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Lectura

Belleza insoportable

Hace algunos años tuve la oportunidad de ver una gran producción de la Globo  llamada “Felicidad”.

Una mujer que había deseado toda la vida con ser una bailarina clásica después de muchas historias encontradas, únicas y unidas en la médula palpitante que supone la vida, su hija le regala una entrada para ver “El lago de los cisnes”. Recuerdo la fantástica última escena. Después de “tanta belleza insoportable”. el teatro empezó a desocuparse lentamente. Ella nunca logró ponerse  de pie.

En algunos momentos la cámara captaba sus lágrimas silenciosas cayendo lentamente desde el fondo de sus párpados heridos de vida y muerte. Allí quedó, como espectadora que había incursionado intensamente en el escenario siendo toda la música, para que la encontraran un rato después sin signos vitales de ningún tipo, con la larga cabellera desparramada sobre los hombros.

Había muerto de un golpe de belleza, de Felicidad. En mi propia  vida más de una vez he considerado que también habría podido morir somatizando de muchas formas, con el corazón extracorpóreo y dulce escuchando un concierto de piano por ejemplo.

En un museo de Italia,  que cuenta con la mayor cantidad de visitas, el 15 de diciembre un turista de 70 años sufrió una descompensación cardíaca que terminó en un paro mientras contemplaba “El nacimiento de Venus” en la sala Botticelli. El turista cayó rodeado por pinturas extraordinarias en Florencia. Médicos que asistían a la exposición lograron reanimarlo utilizando desfibriladores a disposición en el lugar.

Ante la situación varias personas consideraron que se trataba de un caso de Síndrome de Stendhal, nombre que recibe la sobredosis de belleza que deja a los espectadores en una situación  de abrumación provocando un conjunto de reacciones psicosomáticas como mareos, taquicardias, dificultad para respirar, y sensación de no poder mantenerse en pie. Existen los que dictaminan que este síndrome no es más que un  mito romántico pero desde este espacio que me ha tocado ocupar en el mundo tengo algunos elementos para creer que el síndrome no es tan romántico y que no nos encontramos frente a un mito. Las emociones existen y no todo el mundo es incapaz de conmoverse hasta el “exceso” salvo que lo enfrenten al universo programado de las cosas desprovistas de arte y que producen otra forma de “pérdida de conocimiento”.

El director de La galería de los Uffizi, en un diálogo con la prensa dijo que sabía que una visita a un museo de esas características supone un esfuerzo capaz de causar estrés psicológico, emocional y también manifestaciones físicas importantes .Aunque el director manifestó sus limitaciones en el terreno de la medicina, se animó a expresar que podía tratarse de un caso capaz de definirse como síndrome de Stendhal.

Eike Schmidt dijo que “Hay que destacar el efecto del arte, que como la música tiene una gran fuerza psicológica en los seres humanos”. En 1817, el escritor francés Stendhal lo sufrió al ingresar en la basílica de Santa Cruz en Florencia padeciendo una abrumación causada por la belleza escribiendo”“Había alcanzado ese nivel de emoción en el que las emociones celestiales de las artes y los sentimientos apasionados se encuentran. Me dio un vuelco el corazón, caminaba temiendo caer”.

A partir de esa documentación de un estado de ánimo particular, el síndrome lleva su nombre sin que se logre afirmar aún que se deba exactamente al agobio que produce la maravilla.

La doctora Jessica de Santis que asistió al turista en la sala  pasó por alto todo tipo de romanticismo y expuso su punto de vista:

“Es un síndrome psicosomático que induce taquicardia o mareos frente a obras importantes como las de Botticelli, pero no me atrevo a dar un diagnostico porque el paciente tenía problemas coronarios importantes”,  De Santis, que trabaja en el hospital de Catania, era la primera vez que visitaba los Uffizi considerando que la sala Botticelli fue para ella  “una experiencia mística, fantástica”.

Este es el caso más grave que se ha visto en el museo pero no el único. Su director contó que hace unos años un joven tuvo un  ataque de epilepsia frente a “la primavera” de Botticelli siendo atendido por los asistentes de la sala que tienen formación en primeros auxilios familiarizados con los frecuentes desmayos de los visitantes. La mayoría de los casos se dan frente a obras de artes monumentales y famosas. El director relató que ante la inauguración de una sala dedicada a Caravaggio un hombre se desmayó frente a “La cabeza de Medusa” una famosa e inquietante obra perteneciente a este creador.

Para el director del museo el arte es una medicina. “Tiene una función terapéutica, curativa”, remarca. El museo organiza visitas para personas que sufren trastornos cognitivos o enfermedades psicoemocionales el día en que la galería se encuentra cerrada para el público pudiendo verse el elevado poder en la salud y su influencia positiva.

En 2016 un equipo de científicos tomó muestra de saliva a más de cien visitantes en el santuario barroco de Vicoforte al norte de Italia antes que ingresaran en el monumento. A  la salida comprobaron que los niveles de una hormona llamada cortisol, también llamada la hormona del estrés se había reducido en un 60% de los casos.

El arte tiene un gran poder de construcción y sanación, así como el exceso de belleza puede llegar a movilizarnos tanto que nuestro corazón debe fortalecerse o simplemente soportar algunas manifestaciones de un cuerpo que a veces es frágil ante los maravillas y responde con algunos síntomas en general completamente intrascendentes. Vale la pena.

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