“Esto no es ni hospitalario ni demuestra buena etiqueta diplomática”, enfatizó el equipo asiático.
No obstante, Yang Jiechi, el jefe de la misión y director de Asuntos Exteriores del Partido Comunista, insistió en que ambas potencias manejen con mesura sus diferencias, prioricen la cooperación y cesen el conflicto, pues es perjudicial en el plano bilateral e internacional.
Corresponde a los dos países –acotó- asumir responsabilidades con la paz, estabilidad y desarrollo del planeta y, por tanto, Estados Unidos, debe abandonar las sanciones extraterritoriales, dejar de abusar de la seguridad nacional y de obstruir los lazos comerciales.
Mientras, el ministro de Relaciones Exteriores, Wang Yi, deploró y consideró un signo de debilidad la imposición de sanciones norteamericanas a 24 funcionarios chinos justo un día antes de las pláticas en Anchorage, Alaska.
Advirtió que ninguna maniobra o presión influirá en la resolución del gigante asiático a defender cuestiones vinculadas a la dignidad nacional y pidió a la Casa Blanca cambiar la conducta hegemónica, por el bien de ambos pueblos y del mundo.
Pero los pronunciamientos del secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken, y el asesor de Seguridad Nacional, Jake Sullivan, ilustraron que contener a China sigue en la agenda y la administración demócrata le dará continuidad con un enfoque distinto al del gobierno de Donald Trump.
De hecho, el jefe diplomático llegó a la cita bilateral tras pasar revista a las alianzas entre Washington, Japón y Corea del Sur con Beijing en la mira, mientras su colega de Defensa, Lloyd Austin, visita India con similar objetivo.
El encuentro de Alaska cerrará este viernes y no se espera que arroje ningún acuerdo o comunicado conjunto.
Su choque inicial deja entrever que falta mucho para que se calmen las aguas entre China y Estados Unidos, luego de cuatro años de desencuentros, los cuales colocaron a sus vínculos en su momento más crítico en décadas y con una profundización de la desconfianza.