El máximo representante de la diplomacia cubana suscribió que esta decisión “contribuye al lucrativo negocio de la maquinaria política subversiva de la Florida”, desde donde se emiten llamados al odio y la violencia en la nación caribeña.
Constituye también este cerco la principal limitación a otros servicios de telecomunicaciones, lo que se refleja en los más de 65 millones de dólares de pérdidas en ese sector, solo en el periodo de abril a diciembre de 2020.
Las evidencias y denuncias presentadas por el Gobierno cubano apuntan a que los acontecimientos de subversión del 11 de julio en la isla son parte de una guerra no convencional, también conocida como “guerra híbrida”, “revoluciones de colores” o “golpe blando”, como parte de un manual aplicado por Washington en varios países de Europa Oriental, Medio Oriente y América Latina.