Crisis política
Sin lugar a dudas Brasil atraviesa tiempos políticos y sociales convulsionados a partir de las distintas decisiones que tomó el presidente Jair Bolsonaro. Por un lado están las determinaciones en torno a la pandemia de Covid-19 donde, al revés de las indicaciones de la Organización Mundial de la Salud, el presidente llama a no respetar el aislamiento social provocando un conflicto con los gobernadores y con la justicia. Esta disputa causó la salida del ministro de Salud Luiz Henrique Mandetta tras confrontar con Bolsonaro en los medios de comunicación. Por otro lado, la decisión de correr al Director General de la Policía Federal para detener las investigaciones que hay contra sus hijos le costó la renuncia de Sergio Moro, ministro de Justicia estrella que empujó al triunfo electoral a Bolsonaro en 2018 con la persecución, encarcelamiento y proscripción de Lula.
Moro reprocha a Bolsonaro que incumpliera su promesa de darle carta blanca para combatir la corrupción y el crimen organizado; el presidente retrata al aliado súbitamente convertido en adversario como un ególatra oportunista con amagos de insubordinación al que tiene que implorar que le informe y como alguien dispuesto a ceder en sus principios a cambio de una plaza en el Tribunal Supremo, cosa que Moro niega. Ambos luchan por presentarse como campeones de la integridad.
El saliente ministro de Justicia de Brasil, Sérgio Moro, ha proporcionado al medio Jornal Nacional – Globo las capturas de pantalla de su supuesta conversación con Jair Bolsonaro, en el marco de la cual el mandatario pide interferir en la investigación de sus diputados aliados.
Los Whatsapp que Moro entregó al informativo de Globo muestran al presidente diciendo que la noticia de que la policía investiga a 10 ó 12 diputados bolsonaristas por difundir noticias falsas “es un motivo más para el relevo en la [dirección de la] Policía Federal”. Para el magistrado que dirigió las investigaciones de la Operación Lava Jato contra la corrupción enraizada en política y negocios, el cese sin motivo objetivo de Mauricio Valeixo, el jefe policial al que nombró y que le acompaña desde aquellas pesquisas, era inadmisible.
La destitución se consumó de madrugada vía el Diario Oficial de la Unión. Moro convocó una rueda de prensa y, tras exponer sus motivos durante 40 minutos mientras la Bolsa se desplomaba un 9%, anunció que descansará un poco antes de buscarse un empleo. Solemne, añadió: “Estaré siempre a disposición del país”. Queda por ver cuántos seguidores de Bolsonaro se lleva en su marcha.
Enfrentamiento de poderes
Según una reciente encuesta, Moro contaba con la aprobación del 53% de los brasileños, frente al 39% de Bolsonaro. Dentro del discurso bolsonarista, el eje más resistente siempre ha sido el de la lucha contra la corrupción y el crimen, como responsable de las principales condenas de la Lava Jato, Moro garantizó al Gobierno de Bolsonaro un sello de legitimidad y autenticidad con relación a este discurso.
Sin embargo, los votantes radicales que apoyan cualquier decisión de Bolsonaro y que amplifican sus declaraciones corrosivas se mantienen firmes y lo apoyarán durante algún tiempo. La aparición del presidente junto a sus ministros, incluidos los militares, también promovió la imagen de que Bolsonaro no está solo y que las Fuerzas Armadas lo siguen apoyando, aunque en los bastidores haya muchos signos de incomodidad.
El corto circuito que se promueve con este divorcio deja a Brasil a ciegas, mientras vive la oscuridad de los datos del coronavirus. Con más de 3.000 muertes confirmadas, el país corre atrás de ampliar testes para conocer la real dimensión de la Covid-19 con un ministro de Salud, Nelson Teich, que entra después de otra crisis promocionada por Bolsonaro.