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Lourdes Rapalín: estrategia, liderazgo y bienestar integral en clave femenina

Con más de dos décadas al frente de Bethel Spa, Lourdes Rapalín convirtió un centro estético en una empresa de bienestar integral. Para Caras y Caretas reflexionó sobre liderazgo femenino, profesionalización y el desafío de crecer sin perder identidad.

Hay proyectos que nacen como emprendimientos y, con el tiempo, se transforman en estructuras sólidas. La historia de Lourdes Rapalín y Bethel Spa es, en buena medida, ese recorrido. Más de 22 años de trabajo continuo hasta convertir un centro estético en una empresa de bienestar integral con identidad propia.

Hoy, explicó, atraviesan una etapa de consolidación estratégica. La palabra no es casual. Consolidar implicó revisar procesos, profesionalizar la gestión, medir resultados y fortalecer indicadores de calidad. “Dejamos de ser únicamente un centro de estética”, señaló, “para posicionarnos como una empresa con propósito claro”. El principal logro del último año fue sostener el liderazgo en un sector cada vez más competitivo sin perder coherencia.

El cambio del mercado obligó a repensarlo todo. El bienestar ya no es un lujo ocasional, sino una dimensión estructural en la vida de las personas. “La demanda dejó de ser exclusivamente estética; hoy es salud física, mental y emocional”, explicó. Ese giro redefinió el modelo de negocio. Bethel Spa evolucionó hacia un esquema más relacional, menos centrado en la transacción puntual y más enfocado en procesos de acompañamiento.

Incorporaron tecnología, profundizaron la personalización y trabajaron la fidelización desde la experiencia integral. La clave, sostiene Rapalín, fue entender que la sostenibilidad empresarial depende de generar valor real y medible. “No se trata de ofrecer más servicios, sino de ofrecer mejores procesos”.

Esa lógica también orienta los planes a futuro. En el corto plazo, profundizan programas personalizados y experiencias integrales. A mediano plazo, proyectan alianzas estratégicas, expansión selectiva y el desarrollo de instancias formativas vinculadas al sector wellness. La expansión aparece como consecuencia de una estructura ordenada. “Crecer sí, pero con planificación”, resume.

En el marco del 8 de marzo, su mirada se amplía hacia el lugar de las mujeres en el mundo empresarial. Ser empresaria en Uruguay, reconoce, implica liderar en un entorno donde persisten sesgos culturales. Aunque valora los avances en visibilidad y representación, advierte que todavía existen brechas en acceso a financiamiento, validación técnica y presencia en espacios de decisión.

Al mismo tiempo, percibe un momento de oportunidad. Observa cómo las mujeres profesionalizan sus redes, fortalecen su formación y ocupan espacios estratégicos con una concepción distinta del liderazgo. “Estamos redefiniendo el liderazgo hacia modelos más integrales y colaborativos”, sostiene. Se trata de transformar la manera de conducir.

En Bethel Spa, esa coherencia comienza puertas adentro. El equipo es mayoritariamente femenino y la política organizacional se basa en capacitación constante, protocolos claros y evaluación de desempeño. “El bienestar interno no puede ser un eslogan”, afirmó. Para Rapalín, la cultura organizacional es parte del servicio que luego se ofrece hacia afuera.

La capacitación ocupa un lugar central. En un sector históricamente atravesado por la informalidad, profesionalizar fue una decisión estratégica. La inversión apunta a la actualización técnica y a la formación humana. “La excelencia depende tanto del conocimiento como de la actitud y la ética profesional”. Esa combinación, explicó, es la que sostiene la reputación a largo plazo.

El crecimiento de la empresa fue paralelo a un proceso de evolución personal. Rapalín reconoció que dirigir durante más de dos décadas implica aprender a tomar decisiones complejas y a sostener la presión. “Tuve que diferenciar firmeza de dureza”, reflexionó. Liderar no significa endurecerse, hay que mantener claridad de rumbo incluso en contextos inciertos.

Para Lourdes, entre las decisiones más determinantes de su trayectoria está haber sostenido la visión en momentos difíciles y haber profesionalizado la gestión rodeándose de personas competentes. “El liderazgo no es hacerlo todo, hay que construir estructura”, afirmó. Delegar, confiar y medir resultados fueron aprendizajes fundamentales.

A las mujeres que hoy emprenden les transmitió un mensaje: “La autonomía económica empieza por la educación financiera y la planificación estratégica”. El mercado, advirtió, no recompensa la improvisación. Para ella, el empoderamiento está ligado a la preparación y a la capacidad de tomar decisiones informadas.

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