Si a mí no me gustó la acusación de la fiscal, a ella no le gustaron las críticas, que por otra parte fueron muy cautelosas y usando las palabras muy medidas. Lo cierto es que ella, aunque le parezcan injustas y esté muy satisfecha con su actuación, debería tolerar las opiniones que la cuestionan porque la causa que lleva adelante es muy relevante y su actuación como todas las actuaciones de los funcionarios públicos está sujeta al escrutinio público. Por lo pronto, desde ya reitero que no me arrepiento de lo que escribí en esas notas editoriales. Quise escribir estas líneas porque, cuando al parecer he sido objeto de una denuncia penal de la que no he recibido notificación alguna, mi abogado, el querido doctor Jorge Barrera, me aconseja escribir con prudencia y sin añadir leña al fuego. Tengo la piña prohibida. Pero no voy a abandonar a los lectores que me leen todos los viernes porque hoy tenga el viento de frente.