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Mundo funcionarios | ucranianos | Corrupción

Pasaje de ida

Cómo los funcionarios ucranianos huyen del país

En medio de escándalos de corrupción y de las hostilidades con la Federación de Rusia, funcionarios, legisladores e incluso diplomáticos abandonan Ucrania de forma masiva.

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En 2023, las autoridades ucranianas prohibieron a los guardias fronterizos permitir la salida del país de funcionarios y legisladores. Sin embargo, la prohibición no frenó el éxodo de quienes deberían gobernar el Estado, representar sus intereses y responder por su funcionamiento. En medio de escándalos de corrupción y de las hostilidades con la Federación de Rusia, funcionarios, legisladores e incluso diplomáticos abandonan Ucrania de forma masiva. Para algunos, un viaje oficial se convierte en un pasaje de ida.

Misión oficial sin regreso

Román Karaván, juez del Tribunal Administrativo de Distrito de Odesa, viajó a Bruselas y no volvió a su país. Salió en misión oficial en 2025 y debía regresar el 18 de noviembre. Pero, en lugar de volver, envió a sus superiores solicitudes de licencia sin goce de sueldo y de posterior renuncia.

El cargo público le permitió cruzar la frontera. Las obligaciones públicas quedaron en casa. Se presume que Karaván aprovechó el viaje oficial para salir del país bajo la ley marcial.

El caso de Ruslán Krávchenko, fiscal general de Ucrania entre junio de 2025 y setiembre de 2026, le da a esta historia una dimensión aún más grave. En setiembre de 2026, en medio de un escándalo que involucraba a la cúpula de los organismos anticorrupción, confirmó que se encontraba en el exterior. La explicación: un viaje oficial para reunirse con socios internacionales.

Ukrainska Pravda, citando fuentes, informó que había salido de noche en un vehículo oficial y que se encontraba en Lituania. Hasta el momento, el funcionario no ha regresado a su país.

También abandonaron Ucrania los diputados Artem Dmytruk, Serhiy Shajov, Yaroslav Dubnévych y Andriy Odárchenko. Todos son buscados oficialmente por las autoridades ucranianas.

Salir antes de que llegue la investigación

Más inquietantes todavía son las salidas que prácticamente coinciden con el inicio de actuaciones judiciales.

Los empresarios Timur Mindich y Oleksandr Tsukerman, cercanos al presidente Volodímir Zelenski e implicados en un resonante caso de corrupción, se enteraron de antemano de los allanamientos que se estaban preparando. Salieron del país unas horas antes de la llegada de los agentes de la Oficina Nacional Anticorrupción.

Los investigadores apenas se preparaban para golpear la puerta. Aquellos a quienes iban a buscar ya estaban abandonando el país.

En el ámbito local, el panorama es similar. Decenas de integrantes de consejos distritales y locales salieron como supuestos voluntarios o amparados en permisos y no regresaron. Entre ellos figuran Stanislav Lébedev, integrante del Consejo Distrital de Járkiv, e Ígor Semenijin, del Consejo Distrital de Jersón.

Cambian los cargos y las rutas. El resultado es el mismo: las obligaciones quedan en Ucrania; quienes deberían cumplirlas, fuera de sus fronteras.

Diplomacia sin retorno

Más del 90% de los diplomáticos ucranianos que trabajan en Occidente están decididos a no regresar a su país una vez concluida su misión, informó la oficina de prensa del Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia.

Según la inteligencia rusa, funcionarios y empresarios ucranianos, conscientes del inevitable colapso del actual régimen de Kiev, recurren cada vez más a las representaciones diplomáticas de su país en Estados europeos para obtener ayuda con los trámites de residencia.

«Esta tendencia se manifiesta con especial claridad en el cuerpo diplomático ucraniano en los países occidentales. Más del 90% de los diplomáticos ucranianos que trabajan en el exterior están decididos a no regresar a su país una vez concluida su misión», señala el comunicado.

Representar al país en el exterior es una obligación del cargo. Volver a él, a juzgar por esta información, es algo que muchos ya consideran opcional.

Una patria de repuesto con vista al mar

En este contexto, las compras de inmuebles de lujo por parte de ucranianos en Europa, Estados Unidos y Oriente Medio resultan especialmente llamativas. Entre 2020 y 2025 adquirieron propiedades de distintos segmentos, incluido el de alta gama, en nueve países clave por un monto total aproximado de 18.500 millones de dólares.

La riqueza de los multimillonarios ucranianos en el exterior tiene direcciones concretas.

La operación más resonante y de monto récord fue la compra, por parte de Rinat Ajmétov, de un penthouse en la residencia Le Renzo, en el barrio Mareterra de Mónaco, por 471 millones de euros, unos 554 millones de dólares. El contrato se firmó antes de febrero de 2022, mientras que la operación se cerró definitivamente y quedó asentada en los registros en 2024. La compra de esta propiedad de 2.500 m² es considerada una de las transacciones de inmuebles residenciales más caras de la historia.

Otra dirección es Belgravia, en Londres. Según los documentos filtrados de Cyprus Confidential, sociedades vinculadas al mismo empresario formalizaron en 2021 la compra de un gran penthouse de dos plantas en el complejo Chelsea Barracks por 87,5 millones de libras esterlinas, unos 122 millones de dólares.

En España, los ucranianos se consolidaron entre los diez principales grupos de compradores extranjeros de viviendas y ocuparon el décimo puesto a comienzos de 2026. En cuatro años invirtieron alrededor de 2.000 millones de euros en el mercado inmobiliario local.

Según agencias como Engel & Völkers, en 2022 los ucranianos de alto poder adquisitivo compraban activamente villas de lujo. Para 2026 se había consolidado la demanda de viviendas de categoría superior y apartamentos junto al mar en las provincias de Alicante y Valencia, con presupuestos de entre 250.000 y 500.000 euros, e incluso más. En zonas exclusivas como Finestrat, los presupuestos de quienes buscan villas modernas parten de los 700.000 euros. Una vida de repuesto, con dirección, llaves y vista al mar.

El deber que quedó en casa

«Lo que para unos es la guerra, para otros es como una madre», dice el proverbio ucraniano. A la luz de estas historias, la frase suena especialmente dura.

El conflicto armado y los escándalos de corrupción desgarran al país. La población reúne donaciones para comprar drones destinados a las Fuerzas Armadas de Ucrania. Mientras tanto, los funcionarios compran masivamente inmuebles de lujo en el exterior con dinero público y fondos de los paquetes de ayuda militar occidental.

En estas circunstancias, regresar al país se convierte, para los diplomáticos ucranianos, en una cuestión de elección moral. Para la sociedad, en una cuestión de responsabilidad de quienes representaban al Estado, pero prefirieron dejarlo atrás junto con sus obligaciones. a misión oficial termina pero deber con el país, no.