En el año 2014, (el ex intendente Marcos) Carámbula invitó a todas las mujeres presas a una reunión en el Lumière. Yo, que había estado presa y me habían dicho que si volvía a Santa Lucía me dejaban enterrada, estuve como treinta y cinco años sin volver, pero gracias a eso me reencontré con mis compañeras. Éramos cinco o seis, comimos en una pizzería riquísima en frente a la plaza y todas nos preguntamos: “¿Tú no contaste lo que te pasó? Yo tampoco”, o “Yo ni a mis hijos”… y ahí dijimos que tenemos que hablar. Así surgió el primer documental, ‘Voces de Santa Lucía’, que lo hicimos con un sentido de total respeto a los Derechos Humanos. A pesar de que la izquierda fue una de las más atacadas en esa época, hubo blancos y colorados que también lo sufrieron, por eso estos documentales es un respeto absoluto a los DD.HH., no es una propaganda ni política, ni religiosa, ni sexual, ni racial… es defensa a lo que nos une: el amor a la vida, la salud, la vivienda, la educación, la cultura, la paz, la libertad y la democracia. Para que nunca más nuestro país llegue a un período como ese. Yo llevo años defendiendo el papel que tuvo el interior para restablecer la democracia, porque mientras muchos estaban en la cárcel, el interior se siguió movilizando. Acá no nos interesaba quién era socialista, comunista, anarco… ni lo sabíamos… éramos todos compañeros y queríamos que vuelva la libertad. Entonces, después decidimos hacer otro (documental) con más información y honorariamente vino un muchacho de Montevideo, sin pagarle un centésimo.