Contagio apocalíptico

Televisión en tiempos de cuarentena

Virus, pandemia, cuarentena, aislamiento social, policías sanitarios, zombis. ¡El apocalipsis en pantalla! La televisión -en todas sus formas- se erige como una de las industrias más lucrativas en tiempos de crisis y encierros. Más de lo mismo -más de lo obvio- para alimentar la paranoia.

Por R.T.

El vecino que vive en el décimo piso mira con desconfianza el tablero de botones del ascensor. ¿Cuántos dedos lo han tocado? ¿Y si sube más gente en los otros pisos? El ministro de Salud dijo varias veces que el ascensor es un peligro… o algo así. Mucha gente en poco espacio. No hay forma de respetar el metro de separación. Una aglomeración infecciosa. La señora que vive en el tercero seguro que va a entrar al ascensor con su bolsa para los mandados. Una inconsciente: es parte de la población de riesgo y el año pasado tuvo neumonía. La chica del quinto siempre anda con una barra sospechosa; bajan todos juntos -¿dormirán juntos?-, se sientan en el muro y pasan horas tomando del mismo mate -deben ser comunistas-. Un peligro si se les ocurre subir justo ahora. Hace unos días escuché toser al portero y no se cubrió la boca como indican las autoridades; un imprudente y desconsiderado. ¿Acaso no mira los informativos? ¿Y si entra la señora Martínez? Ella sale siempre con sus cuatro hijos: más población de riesgo. Tengo el barbijo y los guantes, pero dicen que eso no sirve de mucho. El asunto es si alguno de ellos tose en el ascensor. ¿Qué hago? Si logro bajar, el problema se agravará en el súper. ¿Habrá mucha gente haciendo cola para entrar? Lo peor: ¿alguien estará desinfectando las cosas que están en las góndolas? Todo el mundo toquetea, da vuelta los paquetes para mirar el precio. Es un camino sin retorno. La cajera seguro que usará guantes para manipular los billetes, pero después me dará el vuelto con esos mismos billetes y no sé quién los usó antes. Terrible. Tengo miedo. Estoy sudando. Alguien está pidiendo el ascensor de forma insistente. ¿Qué hago? No sé. Por favor, que alguien me ayude. Qué peligro. Si se junta mucha gente en este maldito ascensor, vamos a terminar mal. Me puedo contagiar y sería terrible. ¿Qué hago si el virus está mutando y comienza a provocar otros efectos? ¿Qué hago si bajo y me encuentro con que todo el barrio está contagiado de ese nuevo virus? Hace rato que no escucho el informativo… ¿el gobierno seguirá en el poder? Es probable que el contagio haya liquidado a toda la ciudad. En este momento puedo ser el único sobreviviente. ¿Saldré a la calle a buscar alguna respuesta? No sabría qué hacer si me asaltara una banda de hippies comunistas y mutantes. Esto se parece al apocalipsis. Ya sé: no salgo. Vuelvo a mi casa y aprovecho el paquete especial del cable que contraté la otra semana. Con eso más lo que hay para ver en Netflix aguanto tranquilo hasta mañana.

 

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El coronavirus, la cuarentena, los consejos médicos y filosóficos que se ven a diario en los informativos, las “empresas en crisis” y el gobierno en su versión de “policía sanitaria” tienen -y disponible desde hace décadas- un “viejo” aliado para mitigar los estragos del aburrimiento del encierro, el teletrabajo y la paranoia. Un viejo socio que vive confortablemente en las pantallas, pero que ha transformado sus características narrativas y técnicas y su estructura de negocio. Se le sigue llamando “televisión”, pero en la actualidad necesita algún “apellido” para marcar sus especialidad: on demand, streaming, cable, abierto, digital, entre otros.

Las empresas que se disputan el control de este mercado de contenidos audiovisuales tienen muy claro que la clientela ahora está más cautiva que nunca. Sus discursos propagandísticos apuntan a tejer una trama de confort y seguridad en el televidente. Es un espacio de consumo simbólico “democratizado”, dicen. Usted puede elegir cuándo, cómo y dónde ver las diez temporadas de la mítica serie Friends. Si esto no le alcanza, tiene un lote cada vez más grande de series y películas para alimentar el morbo sobre pandemias. Algunas realizaciones de este ya inabarcable menú son realmente buenas y disfrutables, como la disparatada serie estadounidense Medical Police (2020), dirigida por David Wain y Bill Benz, que puede verse en la plataforma de Netflix. Se trata de un spin-off de Childrens Hospital, en cuya trama se narra con mucho humor e ironía la historia de dos médicos estadounidenses que son reclutados por el gobierno -el gobierno yanqui, como siempre- en una carrera por encontrar una cura a un virus letal y destapar una turbia trama.

En el otro extremo, en el más “flojito” y oportunista, se encuentran, por ejemplo, la docuserie Pandemia (Pandemic), o la película surcoreana Virus, que se estrenó en 2013, pero en las últimas semanas trepó rápidamente al top diez de los más vistos en esta plataforma.

En otros nichos del negocio televisivo, como el de Movistar, puede verse la película The Craziez (2010). Una remake de un largometraje de terror de George A. Romero estrenado en 1973, pero que tiene a este realizador como productor ejecutivo y coautor del guion. Aquí la historia transcurre en un pequeño pueblo de Iowa, Estados Unidos, donde se desata un caos terrorífico a causa de un virus que circula por el agua y que convierte a los habitantes de ese lugar en asesinos sangrientos. Nada nuevo bajo el sol de la cuarentena.

En esta plataforma también está disponible Doomsday: El día del juicio (2008), otro título apocalíptico e infeccioso de lejana data que vuelve a reciclarse para el morbo-deleite. En Prime Video está Retreat (Aislados), un largometraje de 2011 que vuelve al ruedo de las ficciones a demanda, con las peripecias de Kate y Martin, que tratan de salvar su matrimonio pasando tiempo juntos en una pequeña isla escocesa extremadamente aislada. A unos días de estar ahí, el generador de energía se rompe y esto causa una herida seria en Martin. Dado que necesitan un médico, la pareja pide ayuda por la radio a Doug, dueño de la cabaña, quien les promete recogerlos en un ferry lo antes posible. Pero Doug no aparece. Durante la angustiosa espera aparece sí un inesperado personaje, Jack, un soldado que les informa que un virus letal se está extendiendo por el mundo y deben permanecer aislados para salvar sus vidas.

A estos pocos títulos reseñados “a las corridas” habría que sumar todas las realizaciones que pueden rastrearse en las grillas de estas empresas con temáticas clásicas: zombis, asteroides que amenazan a la Tierra, centrales nucleares que explotan (Chernobyl está entre las más destacadas) y un relativamente largo etcétera.

Pero hay un título en este menú que merece unas líneas aparte: Contagio (2011). Esta creación del conocido cineasta Steven Soderbergh, en la que se da el lujo de matar a Gwyneth Paltrow en los primeros minutos, es un relato ficticio de una pandemia que mata a 26 millones de personas en todo el mundo. Todo bien hasta aquí. El asunto que reviste interés es que Contagio, al menos en Estados Unidos -siempre Estados Unidos-, hasta diciembre estaba perdida entre los últimos lugares de las listas de pedidos en las principales plataformas. Sin embargo, en los primeros meses de 2020 pegó el salto hasta los primeros lugares, desplazando a los estrenos más recientes y glamorosos del mundo de las series y películas. La consecuencia: Soderbergh volvió a la palestra mediática. No concedió entrevistas -aparentemente-, pero publicaciones como The New York Times colocaron su nombre en sus primeras planas y las recaudaciones crecieron hasta cifras que ningún hijo de vecino imaginaría tener en su cuenta bancaria.

 

***

Intentar una explicación más o menos seria de este fenómeno rebasa el espacio de estas páginas y las escasas habilidades analíticas de este escribiente. No obstante, vale la pena volver sobre algunos temas que parecen confinados al olvido.

El universo posible del entretenimiento audiovisual, pese a lo que afirma el mercado dominante, tiene límites muy estrechos. Las narrativas válidas y validantes parecen acotarse a las que gesta y divulga el grupo de multinacionales que pelean por dominar el consumo. Después de esos límites, solo estaría la nada. O, mejor dicho, la “nada” más algunos lenguajes y estilos “permitidos” como extrañamientos, que suelen venir de escenas todavía consideradas como “emergentes”, como Latinoamérica o los llamados países nórdicos (una región que recientemente ha logrado difundir más allá de sus fronteras algunos títulos interesantes, como la serie islandesa Los asesinatos de Valhala o la finlandesa Sorjonen).

El funcionamiento de este estado de cosas parte de un principio nefasto: que el llamado prosumidor es en realidad una versión mejorada del consumidor pasivo. Esto es, una entidad que desde el sofá sueña con que el control remoto de su televisor inteligente es su arma infalible para tomar decisiones. Nada más lejano a la “verdad”. Su poder se limita en realidad al encendido o al apagado del dispositivo. Nada más. El menú ya viene armado y, pese a los discursos de la publicidad, es bastante corto.

Para próximas entregas de estas páginas, Caras y Caretas tentará al diablo y saldrá -pese a la cuarentena- a buscar esos otros rincones del universo virtual donde pulsan otros lenguajes, otros mundos narrativos que, por fortuna o bendición, “hablan” de otros tópicos más valiosos y, quizás, más próximos a eso que llamamos arte.

 

2 comentarios en «Televisión en tiempos de cuarentena»

  1. Avatar La Verdad ilumina. | el 4 abril, 2020 a las 11:08 am |

    Pues debe estar contenta ya que el covid NO EXISTE, a no ser por los test truchos que la ONU casi IMPONE insistentemente como buen articulador de agendas Masonas Iluminati.

    LAS ESTADÍSTICAS DE MUERTES POR GRIPE Y AFECCIONES RESPIRATORIAS NO HAN VARIADO.

    LA GRIPE NORMAL TIENE UNA TASA DEL 6% DE MORTALIDAD Y EL «COVID» 5%. Las medidas son totalmente desproporcionadas.

    El 5G debilita el sistema inmunológico y ha abierto camino a una gripe que pega más duro, ese es el caso de Ciudades y barcos con más afectaciones.

    ES UN SHOW PARA TUMBAR LA ECONOMÍA MUNDIAL (que ya se venía desmontando a fuerza de sanciones por doquier y guerras inventadas) IMPONER EL DINERO ELECTRÓNICO,(porque el dinero físico es un problema y un limitante en robos siderales del sistema financiero Internacional) EL MUNDO SE ENDEUDA AL DOBLE Y SE HACEN CON TODA LA INDUSTRIA QUE ESTÁ QUEBRANDO. UN FESTÍN DE LA CODICIA.

    QUIEN NO QUIERA INFORMARSE DE VERDAD QUE LEA LOS DIARIOS Y LA TV. CON MÉDICOS PAGADOS DANDO FALSOS TESTIMONIOS, FOTOS FALSAS COMO ATAÚDES EN LAS CALLES DE IRAK DURANTE LA INVASIÓN…

    SE ESTÁ MURIENDO LA MISMA CANTIDAD DE SIEMPRE!!!!!!

    EXIJAN LAS CIFRAS ESTADÍSTICAS.

  2. Avatar La Verdad ilumina. | el 4 abril, 2020 a las 11:11 am |

    EL COVID NO EXISTE, a no ser por los test truchos que la ONU casi IMPONE insistentemente como buen articulador de agendas Masonas Iluminati.

    LAS ESTADÍSTICAS DE MUERTES POR GRIPE Y AFECCIONES RESPIRATORIAS NO HAN VARIADO.

    LA GRIPE NORMAL TIENE UNA TASA DEL 6% DE MORTALIDAD Y EL «COVID» 5%. Las medidas son totalmente desproporcionadas.

    El 5G debilita el sistema inmunológico y ha abierto camino a una gripe que pega más duro, ese es el caso de Ciudades y barcos con más afectaciones.

    ES UN SHOW PARA TUMBAR LA ECONOMÍA MUNDIAL (que ya se venía desmontando a fuerza de sanciones por doquier y guerras inventadas) IMPONER EL DINERO ELECTRÓNICO,(porque el dinero físico es un problema y un limitante en robos siderales del sistema financiero Internacional) EL MUNDO SE ENDEUDA AL DOBLE Y SE HACEN CON TODA LA INDUSTRIA QUE ESTÁ QUEBRANDO. UN FESTÍN DE LA CODICIA.

    QUIEN NO QUIERA INFORMARSE DE VERDAD QUE LEA LOS DIARIOS Y LA TV. CON MÉDICOS PAGADOS DANDO FALSOS TESTIMONIOS, FOTOS FALSAS COMO ATAÚDES EN LAS CALLES DE IRAK DURANTE LA INVASIÓN…

    SE ESTÁ MURIENDO LA MISMA CANTIDAD DE SIEMPRE!!!!!!

    EXIJAN LAS CIFRAS ESTADÍSTICAS.

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