importantes acontecimientos históricos: el inicio de la “Revolución Francesa”, a partir de la toma de la Bastilla –símbolo de la opresión- poniéndole fin a la monarquía de Luis XVI. Sin embargo, desde el año 1880 se la reconoce y celebra como el “Día Nacional de Francia”, lo que de algún modo busca reflejar la reconciliación y la unidad del pueblo francés.
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Justamente un 14 de julio –pero del año 2020- muy lejos de intentar buscar una reconciliación o unidad del pueblo uruguayo, sino más bien, todo lo contrario, el equipo económico presentó la última Rendición de Cuentas en la comisión del Senado, sin otro motivo aparente que la de desatar una “grieta” entre el nuevo gobierno de coalición, y la pasada administración del Frente Amplio, a través de la instalación de un relato basado en una “herencia maldita”.
En efecto, la ministra de Economía y Finanzas (MEF) Azucena Arbeleche, y su equipo asistieron el pasado martes a la Comisión de Presupuesto -integrada con Hacienda de la cámara alta-, para presentar la Rendición de Cuentas correspondiente al ejercicio 2019. En la que aprovecharon la ocasión para brindar su mirada desde el punto de vista económico acerca de lo que fue ha sido la gestión del Frente Amplio, particularmente, en los últimos años, donde no faltó la crítica, al afirmar, que “no se comparte en absoluto” la política económica llevada a cabo.
Más allá de las fuertes contradicciones entre lo dicho, y la pasada presentación realizada por el MEF para los inversores extranjeros hace menos de un mes, donde se presentó a nuestro país como un excelente lugar para invertir, dadas sus fortalezas institucionales, solidez financiera y su amplia red de cobertura social, al punto de mostrarse como ejemplo en el mundo en el marco de la pandemia; lo que preocupa, son las declaraciones realizada por la ministra a la salida de la Comisión cuando señala que “Nos preocupa la sostenibilidad de las cuentas fiscales. Si no mejoramos los resultados fiscales, las políticas sociales no las vamos a poder mantener a lo largo del tiempo”.
Declaraciones de esta índole, desplegadas –nada más y nada menos- que por la responsable de la política económica de nuestro país, en el medio de una pandemia que se ha cobrado hasta ahora cerca de 580 mil vidas, no solo preocupa, sino que indigna.
Preocupa, porque no resulta comprensible que cuando la mejor respuesta, para evitar la crisis sanitaria –fruto del posible colapso de los establecimientos sanitarios ante una escalada exponencial de contagios- es el distanciamiento social o la cuarentena obligatoria. En cualquier caso, esto provoca un rápido enlentecimiento de la actividad –obviamente acompañada de numerosas altas al seguro de desempleo y despidos- lo que obliga a los gobiernos, a desarrollar e implementar medidas de contención económicas, que repercuten fuertemente sobre las cuentas públicas. En definitiva, actuar de forma responsable implica destinar más recursos públicos.
Indigna, porque lo que está en juego es la calidad de vida y bienestar de la población, en especial, las personas que se presentan mayores vulnerabilidades. No puede pasar desapercibido, no solamente el hecho, de que las recomendaciones del distanciamiento físico provocan cambios en el desarrollo habitual de cualquier actividad, (pensemos tan solo, en lo que significa el retorno presencial a los establecimientos educativos); sino que a todo ello, le debemos sumar, que atravesamos un duro invierno, con olas de frío que lamentablemente, ya se ha cobrado –por no brindar la cobertura pertinente- una víctima.
Toda esta caracterización del contexto en que se desarrollará la discusión del Presupuesto Nacional 2020-2024, que por cierto, debe ingresar para su consideración parlamentaria antes del 1ro de setiembre, no puede ni debe, construirse a partir de un intento erróneo de instalar la idea de haber recibido, un país devastado o una “herencia maldita”, como varios legisladores de la coalición colocan en sus discursos. Es más, ese país del que hablan en sus presentaciones “para afuera” da cuenta de varias gestiones que priorizaron sus fines y cometidos sociales, por encima de cualquier consideración económica. Se puso la economía al servicio de la gente.
Durante las tres gestiones pasadas del Frente Amplio, no solo se privilegió lo social, entendiendo por ello, a haber destinado como nunca antes en la historia económica de nuestro país, tantos recursos para la Salud, la Educación, o la Seguridad Social; sino hacer de nuestro país, un lugar modelo, en materia de derechos, o donde se aprovechó todo este largo ciclo de crecimiento económico ininterrumpido, para que crecieran los salarios y las jubilaciones. Crecimiento para distribuir. Distribuir para desarrollar un país de oportunidades y de derechos. Por su puesto, que enfrentando desafíos y quedando pendientes algunas asignaturas. Pero donde resulta inaceptable, el relato que se intenta instalar de país “en crisis”.
Conviene hacer algunas consideraciones en torno a la presentación de la ministra Arbeleche y su equipo económico el martes pasado. En primer lugar, recordar que en 2015, Uruguay enfrentó como toda la región un fuerte deterioro, que obligó a todos los países a revisar sus proyecciones a la baja. En segundo lugar, recordar que en a partir de 2015, Brasil y Argentina experimentaron contracciones económicas, con fuertes caídas en el PIB, en cambio, nuestro país no, continuó su senda de crecimiento. En tercer lugar, frente a una fuerte desaceleración en el crecimiento, que indudablemente. impacta en el flujo de ingresos públicos, nuestro país –en una decisión del gobierno- resolvió mantener incambiada, su política de gasto público, bajo el entendido, que más de dos terceras partes representan Gasto Público Social (GPS).
Dicho de otro modo, el gobierno del Frente Amplio, a pesar de enfrentar una fuerte caída en sus proyecciones de ingresos, lo que lo hubiese obligado a revisar de sus asignaciones presupuestales, lo que eventualmente, implicaría un “recorte” de las políticas sociales -tal cual expresa, lo haría la ministra Arbeleche- decidió privilegiar lo social sobre lo económico. Este tipo de acciones, tiene correlato con el empeoramiento del resultado fiscal.
De modo, que al menos existen dos modos de problematizar el asunto del déficit fiscal –sin dudas el peor desde hace varias décadas-. En primer término, el motivo. Destinar más recursos (gastos) de los que se dispone (ingresos) es una decisión política, que entendió que la prioridad era mantener la política social, bajo el entendido, que permitió reducir desigualdades y ampliar las oportunidades, y cobertura de derechos.
En segundo término, el financiamiento. Cuando se gasta más, de lo que ingresa, la diferencia se traduce a endeudamiento. Por lo tanto, la cuestión de fondo, es si el país cuenta con la solidez financiera necesaria para contraer ciertos niveles de pasivos. Definitivamente, Uruguay –consta en las presentaciones incluso del MEF- le sobra “espalda” para financiar los resultados fiscales que presenta. Cuenta con suficientes reservas y “grado inversor” como para no verse “apurado” por vencimientos de corto plazo, y por si fuera poco, llevó adelante a una política de re-estructuración del endeudamiento público, que redujo fuertemente, las vulnerabilidades y exposiciones a los vaivenes del mercado.
A modo de síntesis, la situación fiscal de nuestro país a pesar de ser la peor en muchos años: encuentra motivos más que suficientes para explicarla, y espalda financiera para cubrirla. Por supuesto, que es motivo de preocupación reducir el déficit fiscal, pero sin dudas, preocupa más, que se priorice reducirlo, que mantener las políticas sociales, como intentan ahora recortar.
Ese país que priorizó lo social, sobre lo económico –aunque sin descuidarlo- ha logrado desde el año 2005 contar con un mejor sitio para vivir (y ya vemos para invertir!). Un país que amplio como nunca antes, su matriz de derechos. Un país que confió en la Educación Pública, en la Salud Pública y en la Seguridad Social Pública, como instrumentos para el desarrollo. En definitiva, un mejor país. Ahora bajo una nueva administración multicolor, todo está en cuestionamiento, lo que asoman son recortes, concentración del ingreso y desmantelamiento del Estado como escudo de los pobres, y el mercado como la gran “mano invisible” que asigna (o no) todo.