Volviendo

Por Eduardo Platero.

Luego de un involuntario paréntesis en esta actividad que me entretiene, vuelvo a las páginas que ocupo desde hace años en la revista. Como siempre, escribo el domingo para la publicación del próximo viernes que ya será 6 de julio y nos encontrará pendientes de lo que le pase a la Selección que deberá enfrentarse a una Francia muy veloz que dejó por el camino a Argentina. Fue un partido electrizante en el cual cayeron nuestros hermanos que pueden volver con la cabeza en alto. La pelearon, metieron eso que pedimos siempre como si el ‘coraje’ fuera la única receta. Sin fútbol de poco valen las ganas. Como siempre pienso en mis compañeros del movimiento sindical, razono en función de las menciones radiales…Compañeros: no importa la razón y el derecho cuando la fuerza no es suficiente; cuando la oportunidad no es propicia y cuando la gente no te acompaña. Naturalmente, por una cuestión moral, no debemos luchar por algo injusto. Dudo que un reclamo manifiestamente injusto convenza a los compañeros y estoy seguro de que nos pondría la población en contra. Pero todo tiene que ver con la correlación de fuerzas. No suscribo la teoría del ‘suma cero’ que postula que hay una cantidad limitada de fuerza y que únicamente podrá crecer la tuya,  si disminuís la del contrario. Algo de eso hay pero el apoyo o rechazo respecto a tu reclamo inclina la balanza. Hay que lograrlo, organizar tu fuerza, elegir el momento y golpear a sabiendas de que no todo depende de tu esfuerzo y tu razón. Si únicamente se tratara de la justicia del reclamo ya no habría patrones explotadores ni gobiernos que les sean dóciles. Pero me estoy desviando. El sábado me fui a dormir, como siempre a medianoche, un poco molesto porque la audición de mis tangos de cierre de jornada había sido perturbada por los desafinados y entusiastas cantos de los ciudadanos que prolongaban el festejo por el triunfo ante Portugal. Yo también estaba contento y estoy esperanzado. Por lo que se ve, no somos peores que nadie y tampoco ostensiblemente superiores. Toda ilusión tiene cabida y si no llegamos no será vergüenza. Yo también quiero pensar que podemos. Se verá. Pero el clima de la noche del sábado, con sus cánticos, perturbaba esa mezcla de nostalgia y recuerdos que me acompaña a la hora de dormir. Me fui a la cama pensando: “Cante, cante, compañero, el lunes empieza julio y le caerán encima las cuentas”. Que el alquiler, que la luz, ¡que la o las tarjetas! Todo ese mundo de cosas a pagar que te devoran el sueldo que ahora ni ves. Antes era algo físico, dinero dentro del sobre, ahora es una información del cajero. Y tras de eso…¡empiezan los descarnadores! Que en una semana te dejan un resto chiquitito con todo un largo mes por delante. ¡Con cinco domingos! Sin embargo hoy me levanté más comprensivo. Pobre vas a serlo sin triunfos o con triunfos de la Selección. Por lo menos unos días de alegría y sueños no viene mal en este gélido invierno que siempre fue muy especial por los presupuestos oficiales y los ajustes salariales de los convenios. No es casualidad, ni capricho, que bajo gobiernos blancos y colorados hayamos tenido Medidas Prontas de Seguridad en junio y julio. Era una forma de intentar debilitar nuestra lucha. Comprendo que haya quienes estén preocupados en el Parlamento por averiguar si hubo o no ‘espionaje en Democracia’ pero me asombra un poco la ingenuidad con la cual algunos averiguan como si eso fuese algo nunca visto. ¡Vamos, vamos! ¿De dónde creen que cuando hacían razzias de militantes sindicales tenían nuestros domicilios al decretarse las Medidas? Las principales fuentes para averiguar la historia del movimiento sindical son las páginas policiales de los diarios y los archivos policiales a los que no podemos acceder. Los aparatos de espionaje están para espiar y espían con o sin orden expresa pero siempre ‘con conocimiento’. Mejor dicho, espían a todo el mundo y les comunican a sus superiores aquello que se les pregunta. Pero esto no libra a los ‘superiores’ de ser  también espiados. Recuerdo que Kennedy no pudo desprenderse del director del FBI porque este tenía copiosa y escandalosa información acerca del presidente y su familia.  Desde el filofascismo de su papá hasta sus deslices extramatrimoniales. En este caso no se aplica aquello de que ‘el saber te hará libre’ sino una variante: ‘el saber te hará poderoso’. Es curiosa la forma en que la convicción de que vivimos en un mundo violento y peligroso nos ha llevado a reclamar que se nos espíe. ¡Que pongan cámaras! ¡Que pongan patrullas! ¡Que el Ejército en la calle! Reclamo tan irracional como sentido. Nadie se ha puesto a pensar que todos los efectivos armados no serían suficientes para cubrir todas las esquinas de Montevideo. Cada uno de los atemorizados, en realidad, lo que quiere es un ‘botón’ en su esquina y uno en cada lugar por donde transita. Aquello de ‘¿quién custodia a los custodios?’ se nos ha ido olvidando. Hemos ido transitando, junto con todo el mundo, porque esto es un proceso universal, de una preocupación permanente y de principios respecto de las libertades a un reclamo de seguridad. ¡Seguridad a cualquier precio! Dentro de la infinidad de males que trae consigo la vejez, la constatación de que “estás jugando los descuentos” de algún modo te consuela. Lo peor está por venir. Pero aún vivo y lucho. A mi manera, tratando de pensar. No sé si se han dado cuenta de que en todos lados las políticas abiertamente favorables al capital y contrarias a la población se están imponiendo pese a las grandes manifestaciones en contrario. En Francia, Macrón cerró contra los ferroviarios, tal vez el sindicato más poderoso y representativo (algo así como la carne en el Uruguay de los años 50) y lleva adelante sus reformas reaccionarias pese a la dureza de la resistencia. A Dilma la derribaron y encarcelaron a Lula sin que les importara el precio. Será Temer u otro, pero la destrucción del Brasil potencia y abanderado de los pobres ha sido consumada. Macri sigue adelante, con plata prestada y un hábil juego de mosqueta, en medio de la protesta social tiró el tema del aborto y cambió los ejes. Después verá cómo paga el endeudamiento, pero lleva adelante su política privatizadora. A uno le da la impresión de que ya sabe la forma en que pagará y que sus acreedores también lo saben y lo aceptan: pagará con la entrega de las empresas públicas y de las riquezas minerales. El destino de nuestros vecinos y hermanos parece sellado, pese a la resistencia popular: serán naciones pobres, con empresarios ricos y extranjeros y con la resistencia popular domada. Creo que tenemos que considerar dos cuestiones. La primera, un autoexamen riguroso de nuestra capacidad de lucha. Y esto tiene que ver con el grado de organización. La claridad ideológica y la capacidad de coordinar las luchas. Lo segundo, compañeros, es cuán indiferentes podemos ser respecto de una elección en la cual se juega la continuidad de este modelo que nos puede irritar pero no intenta aniquilarnos o su cambio radical. ¿Alguien puede creer que podemos esperar tiempos mejores si pasa a gobernar la derecha?  

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