El problema de inversión local en investigación pasa a ser un problema global cuando los laboratorios que se están fundiendo son los que van adelante en la ciencia, como en el caso de los estadounidenses. La información que refiere Gorga da cuenta de un artículo publicado en Los Angeles Times el 2 de abril pasado, escrito por Emily Baumgaertner y James Rainey, en que entrevistan a Peter Daszak, quien hacía parte del programa Predict, surgido luego de la pandemia del H1N1 en 2005, y en el que se trabajaba en el estudio de posibles virus de origen animal que podían causar efectos pandémicos en la población humana.
El proyecto, lanzado por la Usaid en 2009, logró identificar 1.200 virus diferentes, incluyendo 160 nuevos coronavirus, pero en setiembre de 2019 cerró por completo luego de casi un año de desinversión. El artículo traducido por Gorga dice en algunos de sus apartes: “’Mira el nombre: nuestros esfuerzos fueron para predecir esto antes de que sucediera. Esa es la parte del programa que fue emocionante, y esa es la parte que me preocupa’, dijo Daszak. ‘Es absolutamente crítico que no descartemos la idea de un programa a gran escala, proactivo y predictivo que intente atrapar las pandemias antes de que sucedan. Cortar un programa que de alguna manera podría reducir el riesgo de que cosas como Covid-19 ocurran nuevamente es, en cualquier medida, miope’, agregó.”
Este programa venía colaborando estrechamente con más de 60 laboratorios extranjeros, incluyendo el laboratorio de Wuhan, que identificó el brote de SARS-CoV-2 y funcionaba con cerca de US$ 200 millones, y aunque Usaid ha destinado un remanente de US$ 2,26 millones a inicios de abril, es ahora muy poco lo que puede lograrse en términos de la misión original del programa. El artículo continúa: «Los coronavirus saltaban fácilmente a través de las líneas de especies y eran (los científicos del programa) los que vigilaban las epidemias y pandemias”, dijo.
El programa también capacitó a casi 7.000 personas en los sectores médico y agrícola en 30 países de Asia, África y Medio Oriente para ayudarlas a detectar nuevos virus mortales por su cuenta.
El laboratorio de Wuhan recibió fondos de Usaid para equipos, y los coordinadores de Predict conectaron a los científicos allí apostados con investigadores de otros países para sincronizar el seguimiento de nuevos virus antes del SARS-CoV-2.
“Abordar y prevenir la propagación del coronavirus y los posibles brotes de enfermedades pandémicas es un asunto serio que requiere recursos adecuados y cooperación entre expertos en todo el gobierno federal”, escribieron las senadoras Elizabeth Warren y Angus King en una carta al administrador de Usaid a principios de este año, pidiendo detalles sobre la decisión.
Daszak dijo que está ansioso por examinar más a fondo los cientos de muestras de vida silvestre recolectadas durante la iniciativa Predict a lo largo de los años, buscando identificar si alguno de ellos podría haber sido un huésped intermedio para el virus que actualmente está barriendo el mundo.
Pero con el presupuesto y el cronograma limitados, los esfuerzos para continuar el trabajo de campo en profundidad bajo Predict serán mínimos. La mayoría de los fondos de extensión se enfocarán en silenciar el brote actual, no en prevenir el próximo.
“Es de sentido común conocer a tu enemigo”, dijo Daszak. “En cambio, todos nos escondemos dentro de nuestras casas mientras esperamos una vacuna, esa no es una buena estrategia global para combatir un virus peligroso”.
Finalmente, Julio Gorga hace una reflexión sobre la enseñanza que puede (o capaz debe) dejar esta situación que, sin entrar en el terreno del “hubiese sido distinto si…” arroja luces sobre la necesidad expresa que hay en prestar atención a la fragilidad de la condición humana: “Y ahora, mucho más después de lo anterior, y de cómo fue presentando todo este horror, al punto de crear una toma de conciencia global, y lograr que toda, o la mayoría de la población mundial, tal vez por primera vez en la historia, haga lo mismo -y entienda el porqué, lo que es más importante- es la ocasión propicia para dejar en evidencia y de paso erradicar teorías y comportamientos nocivos que dañan tanto al ser humano en su salud y convivencia, y a la naturaleza como consecuencia. Sin guardar un orden ni jerarquía, analicemos ciertos ejemplos. Hay un principio aceptado por unanimidad y que hoy -¡por fin!- no se discute a ningún nivel, y es que ‘yo tengo que protegerte a ti, para que tu estés en condiciones de protegerme a mí’. No sé si se dieron cuenta, pero esto puede encajar perfectamente con el intangible y soñado concepto de la utopía. ¡Podría ser que la utopía este aquí! Y que hemos llegado a ella, después de garrafales errores de sus peores enemigos, al punto que tal vez -de ser cierto- aunque fuera solo por eso, habría hasta que agradecerles. Aquello de que ‘mis derechos terminan donde comienzan los de los demás’ debe dejar de ser letra y transformarse en realidad diaria y aceptada globalmente. Lo que llevaría a una condena inmediata mundial para todo tipo de abusos: ‘No te lo hago a ti para que tú estés en condiciones de protegerme y no me lo hagan a mi’. ‘Económicamente no soy un explotador para no crear oportunidad de ser también explotado’. ‘Procuro tu bienestar para protegerme, al no generar en ti la necesidad de arrebatarme el mío’. ‘No soy un violador no solo porque serlo es deleznable, sino porque además no quiero dar ejemplo ni razones para que a nadie se le ocurra violarme a mí’”.
Tal vez la teoría tras estas frases surja de un egoísmo básico, de individualismo poco agradable, pero puede ser quizás el vehículo que, recorriendo carreteras donde no siempre transitan conceptos del bien común, sea capaz de corregirlo. Y de la misma forma se le podrá explicar e intentar crear conciencia a quien se niega a que sus hijos reciban una vacuna necesaria, utilizando el argumento de que es su derecho negarse, con el contraargumento de que, entonces, si se enferman, pueden contagiar a otros, lo que automáticamente limita sus derechos individuales porque van contra el derecho colectivo.
La debilidad en estos planteos es que ya sabemos lo que demuestra la experiencia: “La letra con sangre entra”. Y aquí, al día de hoy, la “sangre” se llama Covid-19 y también sabemos que “la memoria es corta” y, además, manipulable, y que apenas retome protagonismo lo que se define como “condición humana”, todo puede descarrilarse y en poco tiempo, lamentablemente, tal vez estaremos de regreso en el punto de partida. Por lo menos, hasta que permitamos que otro virus escape de control. Por lo que, y enterados de las trágicas perspectivas por experiencia global y propia, lo sensato es jugarse la cartas desde hoy.