Hacete socio para acceder a este contenido
Para continuar, hacete socio de Caras y Caretas. Si ya formas parte de la comunidad, inicia sesión.
ASOCIARME Suscribite
Caras y Caretas Diario
En tu email todos los días
×
Registrate gratis para seguir leyendo esta nota
Accedé a contenido exclusivo y recibí nuestra newsletter diaria con análisis y noticias destacadas.
REGISTRARSE
Si ya formás parte de la comunidad, iniciá sesión.
Suscribite desde UYU $215 por mes
Accedé sin límites a todas las notas, columnas de opinión y análisis exclusivos. Disfruta de beneficios exclusivos y eventos especiales
SUSCRIBIRSE
Si ya formás parte de la comunidad, iniciá sesión.
Según los últimos datos que aportó el Instituto Nacional de Estadística (INE) en el mes de abril de este año, la pobreza, la indigencia y la desigualdad se redujeron en el en el 2017, pese un contexto socioeconómico desfavorable. Acorde a estos datos, la cantidad de personas por debajo de la línea de pobreza pasó de 9,4 % en 2016 a 7,9 % en el 2017. Esto significaría que la pobreza de los hogares descendió un punto porcentual y se situó en 5,2 %. Con el objetivo de explicarle este fenómeno social a la población, el Mides presentó el pasado martes en la Torre Ejecutiva, los resultados de una investigación que da respuestas a la interrogante, ¿Por qué en contextos de aumento del nivel de desempleo, de caída de la actividad y del nivel de empleo se reduce la incidencia de la pobreza monetaria entre 2016 y 2017? Para ello, la ministra de Desarrollo Social, Marina Arismendi; el director nacional de Evaluación y Monitoreo del MIDES, Juan Pablo Labat; la directora de la Cepal en Montevideo, Verónica Amarante; y la investigadora del Instituto de Economía de la Universidad de la República, Andrea Vigorito, unificaron sus conocimientos y analizaron los resultados de esta investigación. Uno de los resultados más importantes que lanzó este estudio fue que entre el 44% y 59% de la caída de la pobreza entre 2016 y 2017 puede ser atribuido al aumento de los ingresos salariales y otros ingresos de los hogares, que en varios casos fueron mayores a los aumentos de los precios. Según explicó Labat, los ingresos laborales mostraron un comportamiento tendencial sostenido y el salario real mejoro un 49 %. Asimismo, el director afirmó que las personas de menor nivel socioeconómico experimentaron una variación positiva en el nivel de ocupación y, en algunos casos, negativa en el nivel de desempleo. Esto explica que existe cierto dinamismo en el mercado de trabajo que benefició la condición de acceso a ingresos a dichos hogares, lo que podría explicar hasta un 21% de la caída de la pobreza. Al finalizar la presentación, quedaron instaladas algunas reflexiones e inquietudes que los disertantes expresaron y compartieron con los asistentes. Verónica Amarante, directora de la Cepal destacó la capacidad del estado de generar este tipo de instancias en las cuales se le explica a la población determinados fenómenos sociales. Por otro lado, reconoció que en este contexto de poco dinamismo económico es importante tener una agenda renovada de políticas sociales y políticas de capacitación y empleo. «Hay que pensar en los desafíos», expresó. Por su parte, Andrea Vigorito manifestó que si bien es una buena noticia que la pobreza disminuyó, la magnitud de esa caída es muy baja por lo cual se debe pensar en seguir avanzando. La investigadora exhortó a reflexionar sobre la sostenibilidad a largo plazo de estas personas que salieron de la pobreza, y pensar formas de reforzar las políticas para que el aumento de los ingresos de los sectores más bajos logre la estabilidad a largo plazo. Por otro lado, expresó que no debemos conformarnos con la reducción de la pobreza, y sobre este punto agregó que si bien existe una caída, eso no significa que la pobreza sea menos intensa para aquellos que están más abajo. «La pobreza no solo tiene que ver estar por debajo de cierto umbral, sino que también hay que pensar a que accede el conjunto de la sociedad», concluyó.