En su anuncio, el mandatario sentenció que «estamos compartiendo estas dosis no para asegurarnos favores u obtener concesiones», sino «para salvar vidas y liderar el mundo para poner fin a la pandemia, con el poder de nuestro ejemplo y con nuestros valores».
Jake Sullivan, asesor de Seguridad Nacional, indicó que las donaciones estarán basadas en «factores que incluyen lograr una cobertura global, responder a las crisis y ayudar a tantos países como sea posible». De igual forma, resaltó que Estados Unidos busca priorizar a sus vecinos y a naciones de América Central y del Sur.
Desde que Biden llegó a la Casa Blanca, su Administración se ha centrado en inocular a los ciudadanos, luego de que la enfermedad causara la muerte de más de medio millón de estadounidenses. Si bien, Biden prometió que Washington se convertiría en proveedor y enviaría al extranjero al menos 20 millones de dosis de las vacunas Pfizer/BioNTech, Moderna y Johnson & Johnson, además de unas 60 millones de dosis de AstraZeneca.
El plan del Gobierno de Washington fue celebrado por organizaciones internacionales, entre ellas, Naciones Unidas y el Banco Mundial, cuyo presidente, el economista David Malpass, declaró que «es un buen comienzo y espero que haya más dosis disponibles».
Por su parte, Alex Feldman, director del Consejo Empresarial Estados Unidos-ASEAN, aseveró que para los países del sudeste asiático se trata de un primer paso «simbólicamente importante», pero los envíos de dosis son una «gota en el balde» en comparación con lo que se necesita en la región.