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Benetton vs los mapuches

Represión policial contra comunidades originarias

En los últimos días una serie de procedimientos de la Gendarmería, infantería y policía provincial, colocó el foco de la tensión en la provincia de Chubut. Los procedimientos han sido fustigados fuertemente por organizaciones sociales y referentes de la cultura, así como luchadores por los derechos humanos. El conflicto obviamente desigual entre la comunidad mapuche y los magnates Benetton es de larga data y se basa en un error de agrimensura y el respeto a los derechos ancestrales de las comunidades originarias.

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En los últimos días una serie de procedimientos de la Gendarmería, infantería y policía provincial, colocó el foco de la tensión en la provincia de Chubut. Los procedimientos han sido fustigados fuertemente por organizaciones sociales y referentes de la cultura, así como luchadores por los derechos humanos. El premio novel de la paz Adolfo Pérez Esquivel fue meridianamente claro a través de su cuenta de Twitter, “Nuevamente la violencia contra el Lof Chusamen”, escribió el pasado 12 de enero. Anmisitía Internacional hizo lo propio a través de una declaración, que denunció los excesos por parte de la fuerza policial, así como elevó un llamado al Estado argentino, «al Estado nacional y provincial a investigar a los responsables y prevenir futuros actos de represión«. Agrega la organización, “la falta de un eficaz control judicial sobre los alcances y exabruptos que fueron cometidos. La opacidad, falta de transparencia y rendición de cuentas no pueden ser los principios que atraviesan los operativos policiales” El Pu Lof en resistencia del Departamento de Cushamen, en Chubut sufrió la represión de la Gendarmería el pasado miércoles 11 de enero alrededor de las 20 horas. Aparecieron disparando y golpeando niños y mujeres, se llevaron animales y arrestaron a 10 activistas. La imagen estremecedora que pulula en las redes sociales, es la de Emilio Jones Huala, quien recibió un disparo a quemarropa en la cara, lo que le generó la fractura de la misma. Fue hospitalizado en el Hospital de El Bolsón e intervenido quirúrgicamente poco después. Su tío, Martiniano declaró al portal lavaca.org, “Es una violencia que no tiene nombre. Cayó Infantería y empezó a tirar a quemarropa”, “A mi sobrino le fracturaron la mandíbula de un tiro”. Según la vocera de la comunidad Soraya MaicoñoLo derivaron dos veces antes de ser asistido en el hospital de El Bolsón, ahora le tienen que reconstruir el maxilar con una placa de titanio, pero cuesta más de 50.000 pesos (3.135 dólares), no puede hablar ni comer, aunque por fortuna ya está en Bariloche con su familia». Este fue uno de los tantos enfrentamientos que la comunidad Pu-lof ha tenido con la policía desde que se inició el proceso de reivindicación de las tierras ancestrales. En este caso, a diferencia de en otras ocasiones, es que el poder político apoya la represión. El gobernador Mario Das Neves amenazó con ser “duro hasta las últimas consecuencias. Das Neves agregó desde Comodoro Rivadavia tras el episodio del pasado miércoles, “Hace un tiempo en Chubut hay un grupo de violentos que no respetan las leyes, la patria, ni la bandera y agreden permanentemente a cualquiera”. Y agregó, “los señores se adueñan de un recurso turística fantástico que tiene Esquel, que es La Trochita”, por lo cual llamó a que “el repudio tiene que ser generalizado, ¿o quieren vivir en una sociedad violenta?”. Concluyó su declaración con una especie de amenaza, “Y en esto voy a hacer duro hasta las últimas consecuencias, para que se cumpla con las leyes y la gente viva tranquila”. La Trochita es el nombre que se le da a un línea de trenes, oficialmente denominada Viejo Expreso Patagónico y que une las provincias de Río Negro y Chubut. La arteria ferroviaria atraviesa los históricos campos de las comunidades originarias desde principios del siglo XX. Aunque desde sus inicios esta arteria ferroviaria transportaba a la comunidad, hoy día se ha convertido en un servicio turístico de alto costo (44 dólares) y que además se encuentra bajo la titularidad nada menos que de Luciano Benetton. Justamente la familia Benetton es la que está en el ojo de la tormenta, dado que son ellos los que exigen la expulsión de los pueblos originarios de esas tierras. Luciano y Carlo Benetton, los hermanos que dirigen el emporio textil famoso mundialmente son los que detentan la propiedad de esas tierras. Más que eso, son dueños de más de 800.000 hectáreas en la Argentina, siendo sin dudas los mayores terratenientes del país. En 1991 los italianos se hicieron con los títulos de las tierras en conflicto, tierras que la comunidad denuncia como propias por derecho ancestral. Los mapuches han denunciado a los Benetton por apropiación indebida de esas tierras, lo que el diario español El País de Madrid ha titulado en su momento como “La lucha entre David y Goliat”. El conflicto está dado por aproximadamente 536 hectáreas, una cifra insignificante para los magnates italianos. Pero aunque parezca que el derecho de propiedad los ampara, un estudio minucioso de esos títulos de propiedad puede llevarnos a dudar. De hecho, si uno investiga los títulos de propiedad de los Benetton, se encontrará que datan de 1890. Iniciando los años 90 del siglo pasado, en tiempos de neoliberalismo, flexibilizaciones y ajustes estructurales, el grupo textil se lanzó a la compra masiva de tierras en la Argentina. Una de estas compras fue denunciada por las comunidades mapuches, que sostiene que los títulos son «ilegítimos e ilegales”. El documento en cuestión data de 1890, elaborado por el agrimensor Pablo Gorostiaga. Pero el mismo Gorostiaga sostuvo tiempo después que midió de más las tierras que el estado regaló al inglés Henry Rushton Rodgers, y que a partir de 1991 pertenecen al gigante italiano. En ese error están las tierras mapuches. En 2007 los habitantes de Santa Rosa alegaron en un comunicado al respecto, “Benetton, sobre la base de un título ilegítimo e ilegal, se arroga la propiedad de las tierras donde nuestros abuelos fueron desalojados por la violencia, de donde somos originarios y donde nuestra cultura necesita existir y desarrollarse”. El problema sigue sobre la mesa y las soluciones no aparecen, la familia Benetton sostiene su posición y exige la intervención del Estado.               Foto: lavaca.org 

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