Pasada las horas, trascendió que la cancillería uruguaya no había permitido el ingreso de un representante del Partido del Trabajo de Corea del Norte. Semejante acto de sumisión a la disposiciones del departamento de Estado estadounidense causó indignación en el FA. Sobre todo porque el representante norcoreano había sido invitado por el presidente del FA, Javier Miranda, y no era una visita ni de Estado ni diplomática, dado que el hombre es embajador en Perú, pero no tiene ese carácter en Uruguay. La decisión de Nin molestó al propio Tabaré, que se lo comunicó a Nin y a José Mujica, que la criticó públicamente. Lo mismo hicieron dirigentes de sectores del FA y José Bayardi, que dirige la Comisión de Asuntos Internacionales del FA.
Si bien la mayoría de los sectores y militantes del FA rechazan las posturas del canciller, estas claramente representan a una minoría muy influyente de la coalición de izquierda, y ni hablar que la derecha estaría encantada de que se profundizaran. El problema de los partidos de oposición es que, por el momento, Nin compensa o es compensado. Baste como ejemplo lo sucedido en el Mercosur: cierto es que Uruguay permitió la escandalosa suspensión de Venezuela, bajo amenazas directas de José Serra, que ya fue, y Michel Temer, que todo indica que será boleta en pocos meses. Pero antes de permitirlo por la vía de plegarse a un consenso sancionatorio, estiró todo lo que pudo el asunto y marcó independencia de criterio. Uruguay marcaba un criterio solidario con Venezuela, lo cual irritaba a la oposición, pero a la vez el canciller se burlaba públicamente de la ministra Delcy Rodríguez en una cena de empresarios, lo que producía rechazo en la izquierda política y social. Al final, además, Uruguay cedió y la presidencia pro témpore de Venezuela fue desconocida, antes de directamente suspenderla con subterfugios.
Mucho se criticó al viejo Pepe Mujica por su famosa frase tergiversada, emblema de la inconsistencia: “Como te digo una cosa, te digo la otra”. Pero la incongruencia política de la política exterior uruguaya es mucho más ostensible. El problema de fondo es que el FA y los movimientos sociales apoyan experiencias políticas que el gobierno, por la menos a nivel de cancillería, rechaza. La base social y parlamentaria de la tercera administración del FA quiere otra política de relaciones exteriores, más jugada. Que no le tiemble en pulso en denunciar el golpe en Brasil, la prisión política de Milagro Sala o pedir la renuncia de Almagro. Pero en cancillería la línea es otra. Bajo la hipótesis de la política de Estado, de lo jurídico sobre lo político, se ha derechizado al punto de que los frenteamplistas se reconocen menos en la política exterior que los votantes opositores.