Las “fábricas” dentro de las células que producen estas proteínas son los ribosomas. “La célula degrada todo lo que puede para conseguir un poco de energía que le permita sobrevivir. Secuestrar los ribosomas permite mantenerlos intactos y disponibles para cuando la situación vuelva a la normalidad y la célula pueda volver a crecer rápidamente”, explicó el investigador del Idibell, profesor de la UB y líder del proyecto, Antonio Gentilella.
Por lo tanto, la hipótesis de los investigadores es que se trata de un mecanismo importante para la reaparición de los tumores después de la terapia.
“La quimioterapia puede reducir mucho el tamaño de los tumores, pero ¿qué queda al final? Es muy probable que el propio tratamiento no haya afectado a las células que han bajado el consumo energético y a la vez han generado un reservorio de ribosomas, ya que les es más fácil sobrevivir y volver a crecer tras el tratamiento”, indicó Gentilella.