La soledad del presidente no se refleja en el discurso de los políticos de su propia coalición porque viven abozalados (esto es: con un bozal puesto) por las circunstancias, que los obliga a reprimir cualquier polémica que pueda debilitar al presidente y, con ello, liquidar a la coalición. Creen que el futuro de sus propios partidos depende de que el presidente actúe sin obstáculos de ningún tipo, aunque sus actos sean harto controversiales o, directamente, indefendibles. Sin embargo, tampoco alzan su voz para secundarlo en sus políticas irresponsables y a la mayoría de los legisladores del oficialismo no se les escucha en el espacio público, y el sacrificio de batirse por Lacalle Pou recae en un grupo de parlamentarios herreristas de escaso prestigio, menos inteligencia y mal vistos por unanimidad.
Con este panorama, al presidente y sus adláteres no les queda otra que presionar a los medios de comunicación para evitar desviaciones en el empeño del blindaje y dosificar encuestas con números de aprobación fantásticos, como si el rey Midas de las encuestas pudiese convertir la escasa adhesión de sus ideas principales en el seno de su propia coalición, y de la mayoría de la parte de la sociedad que lo votó, en una aceptación que no reconoce fronteras políticas, ni generacionales ni departamentales. Así salen las encuestas, cuanto más desagregadas, más inconsistentes: todo el mundo apoya a Lacalle, todo el mundo apoya la gestión de la pandemia, pero, a la vez, todo el mundo cree que hay que tomar medidas drásticas que el presidente no toma, todo el mundo cree que hay que aprobar un renta básica que no aprueba y todo el mundo está en contra de una política económica que es una verdadera demostración de insensibilidad, una brutal fábrica de pobreza.
Ese es el verso que nos quieren meter ahora: a Lacalle Pou lo apoya la inmensa mayoría de la sociedad por su gestión de la pandemia, pero a la vez la inmensa mayoría de la sociedad y la inmensa mayoría del sistema político, incluyendo a sus legisladores, no están de acuerdo con su posición contraria a adoptar medidas sanitarias mucho más fuertes y no comparten su negativa a la renta básica ni su política económica.
¡Bravo! ¡Han logrado disociar en la hiperrealidad la aprobación del presidente en sí de la aprobación del presidente en su ejercicio!
No nos gobierna una agencia de publicidad, nos gobierna un necio.