Claramente el estallido del malestar ciudadano y el desafío al orden público que ha implicado la eclosión social ponen un signo de incertidumbre a un desarrollo normal de ambos eventos, teniendo en cuenta además la oposición ciudadana a la cita de APEC y la critica a la política medioambiental al gobierno y a la derecha empresarial .
Pero lo que puso en evidencia la esposa del mandatario Cecilia Morel, quien ha jugado un rol mediático y propagandístico oficialista, es un estado de confusión, desconcierto y pesimismo al máximo nivel, en la propia familia presidencial.
Ella señaló en su menaje a sus amigas: “Estamos absolutamente sobrepasados, es como una invasión alienígena, no sé como se dice, y no tenemos las herramientas para combatirla. Por favor, mantengamos nosotros la calma, llamemos a la gente de buena voluntad, aprovechemos de racionar las comidas y vamos a tener que disminuir nuestros privilegios y compartir con los demás”.
La sorpresa del gobierno ante estallido social e incluso la reacción apresurada de decretar el Estado de Emergencia, el primero después de la dictadura de Augustoi Pinochet (1973-1990) y la entrega del control del orden públicos ( el estado de excepción constitucional se ha extendido por toda la geografía del país) a mandos militares, constata la incompetencia de los equipos asesores del gobierno, su unidades de inteligencia y del propio Jefe de Estado, que no fueron capaces de prever ni el estado de ánimo real de los ciudadanos ni la magnitud que iba alcanzar su exasperación.
Como es natural las acusaciones de un complot de vándalos, delincuentes, violentistas, no puede ser suficiente para explicar la masividad de las manifestaciones en Arica, Antofagasta, Valparaíso, Rancagua, Curicó, Chillán, Concepción, Temuco, Puerto Montt, Punta Arenas, en la Plaza Baqued
Acostumbrado el mandatario chileno a maniobrar, a dividir para reinar, culminó este martes 22 de octubre una reunión con presidentes de partidos de gobierno y tres partidos de oposición como preámbulo a la presentación de una “agenda social”, bautizada con el titulo mediático de Gran Acuerdo Nacional, pero del cual se excluyó al Partido Socialista, Partido Comunista y el emergente e influyente Frente Amplio.
En un mensaje al país, tras la cita, Piñera pidió perdón por los errores cometidos, entre otros la afirmación de “estar en guerra” contra sus opositores, hizo anuncios de iniciativas que deberían ser discutidas y aprobadas por el Parlamento -con lo que endosa al legislativo la responsabilidad de su materialización- e insistió en sus invocaciones conocidas como que “la unidad es el camino”.
Algunos analistas locales quisieron ver en su comparecencia un alejamiento de su habitual arrogancia y altanería, además de su habitual manejo retórico, una especie de señal o gesto de “humildad” y reconocimiento innegable de la derrota política sufrida ante la calle movilizada.
Pero lo evidente, y lo confirma la experiencia, es que hará falta tiempo, para confirmar si los anuncios se traducirán en hechos concretos, o fue una maniobra de distracción para ganar tiempo, reordenar sus fuerzas y mantener su rumbo original.
Y eso significará que Chile y las fuerzas sociales que mostraron su potencial político y su convocatoria social, seguirán en alerta, en “modo protesta”.