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Columnas de opinión | Uruguay-

Geopolítica de los mundiales

El cuestionamiento a las cuatro estrellas en la camiseta celeste de Uruguay tiene un solo motivo, y es que Uruguay sigue siendo competitivo con opción a volver a salir campeón del mundo.

Lo fue en México 70, donde lo hicieron bajar de la capital a Puebla para beneficiar a Brasil de manera completamente antirreglamentaria. Lo fue también en Sudáfrica 2010, donde Holanda debió quedarse con 10 jugadores por las infracciones descalificadoras que cometió desde el comienzo. Lo fue incluso en Brasil 2014 con el golpe tremendo de la sanción a Luis Suárez, completamente injustificada.

Lo es en cada mundial y en este mismo en particular, porque Uruguay sigue teniendo nivel futbolístico de definición mundialista, a pesar de los cambios en las condiciones materiales del juego que hacen de un país de América del Sur pequeño y básicamente exportador de futbolistas, cada vez más alejado, por lógica, de las posibilidades de disputar de igual a igual. Pero si algo aprendió y practicó Uruguay en fútbol fue con menos lograr más (el lema del profesor José Ricardo de León), perfectamente estudiado en toda su historia.

Por otra parte, si de invalidar estrellas se trata, habría que empezar por recorrer la geopolítica, la geoeconomía, la geohistoria de los mundiales, desde el 34 que descaradamente se apropió Italia contra España, como la poca participación de América Latina, en particular del campeón en ejercicio que era Uruguay. El salvajismo del Mundial del 38 en Francia, donde Austria, que había sido clasificada, no pudo concurrir porque fue anexada por Alemania, y en los octavos de final faltó a un partido. El principal futbolista de Austria, Matthias Sindelar, conocido en aquel entonces por el Mozart del fútbol, se negó a jugar por Alemania, tal cual lo había ordenado Hitler a todos los futbolistas austríacos. Y al año siguiente apareció muerto en su apartamento de Viena.

La FIFA en la mira

Siguiendo con dictaduras y geopolíticas de los mundiales, en el 78 en Argentina, Videla ingresó junto a Kissinger al vestuario de Perú para aquel vergonzoso 6 a 0 que necesitaba la selección albiceleste para llegar al título. A Maradona le escatimaron dos mundiales: el de Italia 90 con el penal inventado por Codesal, donde Argentina llegó a la final a pesar de todos los obstáculos que le impusieron. Y el del 94, donde fue excluido por una sesión orwelliana de un tribunal de FIFA instigado por Estados Unidos, al igual que ahora en este vergonzoso mundial, con todas las exclusiones que se están realizando a los países del sur global. Ni qué decir de Inglaterra 66, donde eliminaron a Uruguay y Argentina con jueces cambiados en los partidos Uruguay-Alemania con juez inglés y Argentina-Inglaterra con juez alemán, para luego terminar ganando el Mundial con un gol que nadie vio, robándoselo literalmente a Alemania. Y estas son solo algunas perlitas de un larguísimo collar de infamias de la FIFA que, si fuesen consideradas con revisionismo histórico, determinarían cambios sustanciales en las estrellas que se lucen en las camisetas de las elecciones. Entre las más legítimas e indiscutibles están precisamente las cuatro estrellas de la camiseta celeste de la Selección uruguaya.

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