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UPM, los ciclos económicos y el futuro de Uruguay

Por Alberto Grille.

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Caras y Caretas Diario

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El martes 2, Uruguay recibió la mejor noticia que podíamos tener para nuestro futuro: un comunicado de la Presidencia de la República señaló que hay “acuerdo en los principales temas con UPM”, señalando que “las negociaciones entre el gobierno de Uruguay y UPM con la perspectiva de instalación de una tercera planta de celulosa en nuestro país se encuentran en la etapa final de su primera fase. Como consecuencia de la negociación realizada la que está aún en proceso, se han logrado importantes avances. Agrega el documento que “existe acuerdo respecto a los principales temas de la agenda de negociación […]” y recuerda que “esta primera fase tiene como objetivo establecer las premisas básicas y compromisos de las partes hacia la concreción de la que sería la mayor inversión de la historia de nuestro país. Esta primera fase culminará con la firma de un acuerdo de inversión, en el que ya se ha empezado a trabajar, y permitirá entrar en una segunda fase de avances en materia de la construcción y adaptación de la infraestructura necesaria”. La declaración conjunta entre las dos partes parece confirmar acuerdos en lo que se refiere a las condiciones económicas del proyecto, el monto de la inversión, los beneficios impositivos, las demandas que la empresa hizo en cuanto a la disponibilidad de zonas francas, las condiciones en que se comercializará la energía producida por la biomasa, las infraestructuras necesarias, el trazado de las vías férreas , los servicios ferroviarios, las instalaciones portuarias y el canon a pagar al Estado.

Continúa pues, pese a voces mezquinas como la del candidato presidencial Luis Lacalle Pou, el proceso de concreción de la inversión más grande de nuestra historia.

Cabe decir que la decisión tenaz, prolija y enérgica de Tabaré Vázquez para superar diferencias, trabajar sobre los detalles e instruir a los ministros sobre la necesidad de culminar el proceso de negociación y concretar esta inversión estratégica y multimillonaria ha sido vital para este acuerdo, que, por otra parte, se ha conseguido en tiempos verdaderamente breves. Queda por ver cuáles han sido las condiciones acordadas y cómo se han sorteado las objeciones medioambientales, laborales y legales que en algún momento parecían obstaculizar los acuerdos, aun al nivel del propio Consejo de Ministros, en el cual algunos de los secretarios de Estado se manifestaron, al menos, con gran prudencia y otros empujaron hasta el límite de sus posibilidades.

Al punto corresponde hacer varias reflexiones, ya que siempre hemos defendido, y con mucha intensidad, la necesidad de concretar la construcción de esta nueva planta.

Unas cuantas veces hemos destacado la importancia que tuvo y tiene el ministro de Economía y Finanzas, Danilo Astori, “sobre todo para la política económica que desde hace doce años lidera con el pulso de un relojero”.

De hecho, a pesar de los comentarios críticos que se han formulado a la política económica en estas páginas, hemos defendido, aun con muchas salvedades, lo que puede llamarse el “modelo astorista”, que privilegia como principal motor económico de Uruguay a la Inversión Extranjera Directa (IED) y el cuidado de los equilibrios macroeconómicos, fijando a la inflación como principal enemigo a combatir.

Si bien nunca nos gustó sustentar el modelo económico en el aporte de los inversores extranjeros, es bien cierto que:

– la inflación es el impuesto que castiga más y mayoritariamente a los trabajadores y los jubilados;

– los grandes empresarios uruguayos y las supercámaras empresariales, gritonas y lloronas, siempre están prontas para pedir más beneficios y tienen una exacerbada tendencia a sacar sus ganancias del país y acumular sus dólares en el exterior.

La verdad es que aunque a veces a los lectores y al propio Astori les parezca lo contrario yo apoyo mucho a Astori y su programa y también reconozco que Danilo ha abierto horizontes promisorios al país, ha promovido en la izquierda una visión institucional y profundamente democrática y ha persistido en una lealtad sin claudicaciones al Frente Amplio y al proyecto progresista

De lo que no cabe duda alguna, más allá de nuestras inquietudes es que la gestión del equipo económico que lidera Astori cosecha amplios apoyos en Uruguay y merece la atención cuidadosa del progresismo en todo el continente porque el modelo astorista ha demostrado que sí funciona. En más de una oportunidad y reconociendo que sobre el tema somos bastante ignorantes, hemos defendido un poco a regañadientes sus posiciones en temas tan controvertidos como las zonas francas, las exoneraciones impositivas (que han alcanzado hasta al Estudio Posadas, Posadas y Vecino), la eliminación de los controles de precios y aun de los acuerdos con empresarios como forma de luchar contra la inflación, las políticas monetarias contractivas y la sobrevaluación del tipo de cambio. A pesar de las cifras oficiales, no vemos que la inflación esté controlada, sufrimos efectos de la política monetaria restrictiva y resulta difícil contestarles a quienes nos dicen que el costo de los últimos ajustes lo pagaron los trabajadores y jubilados mientras que ni se puede hablar de aumentar o poner impuestos a los grandes medios de producción que se han enriquecido notoriamente en estos doce años.

Además de lo anteriormente consignado, la realidad nos dice hoy que Uruguay sigue padeciendo inflación, que empresas chicas y grandes cierran (Fripur, Fanapel, Molino Florida, Mr. Bricolage, Molino Dolores, La Spezia) o se van del país, como recientemente han anunciado su retiro Union Agriculture Group (UAG), la mayor empresa agrícola del país, con más de 185.000 hectáreas y unas 85.000 cabezas de ganado, y la moderna terminal especializada de contenedores, Katoen Natie, que se propone, antes de fin de año, abandonar el país.

Estos dos últimos casos merecen una consideración aparte.

En el primer caso, se trata de un fondo de inversión que ha venido acumulando enormes pérdidas en sus balances y sobre el que hace un par de años se escribiera en esta revista una extensa nota con motivo de una encontronazo que mantuvo con la Intendencia de Montevideo al intentar construir sin los permisos correspondientes un enorme silo a pocos metros de los accesos, en las inmediaciones de Paso de la Arena.

En el caso de Katoen Natie, es una inmensa empresa de origen belga que explota la Terminal de Contenedores Cuenca del Plata en sociedad con la Administración Nacional de Puertos y cuya gestión ha sido muy exitosa y ha contribuido grandemente a la eficiencia y modernización de la actividad portuaria, siendo altamente superavitaria y generando en los últimos años grandes ganancias. La decisión aparentemente irrevocable de Katoen Natie de vender su participación en TCP y las otras empresas que actúan en el puerto ha sido sorpresiva y aparentemente se fundamenta en la idea de que ha llegado el momento de obtener un rédito importante y rápido a sus inversiones en Uruguay, máxime que su relación con la autoridad portuaria se ha venido deteriorando a pasos agigantados por resoluciones de ANP que ellos consideran que violan las disposiciones legales y afectan los contratos y las concesiones que oportunamente les fueron adjudicadas.

Por eso mismo decimos que la anunciada inversión de UPM es una gran noticia y nos alegra que se hayan superado las diferencias que se habían anunciado en nuestro gobierno y que con esta última se haya llegado a acuerdos sustantivos que permitan abrir las instancias necesarias para firmar los documentos definitivos que cierren esta dificultosa negociación.

El último tren de la IED

El 14 de julio de 2016, la empresa finlandesa UPM comunicó al gobierno uruguayo su aspiración de construir su segunda pastera en nuestro país. En momentos en que la región se desmorona y se seguirá desmoronando, y Uruguay crece por debajo del promedio histórico de los “años oscuros”, la inversión de 5.000 millones de dólares, la mayor de nuestra historia, marcaría un broche de oro, por demás necesario, para el tercer gobierno del Frente Amplio.

La inversión extranjera sería de 4.000 millones de dólares y habría un aporte nacional de 1.000 millones de dólares para que la empresa disponga de una infraestructura que permita que la producción sea trasladada vía ferrocarril al puerto de Montevideo.

Repito: 5.000 millones de dólares de inversión en dos años, cuando la obra pública ha sido recortada y no surge otro factor que actúe como locomotora para el crecimiento económico, no sólo parece un regalo de Dios, sino que lo necesitamos con urgencia.

Dejo de lado toda la discusión, que por otra parte no dan blancos ni colorados, acerca de la conveniencia de las zonas francas y del potencial de creación de empleo o de “derrame” que implica su creación, ni si deben sus resultados computarse como producción y exportación nacional. Ni que hablar de la discusión sobre la supuesta primarización de la economía.

Según el Tratado Bilateral de Inversiones (TBI) suscrito con Finlandia, esta planta debe recibir trato igualitario al que recibieron las otras empresas de su misma nacionalidad. Las zonas francas fueron creadas legalmente en 1988 y, de acuerdo a la ley vigente, las empresas que ahí se ubiquen están exoneradas de todo impuesto nacional y sólo deben abonar los aportes al BPS de los trabajadores nacionales y el canon correspondiente.

Los pedidos de UPM

La nueva planta, la tercera en producir celulosa en el país, se instalará en una zona franca a orillas del río Negro.

Hasta ahora no habría nada nuevo bajo el sol, salvo que tendríamos una inversión equivalente al 10 por ciento del Producto Interno Bruto, algo antes jamás visto, y, por supuesto, no logrado por los gobiernos de los partidos tradicionales.

Ahora bien, UPM habría exigido la exoneración del impuesto al patrimonio, establecido por ley, tanto para la planta como para los terrenos de sus plantaciones, como condición para instalarse en nuestro país. Ese es el tema que estaba en discusión según afirmó el presidente Vázquez en la conferencia de prensa que tuvo lugar tras el Consejo de Ministros realizado en la sede del Club Progreso, y la mayor diferencia radicará en la exoneración para las plantaciones. Dicho beneficio no alcanza a la planta de UPM (ex-Botnia) que funciona en Fray Bentos.

Ahora bien, en el caso de Montes del Plata las exoneraciones abarcan también esos terrenos, así como todas las empresas del grupo, por una decisión adoptada en 2012 durante el mandato presidencial de José Mujica al amparo de la Ley de Inversiones firmada por el entonces ministro Fernando Lorenzo. El Grupo Montes del Plata controla unas 150.000 hectáreas en todo el país.

Existe, pues, una diferencia entre las exoneraciones que rigen para ambas pasteras, y esta aumentó cuando se aprobó el adicional al Impuesto al Patrimonio en sustitución del ICIR, declarado inconstitucional.

Si este punto se resuelve, se pasaría a la segunda fase de las negociaciones, e incluso se habla de una prepromesa de UPM de extender sus instalaciones o bien agregar otra planta.

El problema, más allá de la financiación de la infraestructura ferroviaria, radica por ahora en que una exoneración del Impuesto al Patrimonio a UPM no podría ser resuelta por decreto, sino por ley.

Es por demás comprensible que Tabaré Vázquez no quiera someterse a las negociaciones y quejas que tendría que afrontar si lleva el tema al Parlamento.

UPM habría también exigido tener una zona franca en la zona portuaria (aumentando sus ganancias y beneficios), pero esta exigencia ya constituye un evidente abuso, ahora en perjuicio de la igualdad con las otras empresas, que el TBI exige respetar.

Así las cosas, todo indica que el gobierno uruguayo debería conceder la exoneración de las plantaciones y plantarse firme en la eventual solicitud de una zona franca portuaria.

Sobre el tema de la financiación para la infraestructura ferroviaria, para lo cual no han aparecido oferentes, y mucho menos los arriesgados, valientes y pedigüeños grandes empresarios uruguayos, Caras y Caretas ya manifestó que el gobierno (aunque alguna parte del mismo no quiera, acaso por miedo a las calificadoras de crédito) podría y en su caso debería recurrir al endeudamiento –para lo cual estamos en condiciones sumamente ventajosas–, que en este caso sería de menos de 2% del Producto Interno Bruto. Actualmente la Deuda Bruta supera 63,5 % del Producto Interno Bruto y la Deuda Neta, 30,8%.

El presidente Vázquez estaría tomando decisiones históricas que redundarán en un inmenso beneficio, histórico, para el país.

Además, si algo sabemos, es que hay otros interesados regionales que otorgarían todo tipo de exoneración a UPM, y eso, por supuesto, lo sabe la empresa también. Uruguay tiene a su favor la estabilidad y algún otro factor no mencionable en la actual “luna de miel” (o “paz armada”) que el gobierno uruguayo vive con los gobiernos de Argentina y Brasil.

Muy probablemente sea el último gran impulso de IED que tengamos en muchos años. A nadie escapa que los partidos tradicionales harían todo lo que estuviera a su alcance para lograr su instalación.

La segunda planta de UPM (y las que se vengan) debe construirse en Uruguay.

¿Y después de la IED?: las predicciones del Pepe.

Enorme trascendencia y difusión tuvieron las respuestas de Pepe Mujica a Mateo Grille en el reportaje publicado la semana pasada.

Del mismo reiteramos algunos pasajes porque serían la continuación natural de lo que acabamos de expresar:

“El FA ha hecho un análisis desde 1989 que fue muy útil para diseñar la estrategia electoral, pero hay evidencias de que no sirve más: la hipótesis era que la puerta de la izquierda estaba cerrada y que por allí nadie se podía ir; entonces, había que tener abierta la puerta de la derecha porque desplazándose al centro podíamos ganar votos de la centroderecha. Eso me parece que no corre más.

Sí, eso fue en otro momento, pero se acabó. Y se acabó porque, desde el punto de vista de la economía, el aumento de la inversión estuvo basado sustantivamente en la inversión directa extranjera y tuvimos que pagar el precio para que esto fuera así. Mientras la bola de la economía se desarrollaba y los precios estaban altos, lo que vos remitías para afuera dejaba igual migajas que vos repartías acá, con lo cual mitigabas el mercado interno con políticas sociales. Pero cuando la economía entró en crisis, porque bajó la tasa de crecimiento de todo el continente, entraste a recibir menos dinero. Y lo que tenés que remitir para afuera, debe seguir yendo para afuera, pero no te queda nada para las migajas internas.

¿Cuál es la política que te queda? Aumentar la inversión extranjera, con lo cual seguís retroalimentando el fenómeno. Esto quiere decir que el fenómeno está agotado, no acá, en América Latina. Esto es lo que expresa la crisis brasileña; el fenómeno se agotó porque no estaba sostenido por el crecimiento del ahorro interno y la inversión interna, sino por los recursos que llegaban de afuera por los precios externos. Se agotó esa etapa y salvo que pase algo estratosférico, no va a ser por ahí que levantemos. Más bien veo lo contrario porque hay una tendencia del mercado mundial a encerrarse. Entonces tenemos mucho descontento. Cada uno tiene sus heridas, unos por izquierda y otros por derecha, y se abren las puertas, y desgraciadamente son puertas de entrada y de salida.

Esto no se habla con claridad. La izquierda no lo hace.

No, no lo hace y a veces tampoco lo entiendo. Y la gente menos, porque nadie se lo dice. Ahora deberíamos estar peleando por la clase media uruguaya y mandar a la puta que lo parió a Carrefour para darles vida a los boliches chicos. No podemos estar bien con todo el mundo. Una cosa es la inversión extranjera directa que te viene a solucionar un problema que vos no podés encarar y otra cosa es la que viene a explotar el mercado interno. Para qué quiero boliches importados, supermercados o farmacias extranjeras… por favor, que se vayan y apuntalemos a los nuestros. Me parece que hay que ser más duros y mucho más selectivos con la inversión extranjera.

El gobierno no tiene esa política.

No, mi gobierno no la tiene. Estas cosas hay que hablarlas con la gente y dentro de la izquierda. Por qué nos falta plata adentro y tenemos que seguir remitiendo utilidades al exterior. Hablémoslo. Porque este es probable que sea el mayor desafío de la izquierda en los próximos años. Cómo se para ante estos fenómenos. Qué hacemos, cómo. El camino de la multiplicación de la economía y con ello las posibilidades de reparto descansa en gran medida en cuidar la inversión interna y no es por proteccionismo de corte nacionalista ni nada por el estilo. Es porque el camino de descansar el desarrollo interno en la inversión extranjera llegó a su tope, al límite. Repito, no en Uruguay exclusivamente, en toda América. Cuando la tasa de crecimiento era 4% o 5% era soportable porque lo quedaba después de pagar al exterior te seguía dando leche. Crecimos menos y se achicaron las posibilidades, porque para afuera tenés que seguir mandando plata.

Esa es la desconformidad que tiene la gente aunque no se dé cuenta. Estás distribuyendo menos y estás distribuyendo menos porque se achicó la torta. Y si modificás esa remisión de guita al exterior, alterás la imagen que das, que tan importante es para mantener esa posibilidad de salvación que tenés, o creés tener, para que venga más inversión extranjera. Es un círculo vicioso y perverso. Pero bueno, es el que hay que seguir si querés estar adentro de este modelo, que por otra parte es el que has elegido. Yo creo que el modelo se agotó. Sirvió, dio frutos, pero se agotó. Y desde el punto de vista estratégico hay que discutirlo. Hay que ser enormemente selectivo con lo que viene y cuidar lo de adentro, me parece.

¿Qué medidas habría que tomar para ir protegiéndonos del agotamiento de ese modelo?

Proteger el mercado interno, cuidar el comercio chico, hay que cuidar las pymes, la clase media tradicional uruguaya, también a los docentes, a los profesionales, a los artistas, a los obreros calificados, a los técnicos. Y apelar a la integración productiva realmente. Si vienen los chinos a poner una fábrica de autos, bueno, conversemos con Argentina y Brasil, alguien que arme algo, otros armarán otras cosas.

¿Por qué no lo hizo en su gestión?

Lo intenté, pero no pude porque Argentina y Brasil estaban en otra, y sobre todo Argentina, que estaba en un fenómeno peronista absoluto. Estaba como Perón en el 60, cerrado a cal y canto. Y la integración era un verso lindo para afuera para sacarse una foto […].

¿Se viene un nuevo ciclo de izquierda?

Yo creo que sí, pero tenemos que aprender de las fallas que tuvimos. Confundimos progresismo con izquierda. Y en América Latina nos entramos a parecer bastante a la socialdemocracia europea, que de tanto ser pragmática y racional dejó de ser de izquierda y no conformó ni a la derecha ni a la izquierda y se fue al tarro. Es peligroso eso. No podemos prescindir de la batalla cultural, perdimos ahí.”

A mí me parece que Pepe omite decir que su estilo dificultó algunas de las transformaciones que se podrían hacer durante su período de gobierno.

Pepe era más de consultar, debatir y escuchar, poner la primera y luego la marcha atrás. Eso de alguna manera le ataba las manos. Tabaré, en cambio, es de decidir, y en este caso de UPM, de pronto ese estilo que a algunos les parece medio monárquico está dándole buenos resultados.

El horizonte que con gran acierto trazan Vázquez y el Pepe es muy claro.

Ahora a dar la batalla por UPM a la que seguirá la de ganar las elecciones de 2019.

Y luego, o mientras tanto, dar la batalla cultural, que el Frente Amplio abandonó, definir un modelo de desarrollo que no tenemos y preparar otra etapa histórica superadora.

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