Seguridad: Pandemia, consumismo, luc, género, etc

Por Rafael Bayce.

luc seguridad
Foto: Santiago Mazzarovich/adhocFotos

Amainada un poco la paranoia hipocondríaca de la pandemia, y porque es un tema de candente discusión respeto al referéndum sobre parte de la LUC, vuelve la prioridad de la paranoia principal de la humanidad hasta entonces: la seguridad, o, mejor, la inseguridad. Esta, que se concentra en la inseguridad frente al delito, es una marca característica de la sociedad contemporánea desde mediados del siglo XX. Y abarca mucho más que la inseguridad delictiva, aunque se condense simbólicamente en ella para indicar una gran variedad de fuentes de miedo subjetivo, casi todas ellas sin suficiente correlato ni base objetiva en los hechos alegados como su causa o motivo. Pero sí con muchos interesados en que se crea que el miedo se justifica por hechos suficientemente objetivos; y que contribuyen entusiastamente para eso.

El vaivén de las cifras delictivas, así como la conducta cotidiana de la Policía y los casos públicos de corrupción, se tornan temas a iluminar con la investigación y pensamiento de las ciencias sociales. Así como la relación de esas cifras con las fases de la pandemia, con el consumismo criminógeno, con los artículos de la LUC potencialmente impactantes en la seguridad, con la criminalidad según género, y con varios otros conceptos.

 

Seguridad y pandemia

En todos los países del mundo, durante los momentos de mayor peligro y medidas sanitarias más duras, las cifras delictivas disminuyeron. Y es lógico: con menos gente en la calle y más habitados hogares y locales, los delitos contra la propiedad y contra la persona disminuyeron claramente. Ningún gobierno debería atribuirse méritos por esa reducción de la criminalidad durante los peores momentos de la pandemia, ya que su ocurrencia provocó en todos lados lo mismo independientemente de las políticas de seguridad adoptadas; solo demostrando que las disminuyeron mucho más que los demás, podría decirse eso, pero no se ha hecho. El clímax de la pandemia fue la principal causa de reducción de la criminalidad en todo el mundo por esos momentos. La verdad de lo anterior lo muestra el rápido aumento cuando comenzó a crecer la densidad en la movilidad y a disminuir la custodia más abundante de hogares y locales; las cifras han aumentado también en Uruguay. Además, las pérdidas de empleo y de poder adquisitivo consecuentes a las exageradas medidas sanitarias adoptadas podrían no solo hacer regresar el nivel de criminalidad anterior a la pandemia, sino hasta provocar un aumento mayor que superara dichos niveles, por la necesidad económica superviniente, y por las insuficientes medidas tomadas para paliar las consecuencias socioeconómicas de la pandemia. Será crucial, a los efectos del voto al referéndum, darse cuenta de que la reducción criminal de 2020-21 fue un beneficio inicial de la pandemia, mientras que el aumento 2021-22 sería debido a las malas consecuencias de las políticas adoptadas para con ella, sanitarias y económicas. Habrá que vigilar de cerca la producción de las cifras, y de su significado, que tendrán altísima incidencia electoral para el referéndum. También controlar y estimar la incidencia que el Nuevo Código del Proceso Penal pueda tener, por sí solo, en las cifras criminales y en el hacinamiento carcelario; ya que la mayor velocidad procesal produce más tipificados como criminales por unidad de tiempo, y entonces más reclusos también, creciendo las cifras de criminalidad varias, y de encarcelamiento y hacinamiento.

 

Policía, LUC, seguridad

Están recrudeciendo denuncias sobre el accionar policial, que se va aproximando al de la época de las razzias, de mediados-fines de los 80. ONG y el Instituto Nacional de Derechos Humanos están procesando una creciente lluvia de denuncias por abuso policial, prepotencia, humillaciones, insultos y golpes, sin justificación ni explicación, principalmente contra jóvenes de barrios humildes. Recordemos que las razzias policiales estuvieron entre las causas que provocaron la pérdida de la intendencia capitalina por el Partido Colorado, y le dieron, desde entonces, el gobierno de la comuna al Frente Amplio; son graves deslegitimadores electorales, en especial para el voto joven, pero también para los familiares, amigos y familiares que han presenciado tales abusos. Un cierto empoderamiento proporcionado por la LUC, y un vociferado apoyo ministerial a la Policía parecen estar detrás de estos aparentes hechos, tan ilegales como políticamente deslegitimadores y restauradores de un orden cotidiano que parecía superado desde la salida de la dictadura.

 

Figuras del código penal vs. figuras de la LUC

Vale la pena resaltar, ya que estamos en plena etapa de reconsideración de la LUC, que esta le agrega a los delitos ya codificados antes de Desacato y Atentado (C. Penal, arts. 143, 171), las nuevas figuras de Resistencia al Arresto, y Agravio a la Autoridad Policial (LUC, arts. 18 y 28). También agrega el art. 49, Agravio a la Autoridad Policial, al Cap. I, Título XII, Libro II, del Código Penal sobre Homicidio. Los operadores legales consultados han sido casi unánimes en opinar que las nuevas figuras agregadas por la LUC: A. Han sido mucho menos útiles que las anteriores por sus enormes dificultades probatorias; en el último año ya compulsado, mientras por las nuevas figuras se formalizaron 46 personas, por las anteriores fueron 375; parece típica inflación legislativa, sobreabundante, innecesaria y solo de utilidad simbólica y retórica, demagógica y populista, vale la pena aclararlo ya que acusan a la izquierda de eso. B. La presunción de legítima defensa aparenta los mismos defectos ya que 9 de 10 muertes a manos policiales son juzgadas como legítimas, haciendo innecesario legislar sobre eso de modo proteccionista para la Policía, sobreabundante y retórico, nuevamente demagógico y populista, pero del tipo represivo y autoritario; no es necesario sobreproteger la acción dura, cuando necesaria, de la policía; el poder judicial, con el código penal vigente, lo ha hecho. Lo que sí puede consignarse, como para mostrar de qué lado del mostrador se exhibe estar al legislar de ese modo y con esos contenidos, es la mucha menor exigencia de disciplina interna en la fuerza, y la caída general de las sanciones internas en ella. ¿Miliqueros?, preguntarían los guachos del barrio.

 

Crecen crimen femenino y del interior

Cuando en 1996, hace 25 años, terminamos una consultoría sobre acceso a la justicia para la Suprema Corte de Justicia, como parte de la Cooperación Técnica Internacional al Uruguay (ONU, BID, BIRF), de más de 600 páginas, incluimos una sección final de recomendaciones y advertencias sobre la marcha tendencial del ‘mercado’ delictivo. Entre las muchas anotaciones, algunas de las cuales sé que fueron seguidas, no otras, figuran dos llamadores de atención para la organización del sistema. La primera fue la mención de que, y tal como estaba ocurriendo en países del primer mundo, tantas veces modélicos para nosotros, aumentaba claramente la delincuencia femenina, que, tradicionalmente, nunca sobrepasaba el 10% de condenados y reclusos. El feminismo y las políticas de género podrían inducir una igualación en los empleos, roles y actitudes psicosociales, todos ellos probablemente conducentes a ese resultado, que se extendería a la infraccionalidad de menores por aproximadamente las mismas razones, en especial el aumento de las mujeres en las ‘bandas’ adolescentes y la mayor equidad de roles y estatus a su interior y para las tareas del grupo; un problema especial lo presentaría el crecimiento de las jefaturas femeninas de hogares monoparentales; así como los infantes que las mujeres infractoras o delincuentes cargarían en sus vidas a los efectos judicial-penales. Pues bien, los números actuales parecen confirmar mis expresos temores de ese entonces.

En el mismo sentido, preveíamos la probabilidad de que, sea los sujetos, sea los objetivos de la delincuencia, aumentaran relativamente en el interior frente a la capital. El progreso de los transportes y de las comunicaciones facilita ‘blancos’ capitalinos más apetitosos y abundantes al alcance de sujetos del interior, hasta con datos capitalinos; así como ‘blancos’ en el interior están sujetos a zarpazos fugaces, también en comunicación con el interior. Reconozcamos que no previmos, en ese entonces, la instalación y visitas, con las mismas bases, de delincuencia internacional; lo que también ocurrió en ese futuro.

 

La criminogenia perenne y creciente

Nunca está demás recordar que vivimos en un mundo criminógeno, en que las soluciones que se le buscan al delito generalmente son inocuas, contraproducentes y absurdamente concebidas desde lo antropo-psico-social. Porque está bien que los codificadores penales europeos, cuando pergeñaron sus códigos modélicos -entre, digamos, 1880 y 1930-, lo hayan hecho en medio de una enciclopédica ignorancia por las ciencias psicosociales, que no habían producido aún sus corpus de teoría e investigación aún; pero es insostenible que sigamos afirmando la posibilidad de que la penitenciaría -sea suavizada con medidas sustitutivas de la detención, sea más draconiana sin ellas- sirva para otra cosa que para aislar, castigar y así disuadir a futuro. Antropo-psico-socialmente es perfectamente fácil demoler, tanto la noción de ‘rehabilitación’, como la posibilidad de que el encierro brinde más que aislamiento y castigo disuasorios, con la altísima probabilidad de que con la institucionalización y la interacción cotidianas se cursen posgrados criminales y se obtengan resultados contraproducentes para los objetivos tan pregonados como ignorantemente propuestos por los fundadores decimonónicos de la codificación penal. Y que no me mencionen al ancla suprema constitucional como fundamento, tantas y crecientes veces una fatua obsolescencia para los mismos efectos.

Si las causas y motivos para la criminalidad, los factores criminógenos que impulsan constantemente la tentación, la oportunidad y la decisión criminales, no se tocan, la atiborrada, siniestra y contraproducente ingeniería de contención, aislamiento y reciclaje de personas y efectos de esas causas seguirá siendo, como ya lo es hace gruesamente un siglo una cara, corrupta, en el mejor de los casos inocua, construcción de ‘guatepeores’, contraproducentes. Quizás puedan, gruesamente, enunciarse unas 6 teorías criminológicas que cuentan académicamente y como insumo legal-judicial, con méritos diversos en la conceptualización y en la investigación: la teoría de la anomia, la del etiquetamiento, la de la elección racional, la del aprendizaje social, la del control social, y quizás la del autocontrol -esta con una pizca excesiva de receta gastronómica y de autoayuda-. Ninguna de ellas se tomaría muy en serio la teoría antropo-psico-social que está implícita en los códigos penales que rigen nuestra actividad legal-judicial y hasta de reforma legislativa sobre ella. Estamos ante una complejísima, cara y dramática ficción inoperante, corrupta, casi siempre contraproducente, salvo por lo de aislamiento, castigo y disuasión inescrupulosos.

Déjenme exponerles quizás el nudo del pensamiento inteligente sobre criminalidad -y ya ocurrió a fines del siglo XIX-. En 1894 Émile Durkheim estaba estudiando el pasaje desde un mundo antiguo hacia un nuevo mundo, básicamente en Europa, de donde tenía datos de la recién inaugurada estadística social. Decía que estaba viendo una pérdida de cohesión social, porque muchas instituciones sociales estaban decayendo y algunas nuevas aun no contrapesaban lo suficiente. Eligió como indicadores de esos vaivenes de la cohesión social 2 fenómenos más o menos bien medidos, en el espacio y en el tiempo: el crimen y el suicidio. ¿Por qué esos? En parte porque había datos más o menos fiables, en parte porque los consideraba sintomáticos del estado de las poblaciones. Decía que el mundo estaba entrando en una fase optimista de creencia en expectativas crecientes en la calidad y cantidad de sus logros, en sus fines; pero que esa tendencia era muy peligrosa si no se garantizaba que una enorme mayoría dispusiera de los medios como para satisfacer esas expectativas crecientes, legitimadas ideológicamente. Si eso no fuera así, se podría generar una frustración estructural que podía producir dos tipos de salida indeseable: por un lado, si la gente se autoculpaba por no cumplir las expectativas socioculturalmente consagradas e internalizadas, se producirían traumas psíquicos de autoestima en el límite conducentes al suicidio (su gran libro, de 1897); pero si culpaban a otros de impedir esa satisfacción, el resultado podría ser ataques a otros y/o a sus propiedades, delito. Agregaba que el contexto social no protegía bien de esos avatares e insatisfacciones, y que tampoco la moral que podía moderar y contener esas ambiciones y frustraciones estaba en auge, con la caída relativa de las religiones. Esta asombrosa genialidad de visión es retomada 50 años después por Robert Merton (1949), que puede simplificarse explicando a la criminalidad como un tipo de conducta adaptativa no conformista por la que se intenta llegar por medios nuevos o ilícitos a obtener fines socioculturalmente instalados e internalizados de los que se carece, o que se piensan escasos o no inmediatamente accesibles. No toda la innovación no conformista sería desviada, como la ciencia; pero en las relaciones con la personalidad física y moral, y con respecto a la propiedad, esa desviación en los medios para perseguir fines improbables define al delito como tal en ese entorno teórico. En 1951, Talcott Parsons refinó la tan durkheimiana tipología de Merton. Esta teoría, conocida como ‘criminología de la anomia’, sigue siendo elaborada en los 50 y 60, llegando a su madurez teóricamente inclusiva con Robert Agnew desde 1992.

Lo notable es que la sociedad de consumo hizo exactamente lo contrario de lo que Durkheim aconsejó para evitar el crecimiento de delitos y suicidios como reacciones extremas a una probable frustración social estructural y esperable: la sociedad de consumo, en el intento de evitar crisis de oferta como la del 29, por medio de la moda, el estatus y la novedad en modelos a imitar, instaura el deseo y la demanda infinitas generalizadas, con un motor permanente en la insatisfacción perenne y estructural, que tanto puede llevar a trabajar más, a delinquir o a traumarse por frustración. Estamos haciendo, desde al menos los 70 del siglo XX, lo contrario de lo Durkheim propuso para evitar delitos y autolesiones psíquicas, lo que Merton, con Parsons y los teóricos de la anomia sucesivos hasta Agnew siguieron mostrando. Incidentalmente, si usamos las tres fuentes de la ‘tensión’ criminógena suyas (Agnew+Parsons), podríamos explicar muy fácilmente la imposibilidad de la rehabilitación carcelaria y su muy probable resultado criminógeno a contrario sensu.

No estamos en el menor camino a la superación de las causas y motivos del delito, ni con la legislación, ni con la policial-judicialización se consigue casi nada, ni mucho menos con la encarcelación y la absurda, infundada, esperanza de rehabilitación, más bien de empeoramiento criminal futuro probable prospectivo.

 

3 comentarios en «Seguridad: Pandemia, consumismo, luc, género, etc»

  1. Estimados conciudadanos Policias, no se olviden que Uds. pertenecen al Pueblo y dentro del Pueblo a la clase obrera, por mas que porten armas son asalariados y El Pueblo paga. No repriman al patron, a nosotros, estamos de vuestro lado. Tambien creo que a uDS. NO les gusta reprimir a sus vecinos, parientes, amigos… o si??? Estos gobernantes estan de paso, llenan sus valijas de plata y se largan al exterior, y si los vieron no se acuerdan, lo digo porque ya paso!!! No se olviden y si no tienen edad pregunten por ahi, algun viejo choto como yo, que lo recuerdo bien clarito!!! Salu

  2. paulina Marie Antoinette du Louis XVI et des dames exaltées Mdmes. Lamballe, Polignac, Elisabeth Louise Vigée Lebrun, Campan et Lamonjitaquepinte  | el 5 diciembre, 2021 a las 11:43 am |

    La nota ‘tal cual’, (como suele ser consuetudinario
    en el Sr. Rafael);
    y…
    me trajo a la mente algo que
    ……………………si que ocurrirá:
    Se viene:
    la generración del coronavirus.
    Si.
    Me refiero a los niños que se criaron sin
    (dijésemos)
    …………»contacto social»
    (ni con propios ni con ajenos)

    P.D.:
    ¿Coloqué la palabra: «dijésemos»?;
    porque traerá un sinfín de aderezos…
    Mm… … mm…

  3. Además, con la LUC, que envalentona a ciertos policías,la educación que ya demuestra que casi el 50% de los menores de 19 años, abandonaron el sistema educativo, el interés del gobierno en que la educación sea privada dándole el sustento en el coaching, y el ontólogico; cuya única meta es el «emprendedurismo», de la eficacia aprender solo lo que es útil al sistema,la cultura como desperdicio de tiempo y burocracia inútil, si la clase media sigue bajando escalones y haciendo esfuerzos para esa educación poder pagarla y no quedar afuera del sueño pequeñoburguez, solo se tendrán conductas violentas, por las frustraciones que la derecha en el mundo sabe aprovechar……

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