Verdad y realidad en prensa y política

Por Rafael Bayce.

Sería demasiado ajeno al contenido esperado y deseado de esta columna que yo me explayara sobre los conceptos de ‘verdad’ y ‘realidad’, dos de las nociones más debatibles y debatidas de la historia del pensamiento humano. Es más fácil comenzar por lo que no-es real o lo que no-es verdadero, aunque tampoco eso es tan indudable como podría parecer en principio.

 

Ser y existir; verdad y realidad

Solo para empezar a remar en estos difíciles temas, se podría decir que la ‘realidad’ se refiere a la existencia u ocurrencia o no de algo, sensible o intelectivamente; la ‘verdad’, a la correspondencia de algo afirmado acerca de algo existente u ocurrente, sea material-sensiblemente (existencia), o ideal-intelectivamente (significado).

Si me deja complicárselo un poquito, lector, y puede hasta saltearse quizás esta línea, ‘ser’ (campo de la metafísica desde Aristóteles) difiere de ‘existir’ (campo de la ontología, desde el neoaristotelismo) en términos metafísicos clásicos, para los que el ‘er’ se opone a la ‘nada’ y el ‘ente’ es el ‘ser existente’; de modo que algo puede ‘ser’ -configurar un ‘objeto perceptible o percibido’- sin existir si su potencialidad no se ha actualizado en algo sensiblemente perceptible o intelectualmente captable, comprensible.

Desde los idealistas del siglo XVIII, ese ser existente que es el ente sensible o comprensible solo lo es en la medida que pueda ser percibido o comprendido por alguien: existir, ser ente, ser existente, entonces, es ‘ser percibido’, por otro. Obsérvese que la actualidad de lo existente no es igual a la de lo comprensible, porque lo perceptible es real aunque pueda no haber sido percibido aún; un planeta ya era aunque no hubiera sido descubierto, pero no existe hasta que no haya sido observado o al menos calculado como muy probablemente existente; la existencia, solo posible desde lo percibido en el idealismo clásico es más exactamente expresable como necesariamente perceptible para existir, ser fuera de sí, más que actualmente percibido. Por eso un planeta nunca antes visto se considera preexistente al momento en que fue percibido por primera vez si muestra signos de que no acaba de nacer. La perceptibilidad define la existencia, más que su percepción actual.

 

Formas a priori de percibir y comprender

Esto plantea problemas que prefiguró Aristóteles, pero recién, avanzado el siglo XVIII, Kant empezó a solucionar: Kant decía que tenemos ‘formas a priori de la sensibilidad’ (vista, oído, olfato, tacto, etc., intelecto pasivo en el pionero lenguaje aristotélico) que nos permiten percibir o no lo existente, de modo que nuestra percepción de lo ‘real’, de los ‘objetos perceptibles’ (es, existe, es perceptible, percibido) depende del equipamiento sensorial, original o construido, que tenemos para registrar representaciones de lo que es. Del mismo modo, la percepción del significado, u otros atributos de las representaciones no sensibles, depende del equipamiento intelectivo del que se disponga por cada sujeto percibiente, las ‘formas a priori del entendimiento’ (conceptos, emociones, valores, intelecto agente en el lenguaje aristotélico-tomista).

No podemos entender lo que pasó desde determinada teoría o aparato conceptual si no conocemos esa teoría o esos conceptos. Los especialistas estudian ‘formas a priori del entendimiento’ para tener una comprensión superior a la de los que no lo han hecho. Así, también, los individuos pueden mejorar las ‘formas a priori de la sensibilidad’, la perceptibilidad sensorial, por el lado del objeto perceptible: bien equipando al objeto percibido con colores más vivos, sonido amplificado, sabores diversos, superficies táctiles modificadas, etcétera, o bien mejorando los modos de percibir del ‘sujeto percibiente’ (lentes, microscopios, telescopios, auriculares, etc.).

De modo que nuestra percepción de lo ‘real’ es de lo ‘existente’, disponiendo de modos de conocerlo sensible o intelectualmente; esas representaciones, sensoriales o conceptuales, pueden ser parte del equipamiento sensorial de la naturaleza de cada sujeto percibiente, o no. No es el mismo el equipamiento sensorial naturalmente original de un perro que el de un ser humano, tan superior el canino; aunque el equipamiento conceptual natural del ser humano lo aventaja. Pero el equipamiento sensorial de la especie humana -y no de cada individuo- puede volverse superior al canino ya que ha inventado medios artificiales naturalmente ausentes del equipamiento perceptivo sensorial de los individuos pero potencialmente presentes si requeridos (‘Pasame los lentes, Vieja, que así no veo’). La especie canina, en cambio, no ha aumentado su potencialidad perceptiva individual mediante un equipamiento científico tecnológicamente inventado como la especie humana ni aparentemente ha desarrollado tampoco el equipamiento conceptual, sus formas a priori del entendimiento, como los humanos.

 

Formas naturales y formas construidas; directas o mediadas

Lo más importante de todo esto para nuestro tema es que lo que creemos existente, real, está compuesto por aquello que percibimos por nosotros mismos, con nuestras formas a priori de la sensibilidad, y por aquello comunicado como real y verdadero por otros que median como sujetos percibientes o comprensivos si nosotros no estamos presentes como para percibir sensiblemente por nosotros mismos algo, o si no poseemos a priori conceptuales suficientes, o no nos surgen rápidamente para interpretar lo sensiblemente percibido.

Es decir que nuestra evaluación de algo como real o verdadero depende de las formas a priori de la sensibilidad y del entendimiento de nosotros mismos o de quienes nos comunican la realidad y el significado de algo, mediando entre el objeto perceptible percibido y nuestra percepción significativa de él.

Las mediaciones por otros son cada vez más abundantes que las presencialmente nuestras en el total de la masa de todo lo sensopercibido y comprendido. Incluso, cuando estamos presentes y podríamos mediar nosotros mismos, nos dejamos influir por supuestos mejores -o más veloces- mediadores que nosotros en la percepción y comprensión de los objetos u ocurrencias; tendemos crecientemente a adoptar las percepciones y explicaciones-opiniones de mediadores supuestamente más calificados que nosotros, o bien porque están presentes donde estamos ausentes, o bien porque son más veloces en articular una descripción o evaluación de hechos y dichos. Y también tenemos la creciente costumbre de adoptar la mediación ajena, pero enmascarándola como concebida por nosotros. Es extraordinario ver cómo los espectadores de fútbol, a la salida del estadio o al final de un partido visto en pantalla, opinan en general lo que los comentaristas han dicho, pero retocándolo de modo de parecer que no lo adoptaron, sino que se les ocurrió a ellos; aunque eso sucede en todos los campos de la realidad mediada por ‘especialistas’, es más fácil de ver en el fútbol.

 

Prensa y política como mediadores

No es de extrañar, entonces, que cuando los poderosos o ricos entendieron que en el mundo cada vez se les presta mayor cantidad de la atención a hechos no directamente presenciados o a dichos no suficientemente comprensibles por cualquiera, el papel de los mediadores comunicacionales crezca y se vea como crucial en la construcción del sentido común y de la opinión pública.

Entonces, el papel teóricamente objetivo, neutral, imparcial, desapasionado y desinteresado que tendrían o debieran tener los mediadores de la realidad, el significado, la evaluación moral o la estética, se ve crecientemente presionado, cooptado o comprado por intereses económicos y político-ideológicos para la definición, comprensión y evaluación de lo verdadero y real.

A partir de esa evolución, se eligen los hechos, sus contenidos y modos de comunicación teleológicamente informados por fines distintos de aquellos que originariamente llevaron a los sujetos a recurrir a esos mediadores creyentes en sus ventajas para la percepción de verdades y realidades cuando la no presencialidad sensorial y la ignorancia conceptual relativa parecían pedir por mediadores de acceso.

El crecimiento de los hechos y dichos no presenciables o entendibles, que se cree necesitar por curiosidad, diversión o interés, lleva a una multiplicación de los mediadores entre objetos y sujetos, a su creciente importancia como mediadores de hechos y dichos para un creciente número de objetos perceptibles y a entender. Su contaminación por los intereses económicos y político-ideológicos tenía, casi necesariamente, que suceder. Son casi inconcebibles quienes no sean ‘mediadores mamaderas’ de este o aquel. Sea por la financiación del medio en que trabajan, su signo político-ideológico editorial, las conveniencias más o menos ‘políticamente correctas’ en la elección de temas, opiniones y estilo, o sesgos propios, con la creciente importancia de los mediadores comunicacionales en la conformación de la verdad y realidad del mundo, los mediadores comunicacionales y, de entre ellos, los políticos, devienen las nuevas formas a priori de la sensibilidad y del entendimiento en la percepción de los hechos, que pasan a tener existencia solo en la medida de su intercambiabilidad y presencia interactiva en los medios de comunicación, las redes sociales y el rumor interactivo cotidiano.

Lo real y lo verdadero, teórica y originalmente construidos desde formas a priori de la sensibilidad, parte del equipamiento sensorial naturalmente primigenio de los sujetos cognoscentes y desde su interpretación mediante las formas a priori del entendimiento de los mismos sujetos, dependen ahora de lo que los mediadores comunicacionales -y los políticos- constituyan como realidad y de lo que construyan como significado verdadero.

Los medios de comunicación de masas e interpersonales públicos ocupan hoy el más importante lugar en la construcción de lo que es creído como real y verdadero: el de ser las nuevas formas a priori de la percepción sensorial, porque suyas son las imágenes y representaciones que circulan como reales y verdaderas, aunque ahora ya no son de la dotación natural primigenia, sino producto de la construcción científico tecnológicamente anclada; igualmente constituyen las nuevas formas a priori del entendimiento (creencias, valores, emociones, moral, estética, etc.). La comunicación política parte de esas nuevas y fundantes mediaciones, no persigue la verdad ni la realidad, -aunque finja basarse en ellas y no herirlas ni faltar a ellas en general-, sino a la convicción orientada a la acción política (i.e. voto), a opciones parciales dentro de las perceptibles y comprensibles. Por eso hoy son menos posibles que nunca las utopías de la objetividad, neutralidad, imparcialidad, ecuanimidad y otras si entramos en el ámbito político.

3 comentarios en «Verdad y realidad en prensa y política»

  1. Muy completo y detallado, aunque entenderán las mayorias, «..por eso hoy son menos posibles…»
    la complejidad del mundo actual con las GAFA y otras chinas, conociendo cada uno de nuestros deseos y manipulando nuestras conductas….

  2. Avatar nestor.casanova.1958@gmail.com | el 4 agosto, 2020 a las 10:36 am | Responder

    Un verdadero lujo este artículo. Su materia es tan importante que merecería una serie de trabajos expositivos, con aportes de ejemplos ilustrativos. Es que el tema, hoy, quema. Muchas gracias por estar ahí

  3. Excelente. Es manifiesto el inmenso poder de los medios.

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