El que aún esté libre revela el fracaso de todos los organismos de seguridad de Uruguay, Paraguay, Bolivia y hasta Brasil. También de la DEA estadounidense.
La ausencia de coordinación, la corrupción, la desidia y los vínculos políticos han permitido que el narcotraficante más importante de Sudamérica haya desarrollado su tarea delictiva a la vista de todos, sin siquiera cambiar su fisonomía, algo que parece recién hizo esta semana.
Aunque Marset está libre porque Uruguay le entregó un pasaporte legítimo cuando se encontraba preso en Dubái y mintió sobre su dirección.
A la cónsul en Emiratos Árabes, enviada a la cárcel para registrar datos, foto y firma, dijo que vivía en un hotel 5 estrellas de Dubái. Pero todos sabían que era mentira porque nunca había ingresado a esa ciudad, ya que fue detenido en el aeropuerto con un pasaporte paraguayo falso.
Esa sola falsedad hubiera bastado para que le negaran el documento, como ocurriría con cualquier ciudadano. Tal vez otro ciudadano terminaría preso.
Todos sabían que Marset era un narco “peligroso”, mintieron en la interpelación realizada en el Senado en setiembre pasado y la información en poder de Fiscalía podría revelar hechos tan o más graves. Todos sabían que Marset era un narco “peligroso”, mintieron en la interpelación realizada en el Senado en setiembre pasado y la información en poder de Fiscalía podría revelar hechos tan o más graves.
Con ese documento gestionado ante las autoridades uruguayas por su abogado, Alejandro Balbi, y entregado en mano a terceros para que le llegara urgente a la cárcel, Marset logró la libertad.
Por esa razón deberán declarar en fiscalía como imputados los ministros Luis Alberto Heber y Francisco Bustillo, el subsecretario Guillermo Maciel, la exsubsecretaria Carolina Ache; el abogado Balbi y otros ocho funcionarios.
Todos sabían que Marset era un narco “peligroso”, mintieron en la interpelación realizada en el Senado en setiembre pasado y la información en poder de la Fiscalía podría revelar hechos tan o más graves.
Estaban citados para este mes, pero el fiscal Alejandro Machado decidió postergar las audiencias después que el abogado Jorge Díaz, defensor de Ache, presentara un escrito.
La descoordinación ministerial
Desde principios de abril, la Brigada Antidrogas de Montevideo, con órden judicial, hacía escuchas de los teléfonos del empresario Jorge Pérez Bentancor, conocido como “el narco de La Tahona”.
Ya habían logrado establecer toda su operativa, los lugares donde guardaban la droga y que la sacarían de Uruguay escondida en tablones. Entre julio del año pasado y marzo de este año, Pérez Bentancor había importado desde Paraguay casi un millón de dólares en madera, que los investigadores sospechan que fue la forma de ingresar la droga a nuestro país.
Pero a principios de junio saltaron todas las alarmas cuando, en una conversación, Pérez Bentancor mencionó a Marset y dijo que estaba en Santa Cruz de la Sierra.
Hasta la policía reconoce estar frente a una persona con una inteligencia privilegiada, pero al servicio del mal. Marset logró lo que nadie antes, reunió a varios grupos criminales para colocar su droga en varios países europeos, africanos y de Medio Oriente. Hasta la policía reconoce estar frente a una persona con una inteligencia privilegiada, pero al servicio del mal. Marset logró lo que nadie antes, reunió a varios grupos criminales para colocar su droga en varios países europeos, africanos y de Medio Oriente.
En los primeros días de julio, la policía detuvo al empresario en su casa de La Tahona. Al mismo tiempo allanaron una casa en el Cerro, donde encontraron 265 kilos de cocaína, pronta para ser acondicionada dentro de tablones que serían “exportados” a Europa.
Pérez Bentancor y otras siete personas fueron formalizadas con prisión preventiva mientras continúa la investigación. Poco después, Heber dijo “tener información que vinculaba a este empresario con Marset”.
El 16 de junio, en Argentina se realizó una reunión de ministros del Interior del Mercosur. Este martes, el ministro de Gobierno de Bolivia, Eduardo del Castillo, dijo que “en ese encuentro se le acercó el ministro uruguayo para informarle que Marset estaría en Santa Cruz, una información que nosotros no teníamos”.
Agregó que Heber le dijo que Uruguay no lo buscaba, pero sí Paraguay. Entonces se reunieron los tres y el ministro paraguayo, Federico González, se comprometió a enviar toda la información que tuvieran. “Que resultó imprecisa”, sostuvo del Castillo.
Pero éste miércoles, el periodista Gabriel Pereyra informó en radio Sarandí que, según sus fuentes, fue el narco Gerardo González Valencia, líder del cártel mexicano de Los Cuinis, quien le dijo a la DEA dónde estaba Marset, en un intento de mejorar su condena a cadena perpetua en EE. UU.
El sábado pasado, un grupo de tres policías llegó hasta la casa del narco uruguayo en Santa Cruz, pero los esperaba la custodia -la mayoría brasileños- que encerró a los policías; los golpearon, les robaron equipo y se llevaron a dos -uno logró escaparse-, que fueron liberados poco después.
Marset logró fugarse en compañía de su esposa, Gimena García Troche, sus dos hijos pequeños y otro menor de edad hijo de una persona que se encontraba en la casa. También lo acompañaban su madre, su hermano y una de sus cuñadas.
En la fuga fue cambiando de vehículos, siempre abandonando el anterior; todas camionetas 4x4 de alta gama, cuyo valor ronda los 100.000 dólares cada una. La policía recuperó tres de esos vehículos.
En la casa abandonada encontraron 50 vehículos en total, un arsenal de fusiles y proyectiles, varios dispositivos electrónicos, chalecos antibala, entre otras cosas. Luego hicieron 12 allanamientos e incautaron 10 propiedades.
La policía montó un operativo especial con tres mil policías y centenares de vehículos para dar con el paradero del narco, que se presume podría estar en Santa Cruz, en Cochabamba o haber salido del país. “Todos sabían que Marset era un narco “peligroso”, mintieron en la interpelación realizada en el Senado en setiembre pasado y la información en poder de Fiscalía podría revelar hechos tan o más graves”.
Desde entonces, todo tipo de noticias fluyen minuto a minuto desde Bolivia. Nunca sus medios tuvieron tantos lectores o televidentes uruguayos.
En un mensaje cuyo objeto todavía nadie comprendió, el miércoles de tarde Marset envió un video a una conocida abogada boliviana que se ocupa de temas sociales:
“Gracias a la ayuda del director de la FELCN logré irme, porque él me avisó que el ministro ya había dado orden de aprehensión contra mí”, señala el fugado.
La Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (FELCN), como su nombre lo expresa, se encarga del combate a las drogas.
“Mi carrera profesional como servidor policial de 30 años no va a ser manchada simplemente por mentiras y declaraciones de un narcotraficante”, fue el descargo del director nacional de la FELCN, comandante Ismael Villca. Sostuvo que “la intención de este tipo de organizaciones es debilitar, generar un caos y pretender que no se logren los objetivos trazados”.
Por su parte, el comandante nacional de la Policía Boliviana, Álvaro Álvarez, salió a respaldar a Villca. Según dijo el jerarca policial, “el capo uruguayo busca sembrar dudas y confusión porque en tres días de operativos se afectó duramente a su estructura organizacional, con allanamientos que tienen como saldo la requisa de inmuebles, vehículos, armas, municiones y la aprehensión de al menos 12 personas que serían sus allegados, de acuerdo con la imputación de la Fiscalía”.
Agregó: “Sus mensajes no afectarán a nuestro trabajo, lo vamos a encontrar y lo vamos a detener. Utilizaremos toda la fuerza legal para no dejar sus actos en la impunidad. Continuaremos afectando sus estructuras, sus alianzas, a sus colaboradores, cómplices, encubridores y todas sus conexiones. Estamos detrás suyo y de toda su organización”.
Finalmente, lo instó a entregarse: “La única forma de parar nuestras acciones es que usted se entregue, no vamos a cesar en su búsqueda”.
Marset y su esposa tienen 13 familiares en total viviendo en Bolivia y, hasta el momento, la mayoría se desplaza con él. El miércoles también detuvieron a uno de sus hermanos en Santa Cruz, con documentos falsos, pero la policía no tiene evidencia que esté involucrado con la droga.
No hay forma de ocultar el fracaso
Todo el relato que antecede parece más propio de una película de Mr. Bean, que de acciones de fuerzas del Estado, que deberían enfrentar a los narcotraficantes.
Marset, fugado de Paraguay en el 2021, viajó a Grecia, África y Emiratos Árabes. Volvió, entró por Brasil y se instaló en Bolivia. Siempre con documentos falsos. Sólo en Dubái se dieron cuenta.
Lo más increíble es que nunca cambió su fisonomía. En la foto que se tomó hace 4 años con las cataratas del Iguazú detrás, y que circuló por los medios de todo el mundo, está igual a la que se tomó en un pequeño estadio de Santa Cruz haciendo declaraciones después de un partido en junio pasado.
Porque además lucía la camiseta 23 y transmitía partidos por TikTok.
Solo lo hacía sospechoso su forma de vida lujosa.
A Marset lo ¿buscaban? la DEA, los servicios de inteligencia y la SENAD paraguaya. Ahora hay 3.000 policías detrás de él en Bolivia y Uruguay está interesado en su captura, según dijeron el presidente Luis Lacalle y el ministro del Interior.
Nadie quiere hacerse cargo de que Marset está libre por absoluta responsabilidad de Uruguay.
Pero si los servicios antidroga bolivianos son capaces de enviar sólo tres policías a detener al narco más importante de América del Sur, está todo dicho.
Con esta desidia e ineficiencia, con esta corrupción evidente, los narcos tienen libre el camino para su negocio de muerte.
Un narco con cabeza empresarial
Hasta la policía reconoce estar frente a una persona con una inteligencia privilegiada, pero al servicio del mal.
Marset logró lo que nadie antes, reunió a varios grupos criminales para colocar su droga en varios países europeos, africanos y de Medio Oriente.
Es el mejor gerente que jamás tuvieron, porque incluso tiene excelentes contactos políticos en varios países, además de una enorme masa de dinero para pagar sobornos.
En Paraguay se unió el clan de Miguel Insfrán, uno de los narcos más poderosos de ese país. Tiene también excelentes vínculos con el expresidente Horacio Cartes y con el actual, Mario Abdo. También con senadores y diputados.
En Bolivia logró unirse al cartel Lima-Lobo, uno de los más viejos e importantes de ese país, que además produce cocaína. Se sabe que sobornó funcionarios, porque ya hay uno detenido por entregarle documentos falsos.
En Europa tiene contactos con la mafia siciliana, con los cárteles serbios y albaneses, así como con cárteles que operan en Togo y en el norte africano.
En Uruguay lo vinculan a los 4.500 kilos de cocaína que envió Martin Mutio a Hamburgo, a los 10.000 kilos que enviaron también a ese puerto un uruguayo y varios paraguayos. Se sospecha que los 6.500 kilos incautados al sojero de Soriano también eran de Marset. Y ahora lo vinculan al narco de La Tahona.
A sus 32 años, Marset es uno de los narcos más importantes del mundo.
Pero no lidera ningún cártel, por la sencilla razón de que no produce droga, ni controla ningún territorio. Si bien en Paraguay lo investigan como el autor intelectual del asesinato del fiscal Marcelo Pecci, no existe evidencia de su participación en crímenes como sí lo hacen los jefes mexicanos.
Lo suyo es el mundo empresarial al servicio del narcotráfico.
Entonces, saber cuánto dinero tiene, dónde lo lava y mediante qué mecanismos, son asuntos a los que los investigadores deben dedicarse.