ver más

Hacete socio para acceder a este contenido

Para continuar, hacete socio de {}. Si ya formas parte de la comunidad, .

{# Opciones de Suscripción #} {# DESCOMENTAR AL IMPLEMENTAR: #} {# {% for n, m in this.getPaywallPlans('thinkindot', 'plans') %} {% if (m.tab == "all" or m.tab == "mensual") %} #}

{{m.shortDescription}}

{{m.title}} {{m.price}} mensual
{# {% endif %} {% endfor %} #} {# estos links no sé como se llenarian #}

No es lo mismo una chica muy mona que una mona muy chica

Por Alberto Grille.

Extremoduro no es sólo un grupo de rock, es una manifestación muy expresiva sobre las cosas que hay que conocer en este país en lo que hace a lo que sale en la prensa. Sería necesario estar muy alerta y multiplicar energías para proteger a la población ante un poder impune que a través de la inculcación malintencionada trabaja todos los días, de día y de noche, para interrumpir el ciclo, tan beneficioso para la gente, iniciado con los gobiernos progresistas a partir del año 2004 y procurar un adecuado clima de negocios que le sea favorable a un puñado de gente muy, muy rica de este país, que toda la vida vivió del Estado y que no escatimó en utilizar todos los métodos que les fuesen beneficiosos con tal de acaparar más y más poder y riquezas.

En esta edición les proponemos observar lo extremo de la manipulación mediática de este instrumento de construcción de odio social llamado El País.

En la edición del 5 de junio de 2016 esta empresa política de opinión titulaba: ‘La mitad del Panes no logra salir de la pobreza/42% que va hoy a comedores del Estado lo hacía en 2007′.

Lo ponemos en negrita para que lo recuerden pues pretendemos que esta mentira se difunda a lo largo y ancho del cosmos para mostrar el modus operandi de la manipulación política.

Recordemos que en 2004, cuando el Frente Amplio (FA) llegó al gobierno, la pobreza en Uruguay llegó casi a 40% y que en 2016, de cuando data este artículo, la pobreza había bajado a cerca de 10%.

Este dato tiene el propósito de contextualizar, porque si hablamos de logros en materia de pobreza, el titular en negrita parecería verdaderamente sorprendente pues iría a contrapelo de la estadística, de las matemáticas y hasta de la intuición.

Para comprender mejor semejante bandideada es necesario saber que el Panes, desde sus orígenes, no apuntaba a trabajar con la totalidad de la pobreza y que se planificó para abordar solamente a los 40.000 o 50.000 hogares más pobres, algo así como 10% de la población.

Contemos que, según registros del Mides, cerca de 105.000 hogares pasaron por el Panes entre 2005 y 2007, momento en que culminó el mismo y se comenzó a desarrollar el Plan de Equidad, una iniciativa mucho más ambiciosa y amplia que comienza en 2008, como contamos en el artículo anterior.

El 10% de la población del país eran y siguen siendo unas 350.000 personas; pasaron por el Panes algo más, unas 400.000, pues los hogares de menores ingresos, como es sabido, tienen más hijos y son más numerosos.

El Panes fue el emprendimiento de políticas asistenciales, que no es lo mismo que políticas sociales, más importante de las últimas décadas y dentro de sus innovaciones presentó un conjunto de características dentro de las cuales queremos rescatar al menos dos. La primera es que no se basó solamente en la declaración de ingresos de los hogares, sino en un relevamiento exhaustivo de las condiciones de vida de la población, y la segunda, que los criterios de selección de la población fueron un conjunto de instrumentos propuestos por la Universidad de la República que se basaban en una valoración estadística de atributos de la población que impedían la manipulación de los mismos por los actores involucrados, de modo de evitar todo tipo de trampas y efectos clientelares.

Todo esto que decimos tal vez el lector no lo conocía. Esto lo presumimos porque tampoco lo sabíamos nosotros y sólo lo supimos cuando el llamativo titular de El País nos indujo a averiguarlo.

Así concebido, el Panes parece una revolución nacional poco rescatada por los cronistas.

Sin embargo, esos instrumentos no son homologables a las mediciones de pobreza por ingresos que usa nuestro país –y también usan todos los demás países–, que dan cuenta sólo de la dimensión monetaria de la pobreza.

Titular una nota diciendo que “la mitad del Panes no logra salir de la pobreza” es una gran sinvergüenzada porque nunca el Panes tuvo el propósito de sacar de la pobreza; porque en el plan estaba solamente 25% de los hogares pobres de 2005 y porque estaban sólo los más pobres, los de la pobreza más dura, y porque la dimensión de la pobreza que miden las estadísticas no tiene nada que ver con los criterios que llevaron a seleccionar a los adjudicatarios del Panes, y además porque no se corresponde con ninguno de los datos que maneja El País y que son los que el propio Mides suministró. Por tanto, titular que “la mitad del Panes no logra salir de la pobreza” ya denota mala intención o incomprensión profunda de lo que se está hablando.

Habida cuenta de la copiosa producción en materia de información que el Mides brinda al propio diario El País y las explicaciones a la medida que brindan sus técnicos a los periodistas semanalmente, que incluyen publicaciones y coberturas de seminarios sobre el tema, parece, como hemos dicho en otros artículos, una verdadera porquería.

Pero para que no haya duda de la mala fe, de la tergiversación explícita de triple franja, transcribimos el primer párrafo de la nota que obviamente escribió el periodista y tergiversó el editor y que plantea una sutil pero gigantesca diferencia con el título.

“Casi la mitad de las personas que concurren hoy a comedores o merenderos estatales hace siete años eran usuarios del plan de alimentación del primer gobierno del Frente Amplio, por lo que no han logrado salir de una situación de extrema pobreza”.

Un lector desatento habría sido violado en su conciencia y ya se habría convencido de lo que dice el título. Pero se habría equivocado de cabo a rabo porque si se lee con cuidado, el párrafo dice que casi la mitad de los que concurren a comedores (en 2013) estuvieron en el Panes, y no dice que la mitad de los que estuvieron en el Panes hoy van a comedores.

Resulta que la población que estuvo en el Panes y en 2013 fue a comedores de INDA son algo más de 1.000 personas (1.096 según los sistemas de información del Mides) y eso es lo que dice el periodista, citando una investigación comentada por el Banco de Previsión Social (BPS). Luego dice que 42% de los que iban a comedores en 2007 hoy siguen yendo.

¿De dónde saca El País entonces que la mitad del Panes no ha salido de la pobreza?

La única información que remite a una comparación entre la época del Panes y estos días es la que refiere a los comedores; la inducción a la comprensión errónea del tema es tácita y queda librada al lector, encubriendo el hecho de que los comedores del INDA y el Panes son dos cosas distintas y que los primeros no eran parte del segundo siendo muy anteriores en el tiempo. El único juicio explícito y fenomenalmente tramposo es que “la mitad del Panes no logra salir de la pobreza”. Lo vuelve a insinuar la frase del subtítulo, que dice que demuestra el hecho de que “42% que va hoy a comedores del Estado lo hacía en 2007”.

El artículo, más adelante, dice que el análisis de donde se saca la información fue elaborado por técnicos del BPS y que dicho informe “señala que del total de personas que concurren a comedores o merenderos, 42% vivió en un hogar que cobraba alguna prestación monetaria del Plan Nacional de Atención a la Emergencia Social (Panes), que funcionó entre 2005 y 2007 y buscaba atender fundamentalmente a la población más afectada por la crisis de 2002”.

Observemos ahora con información a la vista la ejecución de la estafa: la mitad del Panes son 200.000 personas; la población que concurre a comedores INDA en 2013 y estuvo en el Panes son 1096 personas.

En un ejercicio simple de lógica se puede comprobar que el titular de la empresa de opinión política llamada El País dice que hay un problema que involucra a la mitad de 400.000 personas, que en realidad involucra a 2.000. O sea que el titular de la publicación de esta empresa tergiversó una información mezclando intencionalmente partes de frases para multiplicar un problema por 200 con la idea de denostar los resultados por todo el mundo reconocidos de una política harto exitosa.

El nivel de ordinariez de la manipulación nos lleva a reflexionar sobre la posible sugerencia de incluir en algunas de las colecciones que abundan en internet sobre chistes de “no es lo mismo” la frase que elegimos para el título de esta nota.

Recordemos o informemos, además, que en el caso del Panes todos los evaluadores nacionales e internacionales que lo han valorado opinan que es una de las mejores experiencias en América Latina en cuanto a implementación y resultados.

En función de esta tergiversación brutal, se coleccionan luego un conjunto de párrafos que profundizan la estafa y el inculcación de la misma, como el que sigue: “Esto da cuenta que cerca de la mitad de usuarios de este programa se encontraban siete años atrás en situación de extrema pobreza y aún hoy siguen estando en una condición vulnerable”, admite la autora” (El País se refiere a la autora del informe).

De esta forma se pone en actores externos (la autora del informe) la afirmación de que la mitad del Panes no ha salido de la pobreza, cuando la autora está hablando de los comedores del INDA.

Seguiremos agregando semana a semana perlas a este collar estrangulador de la sociedad uruguaya, no sin manifestar la inquietud sobre dónde puede estar el límite de la manipulación.

Entendemos que en una guerra de clases como la que orienta las acciones de la empresa de opinión política llamada diario El País, y a la luz de esta democracia tan precarizada últimamente en este continente por este tipo de empresas, le sea dado como natural el derecho a la libertad de expresión. Es parte del juego y ojalá siempre lo sea, pero debería haber un límite algo más nítido sobre qué umbrales se pueden o no pasar cuando está el derecho a informase de la población en juego.

La izquierda no ha reflexionado lo suficiente sobre este asunto de la democracia y las empresas políticas de comunicación, sobre la manipulación organizada e intencionada que se esconde tras esa máxima liberal pero no tan liberadora de la “libre expresión” (sólo de algunos y sin derecho a la defensa de los otros) y sobre las consecuencias sociales y políticas de la concentración de los medios de comunicación por parte del poder económico y la capacidad de construcción hegemónica y antidemocrática que ello implica.

A la luz de los hechos recientes en el continente se impone una reflexión profunda para evitar la conculcación fáctica de los derechos políticos de los ciudadanos a través de empresas políticas de formación de opinión que son servicio y parte del poder económico.

Más Leídas

Seguí Leyendo