Hoy vemos en Yamandú un alto de estampa, de imagen presidencial, que a todos nos representa. Pero lo ha ganado sin perder nada de su idiosincrasia propia. Mantiene intacto su estilo llano y cercano a la gente. Llega a diversos lugares, incluyendo donde se ha instalado la sede de su gobierno electo, con un aire presidencial, pero, también, con su estilo propio. Habla a los periodistas aún informalmente, pero con un respeto que extrañabamos.
Esto debe trascender los partidos y debe ser visto como un logro de los uruguayos todos.
Esa imagen republicana, llana y amigable se da en el marco de la formación de un nuevo gobierno, dando las mismas señales. La semana que viene se sabrán los nombres de los ministros de su gabinete, de tal modo que tengan casi tres meses para preparar su toma de mando. Todo ello sin el tradicional manejo público de nombres, especulaciones, cero teleteatro, mucha política de Estado. Y aún no asumió.
¿Señales? Si, claro… En algunas áreas tiene que darlas. Política exterior, por ejemplo. Es importante que se sepa que las relaciones serán entre Estados, no partidos o ideologías; que Uruguay siempre negociará mejor acompañado de mercados más grandes que solo; que el multilateralismo ha ganado mucho terreno en la diplomacia mundial; que un país pequeño debe lograr políticas que trasciendan un mandato presidencial, para que sean creíbles… Que el rumbo será el tradicional uruguayo: no intervención, solución pacífica de las controversias y apego al derecho internacional en todo.
Así como algunas señales en algunos temas eran importantes y en otras áreas se debe esperar, con los nombres de los ministros hizo lo mismo. Señales de políticas esenciales sí; manoseo de nombres, no. Sabiendo las líneas fundamentales, no sabemos los nombres de los ministros en las áreas de mayor preocupación en la vida de la gente: empleo, seguridad, infancia… Pero hay un ministro, sino solo, que fue nombrado incluso antes de la elección: el de Economía.
Lejos de ser una contradicción, es parte de la misma política. Prudencia, sobriedad y certezas… Evitar especulaciones innecesarias, ni dentro de casa ni menos aún del adversario que, quizás —por lo menos alguno—, nos quiera cobrar la cuenta de heridas no cicatrizadas.
Valeria Ripoll, en un acto público (aunque sin público), dijo que el Partido Nacional no perdió, sino que ganó el Frente. Yo creo mucho en lo segundo y algo en lo primero. No veo qué tendría de malo, para decirlo tan enojada. Pero tras largar una guerra interna en sus nuevas filas, “Delgado” (no Lacalle) “es el nuevo e indiscutible líder del Partido Nacional”. Bueno. Pero agregó: “El Frente ganó mintiendo, diciendo que va a hacer cosas que no va a cumplir”. Concluyó: “Nosotros les vamos a exigir que cumplan”.
¿No era que el programa del Frente solo iba a traer problemas al Uruguay? ¡¡Y ahora van a ser garantía de que se cumpla!!
Todavía queda un trechito antes del 31 de diciembre. Esa noche, con la primera cañita voladora, veremos en su luz el anuncio de un nuevo amanecer.