Hacete socio para acceder a este contenido

Para continuar, hacete socio de Caras y Caretas. Si ya formas parte de la comunidad, inicia sesión.

ASOCIARME

El saqueo de Macri a los jubilados.

Por Leandro Grille.

Suscribite

Caras y Caretas Diario

En tu email todos los días

Hasta el año 2005, en Argentina accedían a la jubilación alrededor de 60% de las personas en edad de tenerla. El resto de los abuelos y abuelas no podían jubilarse aunque hubiesen trabajado toda su vida, porque no reunían los 30 años de aportes formales a la seguridad sociales que la ley exigía. El 85% de las personas que no podían jubilarse eran mujeres sin reconocimiento previsional de un sacrificado historial de trabajo en negro, muchas veces como servicio doméstico o ama de casa. Para enfrentar este problema, el presidente argentino de entonces Néstor Kirchner ideó un Plan de Inclusión Previsional, por el cual las personas que tenían la edad, pero no los aportes, podían acceder a la jubilación en moratoria, asumiendo un plan de pagos en cuotas para amortizar el faltante por los aportes que no habían realizado a lo largo de su vida laboral. El resultado de este plan fue impresionante: Argentina pasó de 60% de cobertura jubilatoria a 98%. Casi tres millones de personas accedieron a la jubilación, entre ellas más de dos millones de mujeres. La pobreza en la tercera edad cayó de 30% en 2003 a poco más de 3% en 2009, y también se abatió la desigualdad de los ingresos entre los pasivos. Otro tanto sucedió con el monto de las jubilaciones. Durante el menemismo de los años 90, la jubilación mínima estuvo congelada en 150 pesos argentinos. Fue a partir del gobierno de Néstor Kirchner en 2003 que comenzaron a aumentar por decreto del presidente. Durante su mandato y el primer mandato de Cristina Fernández aumentaron de ese modo, pero en  2008 se aprobó una ley de movilidad jubilatoria que fijaba dos aumentos por años mediante una fórmula que ataba el haber jubilatorio al índice de salario y al crecimiento de la recaudación. Esa ley fue duramente cuestionada por la oposición al kirchnerismo porque, según a sus pronósticos, la fórmula de movilidad haría que las jubilaciones se alejaran del valor del salario. Sin embargo, el vaticinio terrible no se cumplió y las jubilaciones comenzaron a aumentar a un ritmo tal que rápidamente se convirtieron en las más altas de América Latina. Digresión: todo el discurso opositor de la derecha argentina contra la reforma de 2008 había sido fabricado por la oposición y los empresarios para asustar a los jubilados, pero todos sabían que la fórmula favorecía los ingresos de la clase pasiva, sobre todo de sus integrantes más humildes. Es muy ilustrativo leer los diarios de la época. En particular las columnas de opinión del diario La Nación que es el portavoz ideológico de la derecha, y el terrorismo que hicieron contra la aprobación de la fórmula, calificando a la ley de movilidad con el adjetivo preferido de los conservadores cuando se trata de denunciar políticas redistributivas: “confiscatoria”. La frutilla de la torta del modelo previsional del kirchnerismo lo puso la supresión de las AFJP y la  nacionalización y estatización de los fondos de dichas administradoras privadas. La decisión se  apoyó en decadencia del sistema capitalización individual que había sido afectado por todas las crisis: la del Tequila, la del Vodka, la de los bonos subprime, entre otras. Además, las AFJP habían sido denunciadas por administración fraudulenta, sus depósitos se habían desvalorizado, sus inversiones en el exterior eran un desastre. Como su credibilidad se había desmoronado y la confianza de la población había desaparecido, nadie quería afiliarse a ellas y la gente se pasaba en masa al sistema público, que, por otra parte, seguía pagando la inmensa mayoría de las jubilaciones.   La estatización de las AFJP fue una medida adoptada durante la gestión de Amado Boudou al frente del Ministerio de Economía, con amplio respaldo social y similar rechazo de los empresarios más poderosos. Entre los opositores más ruidosos estuvo al pie del cañón el grupo Clarín. No fue una oposición puramente ideológica e inocente. Claro que no: Clarín hacía negocios con las administradoras de fondos de pensión, y por sus directivos fueron investigados e imputados al identificarse maniobras en connivencia que terminaron perjudicando los ahorros de los jubilados en cientos de millones de pesos. De hecho, a partir de la estatización de los fondos previsionales comenzó la guerra del grupo Clarín contra Amado Boudou.  Más de cien tapas y cientos de horas de televisión fueron dedicadas a denostar a Boudou hasta que, finalmente, el 3 de noviembre de este año fue llevado preso por decisión de Macri -apenas mediada por un juez obediente- sin juicio y sin condena. En síntesis, el plan de inclusión previsional del kirchnerismo convirtió a Argentina en el país con mayor cobertura jubilatoria el continente y con las mejores jubilaciones. La estatización de los fondos previsionales hizo crecer un Fondo de Garantía de Sustentabilidad del Sistema Previsional, que había sido creado en 2007, y que en menos de dos años duplicó el dinero que habían reunido las administradoras privadas en toda sus existencia. Este fondo integrado por activos financieros tales como títulos públicos, acciones de sociedades anónimas, plazos fijos, obligaciones negociables, fondos comunes de inversión, fideicomisos financieros y  cédulas hipotecarias creció hasta duplicar las reservas del país. El fondo, que al momento del traspaso de los fondos de la AFJP en 2008 tenía 20 .000 millones de dólares, fue entregado al gobierno de Macri en 2015 con 60.000 millones de dólares y el sistema previsional argentino era superavitario. El propósito del gobierno de Macri, como buen exponente de la insensibilidad neoliberal,  era ajustar el sistema y privatizarlo. En el caso argentino reprivatizarlo, porque ya había privatizado y estatizado nuevamente. Para hacerlo idearon una serie de pasos con el objetivo de suprimir el plan de inclusión previsional del kirchnerismo, achicar los haberes de la mayoría de los jubilados y  desfinanciar el sistema. El plan, que fue pergeñado junto al FMI, que volvió a Argentina con sus misiones técnicas el año pasado, fue votado como ley el lunes en un Congreso cercado por la Policía y cientos de miles de manifestantes. La ley aprobada cambia la fórmula de movilidad para que las jubilaciones empiecen a aumentar sólo por la inflación proyectada. Por dicho cambio, que también afecta a la asignación universal por hijo, se le quita a los jubilados y los niños casi 7.000 millones de dólares. Se modifica  la edad de retiro, que pasó de 60 años a 65 en mujeres y de 65 a 70 en los hombres, en un país con una esperanza de vida de 72 años para los hombres. Antes se habían eliminado las inclusiones en moratoria, por lo que las personas que no logran reunir los aportes sólo podrán aspirar a una pensión que es 80% de la jubilación mínima. Con estos cambios, el macrismo pretende disminuir el peso de las jubilaciones, que significan cerca del 9% del PBI a la mitad, bajar la tasa de reemplazo, como se conoce a la relación entre la primera jubilación y el último sueldo, del 60% a menos del  40% y, finalmente, privatizar otra vez el sistema. Un día después de aprobada la reforma previsional, en el mismo Congreso se aprobó una reforma tributaria que redujo en 6 puntos las detracciones a la soja y 1 punto el impuesto a los bienes personales. Es decir, casi 50.000 millones de pesos menos en cargas impositivas para las familias más ricas de la oligarquía argentina mientras el día anterior se le quitaban 100.000 millones a los jubilados y los niños pobres. Todo eso sólo pudo ser posible con un amplio operativo de represión violenta, la persecución político judicial de dirigentes opositores y sindicales y la colaboración absoluta de todos los medios masivos, alineados como nunca. Sin embargo, el costo político para el presidente Macri ha sido enorme. Buena parte de su base de votantes son jubilados, y es a ellos a los que acaba de saquear, fundamentalmente. El año termina con manifestaciones masivas, represión, cacerolazos que llegan hasta la puerta de la Quinta de Olivos y el augurio de un 2018 tensionado entre el ajuste, la represión y el estallido social.

Dejá tu comentario

Forma parte de los que luchamos por la libertad de información.

Hacete socio de Caras y Caretas y ayudanos a seguir mostrando lo que nadie te muestra.

HACETE SOCIO