¿En qué categoría incluye el gobierno de Uruguay al de Haití? Un caso muy sensible para América Latina: su primera república y a la que tantas veces hemos abandonado en el olvido. Misiones militares, sí; diplomacia, ninguna. En lo personal, también, porque fui jefe de la última misión (la más grande de la historia) a sus elecciones presidenciales. La OEA cambió mi informe el día que iba a ser presentado. Allí repiten las manifestaciones prendiendo fuego a los manifestantes.
Es cierto que el presidente Jovenel Moïse fue electo con más del 50% de los votos. El 55,60% para ser más preciso. Jurídicamente incuestionable. Pero políticamente sí, ya que solo votó el 18,1%. Menos de la quinta parte. O sea, lo apoyó el 11% del electorado. Pero no hubo segunda vuelta. Eso fue lo que quitaron del informe, por lo que tomé la decisión de no ser más parte de estas misiones.
Todo esto ya se preveía al mismo momento de instalarse el gobierno. Pero se reafirmó con el paso del tiempo. Se insiste en la no ideologización, pero, finalmente, son estos los criterios que priman. Volviendo a la geografía de Torres García: Venezuela, en el Trópico de Cáncer, es dictadura. Bolivia, en el Trópico de Capricornio, es democracia. ¿Alguien me lo puede explicar? Más grave es el país que toma el nombre del mismo Ecuador. Ni norte ni sur. Allí surgen novedades alarmantes ante el silencio cómplice del gobierno uruguayo.
El gobierno de Lenín Moreno, electo por el partido (Alianza País) de Correa (de quien el propio Moreno fue vicepresidente), lo proscribe. Primero al expresidente, luego a todo el partido. No se les permite participar en las próximas elecciones. ¿El gobierno de Lacalle (h) va a “llamar las cosas por su nombre”, catalogándolo de dictadura, o seguirá el empuje de los primeros días, en los que dictadura es sinónimo de gobierno de izquierda?
Tampoco compartimos el criterio de que los intereses comerciales sean la prioridad de nuestra “nueva diplomacia”. Ya el nombre fundacional trae reminiscencias poco atractivas. Somos un país pequeño, de los llamados “tomadores de precios”. El rumbo geopolítico termina repercutiendo en nuestra economía, no solo los tratados comerciales. Es más, algunos de estos pueden ser contraproducentes. El comercio internacional, cero arancel a rajatabla, puede dejar desprotegido al productor nacional. Cortes presupuestales en plena pandemia atemorizan. Argentina ha dado una importante señal a los navegantes: refinanció 30.000 millones de dólares con poseedores de títulos de deuda. Cuando no se puede pagar, el problema más serio lo tienen los acreedores. ¿No sería momento de repensar nuestro apoyo al candidato de Donald Trump a la presidencia del BID y votar al candidato argentino? Hasta Talvi lo consideró un error y el expresidente Sanguinetti suscribió una carta con otros exmandatarios oponiéndose a esa idea de nuestra política exterior.
Nunca más cierta la vieja frase de Torres García, inmortalizada su cuadro de América del Sur, aparentemente al revés: “Nuestro norte es el sur”. Como a Lacalle (h), fiel a su metáfora de que la fruta cae cerca del árbol, le gustan los dichos camperos, no creemos que nuestra diplomacia sea ni “5.0”, como se la llamaba, ni “de cóctel,” como se la llama. Por ahora, es “del avestruz,” que esconde la cabeza en un agujero para no ver la realidad que la rodea.