Se podría decir que por definición, por su condición de juego competitivo que se decide con pocos goles, el fútbol permite una mayor gravitación que en otros deportes de algunas circunstancias más o menos fortuitas, tales como tiros que entran por pocos centímetros al arco frente a otros que no; arqueros que pellizcan remates o no; lesiones, expulsiones, tarjetas amarillas tempranas y condicionantes de rendimientos plenos; fallos arbitrales que inclinan balanzas y alteran ánimos. En la primera etapa del desarrollo de los grupos de Rusia 2018 hubo tres sorpresas claras y que pueden tener consecuencias importantes para el curso del torneo: el empate de Argentina e Islandia, la derrota de Alemania ante México y el empate de Brasil con Suiza, sin olvidarse del significativo empate con muchos goles entre España y Portugal. Analicemos estos tres casos señalados, que han generado, por cierto, perplejidad y comentarios más o menos disparatados en un periodismo deportivo que evidencia un muy bajo conocimiento técnico sobre fútbol. Argentina 1 – Islandia 1. El planteo islandés era esperable para cualquiera que los hubiera visto jugar durante su sorprendente clasificación en las eliminatorias europeas. Como era predictible, un equipo novato, proveniente de poco más de 300.000 residentes nacionales, cuyas armas básicas podrían ser su estatura, su contextura física y un trabajo colectivo facilitado por la residencia local de la amplia mayoría de sus jugadores, iría a plantear un juego de contragolpe, con aglomeración de cuerpos en las zonas próximas al área y, ya en ella, forzando quizás una llegada aérea de alta ventaja para los isleños europeos. Con esos argumentos y el natural respeto (excesivo) por Messi y por una selección argentina que, en general, desde siempre, es sobrevalorada por rivales y prensa (hegemonizada en América Latina por una superabundancia de periodistas argentinos en las programaciones), Islandia tuvo mucho a favor para obtener un resultado positivo. Los problemas que sumó Argentina: un innecesario doble cinco Mascherano-Biglia que fue desmontado con ventaja con el ingreso de Banega, lo cual hace pensar que él o Lo Celso deberían acompañar a Mascherano en el mediocampo albiceleste futuro. Otro jugador incapaz de cambiar chips ante infortunios es Di María, totalmente dependiente de que le salgan o no las maniobras naturalmente intentadas frente a sus marcadores; pero ante cualquier falla propia o acierto ajeno, su incapacidad para pensar e intentar algo diferente es llamativa. Messi está abrumadoramente recargado de responsabilidad por arriesgar algo creativo. Pero en realidad nadie arriesga nada y se descarga toda la responsabilidad en él, de modo que su control se vuelve el único problema a resolver por los rivales de Argentina. Y eso facilita muchísimo a los rivales. Con ese panorama, Dybala puede ser pensable. O Pavón, que está en la cabeza de todos. Una cosa a pensar es que Messi no debe tirar más penales: ha errado ya muchos y su promedio de penales no convertidos es superior a la media de todos los ejecutores reiterados; algo pasa o le pasa, pero ya es un hecho estadísticamente tan claro que amerita una resolución técnica adecuada. Seguirá siendo el mejor del mundo y de la historia, hasta ahora, pero no debe tirar penales, allí donde haya otros ejecutores aptos. México 1 – Alemania 0. Lo que se vio el domingo al mediodía fue un extraordinario planteo mexicano, con gran despliegue físico que no pudo ser superado por Alemania. Mantuvo su rendimiento los 90 minutos y fue haciendo cambios que paulatinamente aumentaban sus centímetros por si el masivo y desesperado ataque final alemán fuera a precisar crecientemente de altura en el área propia. La base del planteo mexicano fue un posicionamiento de contragolpe con especial atención al control del ancho del campo, una virtud acostumbrada de los germanos. A partir de ello, Vela, Layún, Guardado y Lozano se desdoblaron y se lanzaron al ataque apoyados en una gran performance de Chicharito Hernández como pivote, que permitía el salto al ataque de los mencionados. Debe tenerse en cuenta que la tradicional virtud alemana del ataque masivo desde el ancho del campo tiene su contracara en el lento e imperfecto retroceso de los muchos comprometidos en ese ataque masivo de todo el ancho del campo. Demasiadas veces los marcadores centrales tienen que defender sin primera protección de los volantes ni adecuado cierre desde los laterales. Brasil 1 – Suiza 1. El comienzo brasileño fue brillante, con lucidas jugadas a cargo del cuarteto ofensivo Willian-Coutinho-Neymar-Gabriel Jesús, coronado a los 20 minutos por un maravilloso derechazo chanfleado de Coutinho de media distancia. Tité sorprendió con una integración sin los acostumbrados Casemiro y Fernandinho en el doble 5; sólo estacionó posicionalmente a Casemiro y a Paulinho, pidiéndole a Coutinho un trabajo desacostumbrado de obstrucción que siempre hace Willian naturalmente. Suiza, sin descontrolar su planteo táctico, fue afirmando el control de los alrededores de su área y encontró la complicidad del árbitro, que permitió el ilegal recurso al foul sistemático sin siquiera intentar la marca legal en el control de Neymar cuando este se tiraba atrás y la infracción no acarreaba un tiro libre peligroso consecuente. Brasil se fue desanimando y desinflando cuando las cosas le fueron saliendo menos (defecto endémico del fútbol brasileño) y cuando vieron que el árbitro permitía la flagrantemente ilegal destrucción del juego de Neymar en el arranque. De acuerdo al resultado, todo parece indicar que el doble 5 le es necesario a Brasil para que toda la capacidad ofensiva de los puntas y de Paulinho pueda liberarse de responsabilidad por la marca y por el balance de retorno; y siente en la ausencia de Dani Alves la falta de apertura de la cancha por la derecha, tan común al Brasil de los últimos 20 años. Sin soluciones para el fair play Desde hace unos cuantos años que FIFA y sus federaciones nacionales y regionales afiliadas impulsan medidas arbitrales y premios al fair play, o sea, al juego limpio que proteja la limpieza de partidos cada vez más vistos a lo largo y ancho del mundo, y que ampare la creatividad de los jugadores más hábiles y espectaculares que simbolizan al fútbol como espectáculo masivo y como expresión humana de ludismo y habilidad específica. Recordemos la recomendación a los árbitros del mundial 2014 de marcar con especial rigor las faltas en las áreas, un vergonzoso show de lucha libre e infracciones sin sancionar ante los asombrados ojos del mundo. El famoso penal dudoso al brasileño Fred atestiguó esa novedosa iniciativa. Sin embargo, el fútbol sigue careciendo de herramientas como para castigar adecuadamente los fouls tácticos sistemáticos por medio de los cuales equipos y jugadores, sin siquiera pensar en cómo marcar a un jugador explosivo, le cometen falta y confían en la benevolencia arbitral para con ese antideportivo e inmoral recurso; recurso ya naturalizado como táctico, aunque en realidad sea intrínsecamente malo, tal como lo designa la palabra inglesa foul, lo opuesto a fair: desleal. Es hora ya de que el fútbol implemente el máximo de fouls por jugador y el máximo de fouls contra determinado jugador en particular: con el máximo de faltas por jugador que los comete (como en básquet) se castiga a quienes no cometen faltas de gravedad, merecedoras de tarjetas amarillas y rojas, pero que pueden reiterar deslealmente e inmoralmente el foul intencional y planificado para anular a los adversarios sin siquiera intentar neutralizarlos individual o colectivamente de modo legal. Mediante el máximo de fouls contra jugadores determinados se protegería a los hábiles y decisivos con un máximo de infracciones en su contra, que acarrearía quizás la expulsión de quien hubiera cometido la mayoría de ese máximo, en los frecuentes casos en que los pegadores se alternen para evitar la responsabilización de alguno de ellos especialmente cercano a la víctima elegida. Talentosos cracks han sufrido cacerías sistemáticas que no deberían dejarse más a la discrecionalidad de árbitros, sino formar parte de textos literalmente defensores del fair play. Estas persecuciones son comunes en todas las ligas locales, nacionales, regionales e internacionalmente, pero Pelé y Maradona han sido especialmente víctimas de ello.
Hacete socio para acceder a este contenido
Para continuar, hacete socio de Caras y Caretas. Si ya formas parte de la comunidad, inicia sesión.
ASOCIARMECaras y Caretas Diario
En tu email todos los días
El camino celeste
Uruguay empezó el Mundial con un triunfo agónico ante Egipto, tal como lo anunciamos en Caras y Caretas, con la dificultad habitual que los partidos relativamente fáciles les presentan a los deportistas uruguayos, con tanto temor al ridículo como afán de proezas. Si Mohammed Salah hubiera jugado, y en buenas condiciones, posiblemente estaríamos lamentando un descorazonante resultado inaugural. Otra vez nuestro juego aéreo y la capacidad ofensiva de nuestros zagueros hicieron la diferencia que el volumen colectivo de juego no fue capaz de conseguir. Ahora, para disputar el primer puesto con Rusia, se debería golear a Arabia Saudita el miércoles (escribo estas líneas el lunes 18), empresa técnicamente posible, pero psicológicamente quizás no tanto. Confiemos, eso sí, en el hambre de gol insaciable de Suárez y Cavani para superar esa maldición psicosocial.