ver más

Hacete socio para acceder a este contenido

Para continuar, hacete socio de {}. Si ya formas parte de la comunidad, .

{# Opciones de Suscripción #} {# DESCOMENTAR AL IMPLEMENTAR: #} {# {% for n, m in this.getPaywallPlans('thinkindot', 'plans') %} {% if (m.tab == "all" or m.tab == "mensual") %} #}

{{m.shortDescription}}

{{m.title}} {{m.price}} mensual
{# {% endif %} {% endfor %} #} {# estos links no sé como se llenarian #}
Columna destacada | FA

El FA en clave de Brecht

Es bueno reconocer en el FA actual, el trabajo paciente de los últimos años y una revitalización orgánica que había languidecido peligrosamente en los 15 años de nuestros propios gobiernos.

¿Y si fuera al revés? ¿Si en vez de pasear dirigentes por los comité de base, las bases mandan a pasear a sus dirigentes? Si quienes visitaran los comité fueran integrantes de otros comité, tal vez se podrían intercambiar experiencias interesantes. Lejos de contraponer de manera fácil a dirigentes y dirigidos, podríamos probar cosas diferentes si queremos resultados distintos. Lo primero que habrá que vencer es esa necesidad de acceder a información calificada porque no llega de otra manera. Repetir tal circuito tiene algo de círculo vicioso que si bien puede transmitir mucho, termina idolatrando a los intermediarios cuando lo urgente es que la información circule más fluida para potenciar a quienes están en contacto con los demás en todo el territorio.

Membrana más que núcleo

Durante mucho tiempo las izquierdas construyeron sus lógicas orgánicas, más allá del nombre que les dieran, mediante la jerarquización de lo central ante lo periférico. Ese paradigma se complementaba con niveles en altura por donde cierta información iba de abajo a arriba y, sobre todo, de arriba abajo. A tal punto que el verticalismo fue lo dominante. Hace rato que es hora de potenciar lo horizontal del trabajo en red porque es esa trama la que nos sostiene. No es un debate nuevo pero sigue vigente su concreción. Ante aquel deseo de ser núcleo central habrá que reivindicar el funcionamiento biológico celular en el que la membrana es vital para intercambiar con el afuera. Por allí pasan y se reciben elementos que nos nutren pero que también transmitimos. Allí hay una transformación permanente por esa capilaridad social.

Todos sabemos o intuimos las carencias de cualquier organización popular ya que la fidelidad a ese carácter y composición es probable que redunde en dificultades. Dicho esto, es bueno reconocer en el FA actual, el trabajo paciente de los últimos años y una revitalización orgánica que había languidecido peligrosamente en los 15 años de nuestros propios gobiernos.

Por eso, a la hora de nuevos desafíos es necesario reivindicar la capacidad organizativa y el saludable acto de escuchar que se puso en práctica y debe ser una constante. Para eso es imprescindible esgrimir mucho espíritu crítico y autocrítico antes que cualquier mirada condescendiente y conformista. No faltan quienes pretenden disciplinar cerrando filas en defensa de nuestro gobierno, a veces diciendo amén a todo lo que proviene de las alturas. A la vez, por ahí también se critica cualquier cosa sin información veraz. También por pose aparentemente radical que confunde el sano ejercicio de dudar con el acto de sospechar de todo. Por eso vale recordar lo que decía Bertolt Brecht en su poema Elogio de la duda: "No alabeis la duda que es desesperación sino la que se convierte en esperanza".

Está muy bien celebrar el 25 de agosto como el Día del Comité de Base, pero así como la canción de Rubén Olivera sobre el Primero de Mayo se pregunta: ¿Los otros días de quién son?, es bueno que nos lo preguntemos. No faltará quien diga que esos otros son todos los días en que miles de militantes frenteamplistas participan, debaten, deciden y realizan acciones a lo largo del año. No sería una mala respuesta porque pone en valor el esfuerzo que algunos llamaban gris, pero es el trabajo revolucionario de todos los días. Lo mismo vale para quienes han asumido tareas de dirigencia en todos los niveles de la fuerza política, en la función parlamentaria y legislativa o por su designación en la dirección del Estado asumiendo responsabilidades. Pero si la información solo baja, refuerza esa dependencia. Vaya si tales contactos son indispensables, pero también lo es que las dirigencias escuchen, mucha oreja parada así como ideas entre las bases circulando en todos los sentidos.

Sin embargo, toda organización que genuinamente tenga planteada la transformación de la realidad en contra de cualquier statu-quo deberá reconocer que su trabajo exige una logística orgánica con una praxis también transformadora de la propia fuerza política, y de sí mismos en tanto seres comprometidos con el cambio. Nadie escapa a eso.

Esto implica reconocer que quienes estén más obsesionados con dirigir deberían ser los más dirigidos, más si acaso tienen tareas dirigenciales. Vale para todos los niveles pero es indispensable como axioma para las mayores jerarquías, por aquello de que, así como nadie se salva solo, nadie construye fuerza política en solitario por más aporte individual que realice.

Y también por aquello de gobernar siendo gobernados. Porque quienes delegan funciones no son convidados de piedra sino que se organizan para transformar. Que nadie crea que los representa con un cheque en blanco. La responsabilidad de ser parte de cualquier dirección es la de crear una simbiosis que promueva lo colectivo, único soporte profundo de cualquier genialidad individual. No es solo un principio democrático, es inteligencia para elaborar pensamiento y acción.

Minimizar esa construcción tiene una contraparte antinómica que se refuerza mutuamente porque idealizar lo colectivo es otro error común. Sin embargo, mucho más peligroso y nocivo es fomentar el culto a la personalidad, venga desde donde venga, de arriba o de abajo. Las experiencias históricas sobran para aprender cuando uno o unos pocos imponen su poder y terminan creyéndose iluminados o tocados por el dedo de líderes de otrora. La batalla de egos es capaz de torcer la voluntad unitaria de miles, allá lejos, por ahí más cerca y aquí mismo, que no somos perfectos.

Entre otras cosas porque nuestra propia realidad es cambiante, tanto por la acción restauradora de los sectores dominantes en las variadas parcelas de poder, como por las dinámicas de nuestros propios aciertos. Si toda organización debe auscultar sus errores y carencias, lo debe mantener al analizar sus avances pues toda realidad exige nuevos planteos a partir de incluir lo modificado. La mera repetición retrasa y los nuevos desafíos exigen nuevas perspectivas y propuestas. Lo otro es dormirse en los laureles y frenar el impulso. Ya nos pasó y nos dimos cuenta tarde. No hay recetas ni antídotos por lo que semejantes cuestiones exigen cabeza abierta, audacia y búsqueda constante a cada paso, a todas y todos, sin excepciones.

Siempre recuerdo una foto que llegó a mis manos en un folleto mal impreso en los últimos años de la dictadura. En ella, se podía discernir una imagen entintada en negros en los que se veía a dos o tres personas trabajando en una vieja imprenta, a todas luces clandestina. En la pared del local que encuadraba aquella foto se podía leer una frase que decía: "Es preciso soñar, pero a condición de creer seriamente en nuestros sueños; de examinar con atención la vida real, de confrontar nuestra observación con nuestros sueños, de realizar escrupulosamente nuestra fantasía". Sobre esa frase de Lenin, el gran Horacio Buscaglia, en un saludo de fin de año, contaba a sus amigos que al momento en que las Fuerzas Conjuntas irrumpieron en su casa, allá por 1972, la tenía escrita como un graffiti en su living. Cuando el milico a cargo del operativo se quedó leyéndola y le preguntó si era de él, el "Corto" le dijo que no. Cuando le inquirió sobre el autor, le espetó que era Lewis Carroll. Cuando el militar preguntó quién era ese, le explicó que era el de Alicia en el país de las maravillas, a lo que el milico reaccionó ofuscado para irse con los demás. Buscaglia contaba que al menos logró confundirlo por un momento y hacerlo dudar. No era poca cosa.

Piedras en el zapato

Escrúpulos es el diminutivo de la palabra en latin escrupus, y denomina a una pequeña piedra afilada que se metía entre la suela y el pie de los soldados romanos que iban calzados con una especie de sandalia llamada Caliga. Los legionarios que marchaban dominando todo el imperio estaban obligados a optar entre continuar sufriendo el dolor sin frenar la escuadra, o parar para quitarse la piedra y ser castigados por su indisciplina militar.

La palabra derivó en la inquietud dolorosa ante la duda de si actuar o no actuar, acerca de lo bueno o malo, lo correcto o incorrecto, lo cierto o falso, y terminó designando a esa incomodidad asociada a dilemas éticos. Sin embargo, adoptada fuera de lo militar por la sociedad civil, se utilizó para expresar lo contrario: la falta de escrúpulos como una actitud cotidiana de los altos dirigentes que no marchaban a pie sino que montaban en caballos o directamente eran trasladados por lacayos sobre literas o carruajes y no tenían ningún escrúpulo al tomar sus decisiones.

Volviendo a Brecht y su texto, nos recuerda aquello de que "frente a los irreflexivos, que nunca dudan, están los reflexivos, que jamás actúan", para no creernos que el acto de dudar es una bendición de por sí, como si acaso fuera suficiente ejercerla de manera rutinaria aunque no implique una verdadera actitud analítica con capacidad crítica. Por eso también vale recordar el final del mismo poema: "Tú, que eres dirigente, no olvides que lo eres porque has dudado de tus dirigentes. Permite, por lo tanto, a los dirigidos, dudar".

DECÁLOGO DEL DIRIGENTE

1. Nunca sigas al dirigente que no sabe dirigir.

2. Cuídate del dirigente que solo sabe dirigir.

3. Huye de quien solo quiere dirigir.

4. Cuídate del dirigente perdido en retaguardias.

5. Cuídate más del obsesionado con ser vanguardia.

6. Duda del dirigente al que siguen todos.

7. Desconfía del dirigente al que nunca sigue alguien.

8. Discrepa con el dirigente que no sabe discrepar.

9. Preocúpate del dirigente que no deja nada organizado detrás.

10. Cuando seas dirigente, recuerda que fue por dudar de tus dirigentes.

Temas

Más Leídas

Seguí Leyendo