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¿Qué pasó realmente en Francia?: desde París, Eugenia Sanin analizó las protestas para Caras y Caretas

Desde París, Eugenia Sanin analizó las protestas en Francia y sostuvo que, mientras las imágenes de los disturbios concentraron la atención, hubo una manifestación masiva y pacífica que quedó en segundo plano.

Las imágenes de disturbios, enfrentamientos y destrozos en Francia recorrieron el mundo el sábado 17 de octubre. Sin embargo, detrás de las escenas que dominaron las redes sociales, hubo otra realidad que, según la profesora universitaria María Eugenia Sanin, merece ser contada, una movilización masiva y pacífica que reunió a estudiantes, sindicatos y chalecos amarillos en torno a una reivindicación común, el deterioro del poder adquisitivo.

Entrevistada en Legítima Mañana, de Caras y Caretas, Sanin, profesora en la Universidad París Este Créteil, analizó desde Francia el desarrollo de una jornada marcada por las protestas sociales, las dificultades para acceder al recorrido autorizado y las interrogantes sobre el accionar de las fuerzas de seguridad.

«Había una manifestación que es importante saber que ya desde hace dos semanas al menos, tal vez más, pero desde hace dos semanas era claro que los chalecos amarillos se iban a unir a la manifestación y a las reivindicaciones de los estudiantes en Francia el 17 de octubre», explicó.

Según la docente, la convocatoria no tomó por sorpresa a las autoridades. La fecha estaba definida desde hacía tiempo y era conocida por el Gobierno, los sindicatos y la población. La principal particularidad, señaló, fue que el recorrido de la movilización se comunicó con muy poca anticipación, pese a que se esperaba una concurrencia importante.

Costo de la vida y la pérdida de poder adquisitivo

La unión entre los chalecos amarillos y los estudiantes tenía un punto central, el costo de la vida y la pérdida de poder adquisitivo. La consigna elegida para la convocatoria sintetizaba esa convergencia: «Fin del mundo, fin de mes, un mismo combate».

El movimiento de los chalecos amarillos surgió en 2018 como expresión del descontento social, con reivindicaciones vinculadas al costo de vida y a la injusticia social. Su incorporación a la protesta estudiantil apuntaba a reunir distintas generaciones y sectores sociales alrededor de preocupaciones compartidas.

En París, explicó Sanin, estaban previstos dos recorridos autorizados. Uno correspondía a la movilización interfacultades, con punto de partida en la plaza de la República. El otro reuniría a los sindicatos y a los chalecos amarillos, desde esa misma plaza hacia la plaza de Clichy.

La docente sostuvo que la organización de las manifestaciones en Francia contempla la coordinación entre los convocantes y la prefectura, que acepta el recorrido y dispone el operativo de seguridad para permitir que la movilización se desarrolle.

«Se organiza para que ese recorrido se pueda realizar sin ningún inconveniente», resumió. Sin embargo, a su entender, lo ocurrido el sábado se apartó de ese procedimiento habitual.

El operativo policial, bajo cuestionamiento

Uno de los aspectos que Sanin consideró más llamativos fue lo ocurrido antes del comienzo formal de la manifestación. Según relató, la convocatoria estaba prevista para las 14:00, pero ya alrededor de las 12:30 la plaza de la República se encontraba afectada por el uso de gases lacrimógenos.

La docente mencionó especialmente el caso de la Orquesta del Nuevo Mundo, que suele acompañar las movilizaciones estudiantiles y que, según su relato, estaba ensayando para participar en la marcha cuando sus integrantes fueron alcanzados por los gases.

«Gaseaban a los músicos antes de la hora de comenzar el cortejo», afirmó durante la entrevista.

Sanin también señaló que periodistas de Le Monde habían informado que debían abandonar la plaza porque no podían respirar. Según su reconstrucción, el espacio previsto para la concentración quedó bloqueado y las personas que llegaban para participar de la movilización tuvieron dificultades para acceder al punto de encuentro.

La situación, sostuvo, afectó especialmente a las familias que acompañaban a los estudiantes. Al tratarse de una protesta estudiantil, muchos padres habían acudido para respaldar a sus hijos y evitar que sufrieran incidentes. Con la plaza cerrada, los manifestantes debieron desplazarse por calles aledañas para intentar incorporarse al recorrido.

«Las calles alrededor de París eran como un hormiguero de gente con pancartas, con chiquilines», describió.

La profesora cuestionó que, en lugar de facilitar el acceso al trayecto autorizado, las fuerzas de seguridad bloquearan calles y dificultaran la circulación de quienes buscaban sumarse a la marcha.

Dos realidades detrás de las imágenes

Para Sanin, uno de los principales problemas al interpretar lo sucedido es que las imágenes de los disturbios pueden dar una impresión incompleta de la jornada. Mientras los enfrentamientos y los destrozos concentraron la atención, la movilización pacífica quedó relegada en el relato de lo ocurrido.

«Una vez que uno pasaba por el cortejo, el cortejo era masivo y completamente pacífico», sostuvo.

La docente planteó interrogantes sobre la distribución y el comportamiento de los efectivos policiales en distintos puntos de la ciudad. Aclaró que no es especialista en seguridad, pero dijo que algunas escenas le generaron dudas sobre las prioridades del operativo.

«Era como que los policías estaban asignados a crear caos en un lugar y no proteger a los comerciantes», expresó, al referirse a lo que observó durante la jornada.

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