ESPIONAJE EN DEMOCRACIA

Sanguinetti: la gran mentira del expresidente

Julio María Sanguinetti estuvo en la comisión parlamentaria que analiza el espionaje en democracia, admitiendo que esa práctica se llevó a cabo durante su gobierno. Su versión cambió, pero eso no lo aceptó a la prensa.

Julio María Sanguinetti es un hombre formal. Estaba citado a las 15.30 en el Parlamento, pero él, protocolarmente correcto, estuvo 15 minutos antes para comparecer en la “Comisión investigadora sobre posibles actos de inteligencia de Estado violatorios de la normativa legal y constitucional, llevados a cabo por personal policial o militar desde 1985 a la fecha”. Así de pomposo es el nombre de la comisión y así de simple lo que significa: si hubo o no espionaje en democracia. Por esa sala parlamentaria transitaron muchas personas, desde civiles a militares y policiales. Algunos negaron que el espionaje hubiera sucedido, otros dijeron desconocerlo, pero hubo quienes aseguraron que esa práctica había sido un hecho. La postura de Sanguinetti, en cambio, siempre había sido la misma, que se resumía en una sola palabra: no.   Versión vieja versus versión nueva Una hora, una hora y media… el tiempo pasaba y los periodistas ya nos empezábamos a preguntar qué estaba pasando con Julio María. Cuando ya nos habíamos cansado de especular, apareció Sanguinetti. Por un instante, serio -preocupadamente serio-, pero inmediatamente recompuso el gesto con una media sonrisa y una tímida excusa: “La garganta no está muy bien”. Igual, el malestar no lo salvó de las preguntas. “Hemos tenido una larga y razonable sesión. Los diputados plantearon una serie de documentos que refieren a espionaje o a intervenciones lesivas para la ley, muchas de ellas son reales, no son negables”, comenzó diciendo Sanguinetti a la prensa. Igualmente, el exmandatario afirmó que “ni Presidencia ni los ministros, todos de acrisolada capacidad democrática, jamás ordenamos ningún episodio ilegal. Es más, en lo personal puedo decir que fui víctima de algún episodio de ese tipo, porque en el mismo momento que, en el año 97, le volaron el auto al diputado Cores, a mí me volaron el estudio. Esas eran acciones de gente vinculada a esos servicios o exservicios o exfuncionarios de esos servicios de espionaje o de contraespionaje. Es decir, esos episodios han ocurrido. Muchos de ellos [por los diputados] piensan que fue una planificación sistemática; eso es más discutible, lo tendrán que ver la comisión y el Parlamento eventualmente, pero no involucran en ningún caso órdenes de Presidencia. Por el contrario, hay una y otra vez órdenes precisas de actuar conforme a la ley, conforme a acciones abiertas, sin ninguna acción de espionaje que pueda merecer una sanción o una infracción desde el punto de vista jurídico”, indicó. Consultado por cómo se le escapaban esos temas a las autoridades, Sanguinetti dijo: “Se escapaban porque ocurrían, y porque el Estado venía de una dictadura y porque había muchas situaciones realmente de conflicto. Se nos escapaban esas cosas como se nos escapaban movimientos armados que venían del viejo terrorismo”. Llegado a ese punto, Julio María hizo gala de su idoneidad para sacarse el sayo: “Recuerden ustedes el episodio del Filtro, que fue bajo el gobierno de Lacalle, no fue bajo mi gobierno. Allí, el propio Zabalza ha contado que ellos fueron con una camioneta llena de explosivos. Esas cosas ocurrían, desgraciadamente ocurrían”, dijo un apenado Julio María, poniendo un ejemplo que fue una picardía. Primero, porque nombra al gobierno de [Luis Alberto] Lacalle en la cúspide de la represión, pretendiendo, de esa forma, que la opinión pública centre su atención en otro punto, desviando la mirada; segundo, porque cita un supuesto hecho que la Justicia investigó y no pudo comprobar. A tal punto, que las actuaciones judiciales dejaron a Jorge Zabalza como un hombre de profusa imaginación, que suma su cuota de fantasía a hechos reales. Lo increíble -o no- es que el abogado Sanguinetti se sirva de delirios ajenos para salir del paso. “Aquellos que actuaron con ese impulso desestabilizador no lograron perturbar la marcha del Estado de derecho”, afirmó con amnesia, al olvidar que esa marcha tuvo un tropezón con caída cuando, en el año 1986, el entonces jefe del Ejército, Hugo Medina, decidió guardar las citaciones de la Justicia en un cofre fort y hacerlo público con total desparpajo. Al año siguiente, Sanguinetti lo nombra ministro de Defensa. El Estado de derecho seguía su marcha… reptando. En la rueda de prensa, Caras y Caretas le consultó textualmente: “Pero usted, hasta ahora, había dicho que eso no había ocurrido en su gobierno”. Sanguinetti respondió: “No, yo no dije que no hubiera ocurrido. No, no, yo no dije, hasta ahora, que no hubiera ocurrido. Dije: ‘Nosotros jamás ordenamos ninguna acción fuera de la ley’. Lo dije y lo repito enfáticamente”. Sin embargo, en rueda de prensa del 11 de junio, Sanguinetti dijo lo siguiente: “Eso es todo mentira; durante los gobiernos democráticos nadie hizo espionaje. De repente hubo algún espía encubierto que uno no se enteró. Eso siempre puede ocurrir. La democracia resplandeció, no hubo espionaje, y ahora, como estamos en movimiento, se ve que se acordaron de mí”. El “espía encubierto” de Julio María fue un arduo trabajador que logró acumular millones de documentos él solito. Su eficiencia es directamente proporcional a la ineficiencia de la camioneta con explosivos de Zabalza. Antes de culminar, Sanguinetti volvió a tratar de inmoral a Mirtha Guianze por invocar las palabras de una persona fallecida, que aseguró que había un informe de Inteligencia, como si la moral de los vivos pasara por desterrar todo accionar de los que ya no están, como si el hecho simple y natural de morir borrara todo vestigio de vida. El problema de Sanguinetti no es la talla moral de Mirtha Guianze, sino la suya. Lo que quiere evitar es que los muertos hablen, porque “su” muerto fue un ser despreciable y el expresidente quiere acallarlo a como dé lugar. Sin embargo, desde los documentos que forman los archivos, ese muerto parlotea y parlotea. Menudo desagradecido para quien supo nombrarlo ministro de Defensa Nacional.  

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