Todes somos Daniel Martínez

Por Emilio Cafassi.

Todes somos Daniel Martínez

Desde la noche del domingo, las muy diversas expectativas, énfasis y matices que conforman el Frente Amplio (FA) quedan sintéticamente unificadas en la figura de Daniel Martínez. Todos nuestros esfuerzos militantes se orientarán a acompañarlo en la dura tarea de eludir la proximidad de un dramático abismo social como el que pudre la vida de los vecinos linderos al norte y suroeste. Y todas las pulsiones y fortalezas con las que contemos, las razones y los afectos, deberán ponerse a su servicio. No hubo sorpresas respecto a las previsiones de la totalidad de las encuestadoras, salvo menudencias en las distancias relativas con el resto de los precandidatos o en la cifra final. Daniel Martínez es quien mejor logró interpretar la partitura frenteamplista en un escenario de acústica crecientemente deteriorada y desafinación de algunas cuerdas. Es la conclusión inapelable de la totalidad de la militancia y de una proporción inestimable del electorado mucho menos comprometido con la construcción de la fuerza política. El sucesivo desarrollo quinquenal de las internas abiertas reedita cierta incomodidad en una fuerza como el FA, que no agota electoralmente su arsenal de transformación social aunque se ve sumida en este tipo de experiencia cuyo mecanismo tiene mucho más de maniobra manipulatoria que de ejercicio decisional ciudadano. Sin ánimo de reeditar las múltiples objeciones cualitativas a la injerencia promiscua de ciudadanías en las vidas partidarias sobre las que escribí en otras ocasiones, es evidente la erosión de la credibilidad en el sistema que se pronuncia como indiferencia ciudadana y  ausentismo electoral.

Si bien hay en esta última elección una leve recuperación de la participación ciudadana de cerca de 2%, dibujando junto con el guarismo de 2014 una suerte de meseta ante la caída sistemática y regular (desde 1999, año en que comenzó a implementarse), los resultados confirman la enorme distancia entre las crecientes ofertas electorales y los propios electores. Distancia que no se estrecha compulsivamente, o en otros términos, haciendo obligatoria la actitud voluntaria, como en alguna oportunidad propuso el Ministro Astori. Infinidad de experiencias en el mundo revelan altísimos niveles de participación voluntaria de ciudadanías motivadas y movilizadas, tanto como ausentismo con obligatoriedad en condiciones de crisis, individualismo, molicie y desmoralización.

Pero el malestar con el que confronta el FA tiene algunos rasgos en común con los del conjunto de la ciudadanía uruguaya, pero muchas más particularidades aun que no pueden ser soslayadas porque si bien despinta la militancia en una totalidad electoral indiferenciada, la magnitud del caudal obtenido expresa parcialmente sus niveles de influencia. No debiera tomarse como un problema absoluto el hecho de que el Partido Nacional venga votando en las primarias por encima del FA porque precisamente el apego casi excluyentemente electoralista de los partidos tradicionales y el tipo de lazo clientelista y emocional que cultivan pudo ser superado holgadamente hasta el momento en la elección definitiva en la que se juega el futuro inmediato de los participantes.

Pero, a diferencia de la sociedad uruguaya en general, la proporción frenteamplista sufrió (y viene sufriendo) una pérdida que merece atención. No respecto a blancos o el resto de las ofertas, sino sobre sí mismo. Los resultados en el “Órgano Deliberativo Nacional” le dan una caída total de casi 12% respecto a los valores obtenidos en 2014 con picos altísimos en varios departamentos claves a futuro, como Maldonado, con una caída de 27% o peores guarismos aun en Cerro Largo, Treinta y Tres o Rivera. Cayó en absolutamente todos los distritos electorales, aunque en menor medida en los departamentos de mayor densidad urbana como Montevideo, Canelones y San José. Justamente Martínez compensó parcialmente la caída en el interior, ya que fue de los cuatro precandidatos el que votó mejor allí, respecto a la capital. Mientras la relación histórico-electoral del FA con el interior resulta sinuosa o directamente esquiva, es indudablemente preocupante la caída por goteo que viene experimentando en Montevideo. Algo que han experimentado dramáticamente otros progresismos regionales. Más aun lo es el desgranamiento militante en los comités de base. El FA ha logrado poner en las calles más gentes que votos en estas urnas.

La propia campaña electoral deberá ser un proceso simultáneo de atracción electoral, con sus particularidades mediático emocionales, cuanto de reconstrucción del tejido militante en la que interviene tanto más la organización, la interacción codo a codo y la apelación a la razón.

Mientras Lacalle Pou afirmaba que ahora se dedicarán a elaborar un programa, concediendo de este modo que hasta ahora los candidatos de su partido parodiaron posturas políticas siguiendo el guion de algún publicista como con la antigua ley de lemas plurinominal que vino a sustituirse, el FA cuenta con el programa hace más de siete meses, al que apelaron los cuatro precandidatos.

Ahora es decisiva la elección de quien acompañe a Daniel Martínez en la fórmula, con criterios que van más allá de la futura tarea de presidir el Senado, la Asamblea General o reemplazarlo en viajes. Creo que es fundamental su rol en la campaña, junto al resto de los precandidatos, de quienes no se debería prescindir. No creo que resulte una cuestión a dirimir exclusivamente entre los sectores del FA y sus búsquedas de equilibrios, sino mediante estudios de impacto. Para poder aportar a la etapa venidera fortaleza y convicción, mayor voto urbano y montevideano en particular, entusiasmo y capacidad movilizadora: ir por lo perdido.

Ojalá se logre paritariamente.

1 comentario en «Todes somos Daniel Martínez»

  1. TodEs es ridículo!!! Un adefesio!!! La «corrección política» llevada al absurdo!!! Todes somes buenes y lindes, menos cuando nos enojames!!!

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