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Cultura | El baño del Papa

Enrique Fernández, co-director de "El baño del papa": "Tenemos que llevar más gente a ver nuestras películas"

La película, una de las más recordadas de la historia del cine uruguayo, regresa a la pantalla grande buscando conquistar a un nuevo público y deleitar a quien ya la disfrutó.

Existen pocas películas nacionales (lamentablemente) que puedan darse el lujo de haber pasado al imaginario popular; es decir, trascender su paso en salas y convertirse en un clásico, una cinta de referencia a la hora de hablar de cierta corriente o que se recuerde a lo largo de los años como una de las mejores dentro de la filmografía de un país. Ese es el caso de El baño del Papa, notable cinta de Enrique Fernández y César Charlone que dio la vuelta al mundo gracias al talento de los directores para tomar lo que podría leerse como una anécdota sencilla (un hombre que, por motivo de la visita del Papa Juan Pablo II a Melo, decide construir un baño para hacer un dinero extra, con muchas dificultades en el camino) y dotarla de tensión, drama y también de profunda empatía, con trazos de costumbrismo que la hacen sumamente original y el aporte de naturalidad que imprimen sus protagonistas, César Troncoso y Virginia Méndez. Con motivo de este reestreno pudimos conversar con Fernández sobre la huella que dejó el film en el cine uruguayo, el recuerdo del rodaje y la inminente llegada de un nuevo Papa al país.

¿Cómo fue volver a ver 'El baño del Papa' para este reestreno? ¿Hace mucho no la veías?

Sucede que siempre me ha gustado mucho conversar con el público después de cada función, y desde fines del año pasado la película se ha exhibido en varios lugares aquí en Uruguay. Por eso la he vuelto a ver, por lo menos fragmentos, en esas ocasiones. De todas formas, mirarla entera en este reestreno, con excelente calidad de imagen y sonido y en pantalla grande, será sin duda una instancia muy grata.

La película marcó un antes y un después para el cine uruguayo. ¿Cuáles son los cambios más notorios que ves en nuestra industria desde ese estreno original?

Como sucede en todas partes, nuestra cinematografía tiene problemas para encontrar historias que atraigan a un público amplio, como se supone el cine debe hacer. Los fondos del Estado son el factor determinante, porque sin ellos sería imposible producir películas, pero no se ha encontrado un mecanismo que permita premiar trabajos con mejor resultado de espectadores. Y en mi opinión los espectadores importan no solo porque son el obvio destinatario de este medio, sino porque esos recursos monetarios provienen de los aportes de la ciudadanía. Dinero para los fondos, dinero al abonar la entrada, yo siento que debo devolverles tanto como pueda con la película que hago. Un justo quid pro quo.

Tenemos que llevar más gente a ver nuestras películas. ¿Significa eso dejar de contar lo que quiero? En absoluto. ¿Significa que el público no está capacitado para verlas y entonces hay que formarlo? No me parece, y lo demuestra cuando paga para ver ópera, teatro u otro cine que le resulta interesante. Escribir el guion y dirigir la película son dos habilidades totalmente diferentes, e incluso en los países con industria y gran industria son pocos los casos donde se juntan en la misma persona. Allí está nuestra principal debilidad.

¿Cómo te hace sentir el hecho de que, hasta el día de hoy, es una película tan recordada?

Que tu trabajo no solo sea recordado, sino que además se haya integrado al imaginario colectivo, es la mayor recompensa imaginable. Cuando la estrenamos en Melo un hombre se acercó y con una gran sonrisa me comentó: “Hoy la vengo a ver por sexta vez”. Me pareció comprensible porque era un lugareño y quizás tenía razones personales o familiares para ello. Pero con el paso de los años he conversado con público montevideano o de la costa que la vio siete y ocho veces, y eso sí me llamó la atención, hasta que una muchacha en uno de esos intercambios me dijo: “La película me hace bien”. No se puede pedir mucho más que eso.

¿Cómo recordas el rodaje? ¿Sería diferente si la realizaran hoy?

El rodaje fue intenso, con gran demanda física y psíquica. No solo porque estaba trabajando a la par con César Charlone, un profesional con mucho talento y oficio en el set, sino porque era mi debut en todo sentido. Y entonces yo tenía dos preocupaciones: aprender rápidamente para estar a la altura del desafío, y a la vez cuidar que nada del guion quedara sin cubrir, sin atender en detalle como habíamos previsto de antemano. Con el transcurso de los días de rodaje, afortunadamente, pude comprobar la utilidad de haber visto y estudiado cine por mi cuenta durante tantos años.

El resultado y la vigencia de la película me lleva a pensar que, si la realizáramos hoy, lo haríamos con la misma convicción, las mismas ganas, el mismo cariño. Aunque no estaría mal más dinero disponible para la productora Elena Roux.

Con la visita del nuevo Papa tan cercana, ¿Sentis que podrían existir historias en 2026 como las que refleja el film? ¿Sigue siendo tan importante el Papa para nuestra sociedad?

Mirando fotografías tomadas el 8 de mayo en Melo, se puede ver en las veredas grupos de diez o doce personas, no mucho más, saludando al papa en su recorrido, antes de su discurso (no misa) en la Explanada de la Concordia. Pero la escasa religiosidad uruguaya es una cosa y la posibilidad de paliar la chicoria de una familia es otra. En esta visita de León XIV doy por descontado que los creyentes acudirán con devoción para celebrar la presencia de su autoridad máxima, pero es una total incógnita para mí saber qué hará la gente que habitualmente se activa para generar algún beneficio con la presencia de multitudes, y qué decisión tomará aquella otra que tal vez vea en el evento una posibilidad única, irrepetible, de mejorar su vida. Porque la esperanza no caduca.

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