Por esa razón, de acuerdo con The Federalist, la distribución de los 419,5 millones de dólares por parte de CTCL y CEIR tuvo un carácter partidario, pese a que ambas entidades se definen como sin fines de lucro.
Según detalla la publicación, de las 26 subvenciones que CTCL brindó a ciudades y condados de Arizona, Georgia, Michigan, Carolina del Norte, Pensilvania, Texas y Virginia, que fueron de un millón de dólares o más, 25 fueron a áreas en las que Biden se impuso en los comicios. Donald Trump ganó en Brown, Wisconsin, condado donde solamente recibió un 1,3 % de los 85,5 millones que CTCL cedió a los 26 distritos. El análisis preliminar muestra que este reparto con carácter partidario se replicó en todo el país.
El efecto práctico de esta financiación privada es el de crear un sistema electoral «en la sombra» para favorecer a los votantes demócratas sobre los republicanos. Por ello, los autores de la investigación sostienen que esta estructura derivó en una cantidad adicional de votos a favor de Biden que habría bastado para asegurar su victoria en el Colegio Electoral.
En definitiva, los autores señalan que tienen buenas razones para anticipar que los resultados finales del trabajo mostrarán que la intervención de ambas organizaciones hizo que la elección de 2020 no fuera justa, al tiempo que agregan que «probablemente fueron compradas con dinero vertido a través de lagunas legales».