POCOS SE LLEVAN MUCHO

Salario o renta

Un reciente informe de la Organización Mundial del Trabajo revela que 10% de los trabajadores del planeta perciben 48,9% de la remuneración mundial. Por otro lado se sitúa el 20% de los trabajadores con ingresos más bajos -cerca 650 millones de personas-, que perciben menos de 1% de la bolsa mundial de ingresos laborales, “una cifra que apenas ha cambiado a lo largo de los últimos 13 años”, según el estudio.

Salarios o renta

Por Víctor Carrato

A nivel mundial, además, si se distribuyen los asalariados en tres grandes grupos (salarios bajos, medios y altos), solo el grupo de los sueldos elevados mejoró su situación entre 2004 y 2017, mientras que las clases media y baja vieron recortados sus ingresos salariales.

El informe también indica que la distancia media entre países ricos y pobres baja por el avance de economías como la china; la brecha de las remuneraciones dentro de un mismo país crece porque se polarizan los sueldos.

El informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) -cuyo el título en inglés es The Labour Income Share and Distribution, La participación y distribución del ingreso laboral– contiene datos de 189 países y se centra en la mayor base mundial de datos armonizados procedentes de estudios sobre la fuerza de trabajo. Según la organización tripartita, permite por primera vez analizar cifras comparables a escala internacional del porcentaje del PIB que va a los trabajadores y su posterior distribución por países y regiones.

Desigualdad

La OIT señala “que en general la desigualdad de los ingresos laborales a escala mundial ha disminuido desde 2004. Sin embargo, esto no se debe a una reducción de la desigualdad en los países; en realidad la desigualdad de remuneración a nivel nacional está aumentando. Más bien, es consecuencia de la creciente prosperidad en las economías emergentes, específicamente China e India. En general, señalan las conclusiones, la desigualdad del ingreso sigue siendo un problema extendido en el mundo del trabajo”, revela.

El detalle por países muestra que las desigualdades llegaron a dispararse a niveles astronómicos. El caso más destacado es el de Níger: el 10% de los trabajadores mejor pagados de ese país se lleva 89% de lo que se genera en sueldos. Mientras, el 10% más pobre se reparte el 0,04%. Le siguen Liberia (82,2% para los ricos y 0,05% para los pobres) y República Centroafricana (78,6% y 0,04%). Por el contrario, en Eslovaquia el 10% más rico acapara 23% de los ingresos salariales. Allí el 10% más pobre se reparte el 3,88%. Le siguen Eslovenia (23,2% para los ricos y 3,12% para los pobres) y Finlandia (23,4% y 2,89%).

Trabajar tres siglos para tener un salario de rico

La OIT también concluye con su análisis de datos que los países más pobres tienden a registrar niveles de desigualdad salarial mucho más altos, “lo cual exacerba las dificultades de las poblaciones más vulnerables”. En el África subsahariana, 50% de los trabajadores en el nivel más bajo de la escala recibe solo 3,3% de los ingresos laborales, mientras que en la Unión Europea reciben 22,9% del ingreso total pagado a los trabajadores, según subraya.

“La mayoría de los trabajadores del mundo subsiste con un salario notablemente bajo y para muchos tener un empleo no significa ganar lo suficiente para vivir. A nivel mundial, el salario promedio de los trabajadores en la mitad inferior de la distribución de los ingresos es de apenas 198 dólares mensuales y el 10% más pobre tendría que trabajar tres siglos para ganar lo mismo que gana el 10% más rico en un año”, destacó como ejemplo Roger Gomis, economista del Departamento de Estadística de la OIT.

Debate en Francia

Un reciente debate entre dos sociólogos franceses puso de relieve dos ideas diferentes para mejorar la justicia de los ingresos.

Bernard Friot, sociólogo, economista, profesor emérito en la Universidad de Nanterre, miembro del Partido Comunista Francés, desde su juventud, miembro del Instituto Europeo del Salario y de la Red del Salario, una asociación de educación popular, promueve la idea de un salario de por vida, muy diferente a la renta básica incondicional. Friot es autor un libro titulado El trabajo, desafío de las pensiones.

Gaspard Koenig, escritor, filósofo, autor de numerosas novelas y ensayos, presidente de la asociación GeneraciónLibre, un laboratorio de ideas de inspiración liberal, defiende la renta básica incondicional, que no hay que confundir con el salario de por vida.

Según Friot el salario de por vida es mejor que la renta básica incondicional porque el primero suprime el mercado de trabajo, atribuye la calificación que es la del puesto del mercado de trabajo, y por tanto es el puesto el que se paga y no la persona que lo ocupa. El que no tiene un puesto de trabajo es un desocupado. El salario de por vida atribuye la calificación a la persona, lo que hace que, ya en la función pública, lo que se hace por los jubilados y pensionistas que tienen un ingreso superior al salario mínimo y que se aproxima al mejor salario es lo que se hace para un tercio de los mayores de 18 años que tienen una calificación personal. Se trata de extenderlo.

Koenig considera mejor la renta básica incondicional porque no depende del trabajo y por lo tanto su fin no es integrar a las personas a un sistema productivo y remunerarlas en función del valor que producen, ya que el valor en parte puede ser apropiado por el capital, sino que se trata de dar dinero suficiente a la gente para cubrir las necesidades básicas. Por lo tanto, se trata de dar al individuo una autonomía máxima para hacer sus propias opciones de vida, incluida la opción del trabajo o no.

Friot afirma que somos globalmente mal utilizados y subutilizados. La organización capitalista del trabajo nos lleva a hacer cosas completamente inútiles, peligrosas y completamente antidemocráticas. Muchos las desaprobamos. Hay una forma de defección con relación a los objetos de trabajo que el capitalismo nos hace destruir.

Las máquinas sustituyen el trabajo vivo

“Tómese por ejemplo alguien que hace un objeto cuya duración de vida es limitada por la obsolescencia programada; eso no es trabajo. Hemos sabido a través de la estadística que cada automóvil vendido a 1.500 euros, a través de la publicidad que pagamos, todo eso no sirve para nada o es peligroso. Entonces tenemos que trabajar menos en eso y debemos trabajar más si queremos hacer una sociedad que por ejemplo abandone el agrobusiness. Es necesario más trabajo vivo para hacer una agricultura que producirá menos porque ahora producimos demasiado. La tercera parte de lo que producimos en la agricultura se tira. Hay que producir con otra calidad y con mucho más trabajo vivo. El capitalismo elimina el trabajo vivo en beneficio del trabajo muerto en las máquinas, como dice Marx”, dijo Friot.

Koenig entiende que la visión de Friot es como la visión de los años 80, que de hecho es la continuidad del consenso de la posguerra, que hace del trabajo asalariado en las empresas el valor arquitectónico de la vida en sociedad. “Es lo que dice en el preámbulo de la Constitución de 1946, es lo que dice la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, citado aproximadamente. Cada uno tiene el derecho de tener un empleo y la sociedad tiene el deber de encontrarle uno. En consecuencia, tenemos una visión del siglo XX, en la que efectivamente la sociedad debe estar regulada en función de objetivos de producción y en función de objetivos de crecimiento. Es por eso que yo pienso que hay verdaderamente un tren atrasado. Hoy la cuestión que se plantea es la de la transición entre el trabajo asalariado y  el trabajo independiente. Es algo que permite a la gente elegir por sí misma la duración del trabajo, la manera de cotizar o no a las cajas de jubilaciones y de transformar la noción de desocupación y de jubilación o pensión de tal manera que permitan a cada uno poder abundar a lo largo de su vida, que se puedan hacer cosas mucho más autónomas con relación a la propia actividad. Maquiavelo había abordado en la campaña electoral cuando habló de la idea de dar un seguro de paro a los trabajadores independientes. Es algo muy interesante, pero es algo que abandonó porque no se puede hacer sin destrozar todo el resto. Y hoy la sociedad está verdaderamente estructurada sobre la idea del trabajo asalariado en empresas”.

Agregó que “el giro ideológico al que estamos asistiendo hoy es que en el siglo XIX, Marx y los marxistas tenían razón cuando se indignaban con el trabajo asalariado y la alienación que produce el sistema salarial y contra la plusvalía que es expropiada por el capital en relación al valor que el trabajo produce. Por eso, además, Marx es la continuidad de los economistas clásicos cuando dice que el trabajo produce el valor remunerado. Son los liberales que estaban por el régimen asalariado. Fue [Frédéric] Bastiat que defendía el régimen asalariado en nombre de la estabilidad y hoy yo tengo la impresión de que los términos son extrañamente al revés”.

Trabajamos 10% de la vida

Según el sociólogo francés Jean Viard, editor y político, el tiempo de trabajo, en un país como Francia, no representa más que 10% de nuestra existencia. De acuerdo a los cálculos de Viard, vivimos 700.000 horas aproximadamente, dormimos 100.000 horas y no trabajamos más que 70.000 horas. Es decir que seguimos pensando que el trabajo es el centro de nuestra existencia.

Para Bernard Friot, “ese es el trabajo medido dentro de una lógica capitalista. Es una lógica que considera el trabajo lo que el capital pone en valor y se excluyen como trabajo muchas actividades domésticas, militantes, artísticas, de solidaridad, de deliberaciones políticas. Yo estoy convencido de que trabajamos mucho más”.

Gaspard Koenig también está en contra de esa lógica capitalista que considera el trabajo por el valor que alguien produce y después si alguien quiere tener otras actividades mucho más importantes, de ocio, de militancia, de tiempo para criar a los hijos. Es normal ser remunerado por el valor que se produce. Desde hace mucho tiempo se considera que es normal trabajar cada vez menos. Paul Lafargue, el yerno de Marx, escribió El derecho de la pereza. El trabajo como valor social general es una invención bastante reciente, ya que antes había clases trabajadoras y clases inactivas, los nobles”, destacó.

Sindicatos contra las plataformas

Según Koenig, salimos del mundo de Chaplin en Tiempos modernos a uno más personalizado. “El verdadero trabajo del cual nadie habla, que no es remunerado y es un escándalo, son los datos que producimos”. Koenig citó el caso de Amazon y Alexa, la asistente digital de esa plataforma. “Amazon traduce en algoritmos todas las conversaciones que capta en su casa y usted trabaja 24 horas para Amazon sin ser remunerado por los datos que usted produce. Hoy esto representa 8% del PIB en Europa, pero va a incrementarse de año en año. En EEUU están estudiando que va a ser necesario remunerar ese trabajo, según una lógica capitalista. Facebook me tendrá que pagar los datos que yo le aporto y habrá sindicatos de productores de datos que van a negociar con las grandes plataformas el valor del trabajo que nosotros producimos. No es que estemos en el final del capitalismo, sino que hoy, en el campo digital, nosotros estamos en el feudalismo, porque nosotros producimos valor gratuitamente. Hay que pasar del feudalismo al capitalismo, que permite ser remunerado en función del valor que se produce y que se puede medir de manera muy precisa”, dijo.

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