Tenemos que llevar más gente a ver nuestras películas. ¿Significa eso dejar de contar lo que quiero? En absoluto. ¿Significa que el público no está capacitado para verlas y entonces hay que formarlo? No me parece, y lo demuestra cuando paga para ver ópera, teatro u otro cine que le resulta interesante. Escribir el guion y dirigir la película son dos habilidades totalmente diferentes, e incluso en los países con industria y gran industria son pocos los casos donde se juntan en la misma persona. Allí está nuestra principal debilidad.
¿Cómo te hace sentir el hecho de que, hasta el día de hoy, es una película tan recordada?
Que tu trabajo no solo sea recordado, sino que además se haya integrado al imaginario colectivo, es la mayor recompensa imaginable. Cuando la estrenamos en Melo un hombre se acercó y con una gran sonrisa me comentó: “Hoy la vengo a ver por sexta vez”. Me pareció comprensible porque era un lugareño y quizás tenía razones personales o familiares para ello. Pero con el paso de los años he conversado con público montevideano o de la costa que la vio siete y ocho veces, y eso sí me llamó la atención, hasta que una muchacha en uno de esos intercambios me dijo: “La película me hace bien”. No se puede pedir mucho más que eso.
¿Cómo recordas el rodaje? ¿Sería diferente si la realizaran hoy?
El rodaje fue intenso, con gran demanda física y psíquica. No solo porque estaba trabajando a la par con César Charlone, un profesional con mucho talento y oficio en el set, sino porque era mi debut en todo sentido. Y entonces yo tenía dos preocupaciones: aprender rápidamente para estar a la altura del desafío, y a la vez cuidar que nada del guion quedara sin cubrir, sin atender en detalle como habíamos previsto de antemano. Con el transcurso de los días de rodaje, afortunadamente, pude comprobar la utilidad de haber visto y estudiado cine por mi cuenta durante tantos años.
El resultado y la vigencia de la película me lleva a pensar que, si la realizáramos hoy, lo haríamos con la misma convicción, las mismas ganas, el mismo cariño. Aunque no estaría mal más dinero disponible para la productora Elena Roux.
Con la visita del nuevo Papa tan cercana, ¿Sentis que podrían existir historias en 2026 como las que refleja el film? ¿Sigue siendo tan importante el Papa para nuestra sociedad?
Mirando fotografías tomadas el 8 de mayo en Melo, se puede ver en las veredas grupos de diez o doce personas, no mucho más, saludando al papa en su recorrido, antes de su discurso (no misa) en la Explanada de la Concordia. Pero la escasa religiosidad uruguaya es una cosa y la posibilidad de paliar la chicoria de una familia es otra. En esta visita de León XIV doy por descontado que los creyentes acudirán con devoción para celebrar la presencia de su autoridad máxima, pero es una total incógnita para mí saber qué hará la gente que habitualmente se activa para generar algún beneficio con la presencia de multitudes, y qué decisión tomará aquella otra que tal vez vea en el evento una posibilidad única, irrepetible, de mejorar su vida. Porque la esperanza no caduca.