A pesar de que el coronavirus ya se ha cobrado la vida de más de 160.000 personas en Brasil, Bolsonaro ha sido uno de los mandatarios más escépticos ante la pandemia, poniendo en duda las medidas sanitarias para hacer frente al Covid-19. Además, en las últimas semanas, se ha mostrado reacio a adquirir la vacuna de Sinovac, que desarrolla en Sao Paulo el Instituto brasileño Butantan.
Suicidio como efecto secundario
El presidente brasileño también sostuvo este jueves, sin aportar ninguna evidencia, que el suicidio de un voluntario que estaba participando en los ensayos clínicos de CoronaVac contra el coronavirus «podría ser cualquier cosa, incluido un posible efecto secundario de la vacuna».
Bolsonaro negó haber celebrado la muerte del hombre, de 33 años, a pesar de que el pasado martes, en sus redes sociales, tras conocerse la suspensión de las pruebas, comentó: «Muerte, invalidez, anomalía; esta es la vacuna con la que Doria [el gobernador de Sao Paulo, Joao Doria] quería vacunar a todos los paulistanos, obligándolos. El presidente dijo que la vacuna jamás podría ser obligatoria. Una más que Jair Bolsonaro gana».
Sin embargo, posteriormente, la Anvisa confirmó que la muerte del participante que motivó la suspensión temporal de las pruebas no tenía ninguna relación con la investigación médica y autorizó la reanudación del ensayo.