Biden insistió que el único objetivo de la intervención militar en Afganistán era la de “prevenir un ataque terrorista” en Estados Unidos y que quedarse era “repetir errores del pasado”. Señaló que heredó el acuerdo de Trump y que eligió continuarlo porque la otra opción era volver a pelear con los talibanes y hacer entrar el conflicto en su “tercera década”. Su única autocrítica tal vez fue aceptar que el retorno del grupo islamista radical sucedió “más rápido” de lo que su administración había estimado, aunque algunos medios estadounidenses reportaron que la Casa Blanca tenía informes de inteligencia que alertaban de un posible colapso inmediato. Sin embargo, sostuvo que el resultado era responsabilidad de Afganistán: “Los líderes de Afganistán se rindieron y se escaparon del país. El ejército colapsó sin querer pelear”.
Para Biden, Estados Unidos le dio al país asiático “todas las herramientas que necesitaba”, “pagó los salarios” y le brindó “apoyo aéreo”. “Las tropas estadounidenses no pueden y no deberían pelear una guerra y morir en una guerra que las fuerzas afganas no quieren pelear por sí mismas”, remarcó.
El discurso, que duró menos de 20 minutos, contentó a pocos. Una de las que apoyó a Biden fue la demócrata Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes. “Es crucial que Estados Unidos y la comunidad internacional se unan para proteger al pueblo de Afganistán, especialmente a las mujeres y niñas que enfrentan el mayor riesgo. El Talibán debe saber que el mundo está observando y que no tolerará su tratamiento brutal”, dijo en un comunicado.
Del lado republicano, por supuesto, la crítica es unánime. El senador republicano Mitt Romney, ex candidato a presidente, consideró que Biden falló en “reconocer su retirada desastrosa” y sostuvo que priorizar las promesas de campaña por delante de las vidas de “hombres, mujeres y niños” es una “mancha en la reputación” del país. Esa parece ser la expresión consensuada por el partido opositor para referirse al resultado en Afganistán. “Lo que hemos visto es un desastre sin mitigar, una mancha en la reputación de los Estados Unidos de América”, dijo el también republicano Mitch McConnel, jefe del bloque opositor en el Senado.
Pero los cuestionamientos hacia cómo se llevó a cabo la última etapa de la retirada, sobre todo en la última semana con la vuelta de los talibanes, no vienen solo del Partido Republicano. Más moderados en sus críticas, los demócratas apuntan a la falta de planificación en la evacuación de estadounidenses, aliados y afganos que colaboraron con las acciones del país norteamericano. “No podemos abandonar a quienes pelearon a nuestro lado, que ahora enfrentan un peligro mortal a partir de la toma de control por parte de los talibanes. Tenemos una obligación moral de actuar inmediatamente”, dijo el senador por Delaware, Tom Carper.
“No hay forma de ocultarlo. La situación en Afganistán es otra vergüenza de esta administración. La retirada nunca iba a ser sencilla, pero esto no era necesario”, tuiteó el congresista de Texas, Vicente Gonzalez. Por su parte, su colega de California Jackie Speier calificó la situación como “una crisis de proporciones incalculables”.
Sin embargo, Biden no piensa dar marcha atrás ni se arrepiente de su decisión. “Prefiero recibir las críticas que pasarle esto a otro presidente”, respondió este lunes en su discurso. Además, dijo que ahora Estados Unidos se enfocará en evacuar a sus ciudadanos en territorio afgano y a sus aliados lo más pronto posible. Luego, mantendrá la decisión de irse.