El enfrentamiento que ha llevado a la dimisión de Sergio Moro del Ministerio de Justicia coloca en jaque el otro pilar del gobierno, la lucha contra la corrupción. Más allá de que tantos otros fenómenos ya habían denunciado la falsedad del compromiso de Bolsonaro en la lucha en contra la corrupción, Moro representaba en el gobierno esa lucha. Su salida significa que ese compromiso formalmente deja de existir. Aún más por las causas de la dimisión y por las revelaciones de Moro sobre comportamientos de Bolsonaro. Él ha alegado varias causas para salir; primero, el no cumplimiento de dar carta blanca para nombrar los cargos vinculados al Ministerio de Justicia, entre ellos, antes de todo, el del director de la Policía Federal, ahora destituido por Bolsonaro sin consultar a Moro. En segundo lugar, los criterios políticos para destituir y nombrar un cargo tan importante. Tercero y, tal vez más importante, la confesión de Bolsonaro a Moro de que anda muy preocupado por procesos en el Supremo Tribunal Federal, en particular ha mencionado un proceso directamente en contra de su hijo. Asimismo, señaló a Moro que necesita un director de la Policía Federal con el cual pueda hablar directamente por teléfono, obtener informaciones, tener acceso a procesos, una actitud que hiere directamente la autonomía de la Policía Federal.
Detrás de la dimisión del director de la Policía Federal está la preocupación de Bolsonaro con procesos contra sus hijos, en distintos ámbitos. La actitud de Bolsonaro, nombrando como director de la Policía Federal a una persona directamente vinculada a él, confirma una intervención política.
Bolsonaro pasó a ser acusado de falsedad ideológica (firmó como si Moro hubiera firmado la destitución del director de la Policía Federal, desmentido por el exministro), de obstrucción de justicia (al querer nombrar funcionarios de la Policía Federal sometidos a él) y de crímenes de responsabilidad (por el conjunto de irregularidades).
El mandatario ha hecho un movimiento de reacercamiento con partidos de la derecha tradicional en el Congreso para ganar votos e impedir que sea posible la aprobación de un voto de impeachment en contra de él, que necesitaría dos tercios de votos. De ahí que necesitaría sacar a Moro y al director de la Policía Federal, para poder prometer a aquellos partidos de que los procesos de corrupción en contra de ellos -sí como en contra de los hijos de Bolsonaro- no avancen.
Pero los pronunciamientos de personas del Poder Judicial revelan que esa puede ser la vía para un proceso por crímenes de responsabilidad en contra de Bolsonaro. El clima de revuelta en contra del presidente se hace más fuerte porque él provoca crisis políticas en el país, en un momento especialmente difícil por los efectos graves de la pandemia en Brasil.
Bolsonaro se cree fuerte, porque tiene el poder de destituir y de nombrar, aun a los ministros de más popularidad de su gobierno, como el de Salud y el de Justicia. Pero si ello demuestra fuerza respecto a esos ministros, su gobierno se debilita. La misma ala militar del gobierno discute si sigue con él o si se sale. El gobierno de Bolsonaro pasa a otra fase, que, quizás, sea la final.