Tampoco comparten que “la democracia es acción y no un eslogan”, como lo proclamó el presidente, porque para ellos es sí un mero eslogan y se reduce a la rutina de votar cada cinco años, a los efectos de viabilizar la alternancia en el poder. Es decir, para la derecha, la justicia social es una suerte de entelequia, porque para las mentalidades de la elite burguesa la democracia es meramente formal como en la antigua Grecia, donde sólo se habilitaba la participación del 15 % de la población. Les cuesta entender algo muy simple: que la democracia sólo es plena si nadie queda al costado del camino.
Para una oposición exacerbada y sin rumbo, aparentemente ni el Instituto Nacional de Estadística es confiable. Los más enfáticos en ese sentido fueron el impresentable senador blanco Sebastián da Silva y su colega Martín Lema, que pasó a la historia como el peor ministro de Desarrollo Social de la historia, con aumento de la pobreza y récord de personas en situación de calle.
Por más que los nieguen, es cierto que el salario creció un 2,3 % en términos reales en apenas un año, cuando en todo el período anterior aumentó un 2,7 %, luego de la radical caída registrada entre 2020 y 2022. Esos son datos estadísticos reales y quienes no lo admitan sí están mintiendo a cara de perro. Tampoco puede negarse que las jubilaciones crecerán un 6 % en términos reales, con una inflación anual del 2,3 %, la más baja de los últimos 25 años. Aparentemente, para la oposición el INE decía la verdad hasta hace un año y ahora miente, como si el Gobierno hubiera removido a todo su equipo de técnicos.
¿Pueden negar que se crearon 26.000 nuevos empleos, entre ellos 19.000 que son ocupados por mujeres, en apenas un año, y que la tasa de desocupación bajó moderadamente pese al cierre de algunas empresas y la reducción de la plantilla en otras? Realmente, no, porque en un año nacieron más fuentes de trabajo de las que fenecieron, pese a que los cierres tienen mayor impacto mediático que las aperturas, por el drama de quienes pierden su fuente laboral. ¿Referirse al empleo no es hablar de los problemas de la gente, como asegura la derecha? Para desmentir hay que tener bases estadísticas sólidas, y la oposición no las tiene. ¿Por qué? Porque el bloque conservador afirma que su gobierno creó más de 100.000 empleos en cinco años. Lo que obviaron aclarar es que, sólo en 2020, se perdieron entre 60.000 y 90.000 puestos de trabajo, por lo cual la mayoría de los empleos creados que reportan fueron trabajos recuperados y no nuevos.
Cuando Orsi afirma que “el crecimiento, si no redistribuye, no cohesiona”, no se puede esperar que la derecha entienda esa dialéctica, porque el bloque conservador sólo entiende la lógica de la acumulación y no comprende que sin derrame de riqueza no hay crecimiento real. Parecen ignorar, o lo soslayan a propósito, que al final del quinquenio anterior los ricos eran más ricos y había más de medio millón de trabajadores que percibían retribuciones de menos de 25.000 pesos. Esos montos eran más negocio para el empresario que para el empleado.
La derecha niega algo que rompe los ojos y que sabe con certeza, ya que sus legisladores votaron casi todos los artículos de la Ley de Presupuesto: que este Gobierno invertirá como nunca antes en primera infancia y en salud mental. Sin embargo, prefieren parapetarse tras su muro de mentiras, porque el Gobierno encabezado por Luis Lacalle Pou, por acción u omisión, hizo crecer la pobreza infantil y hubo récord de suicidios. Es obvio que se sienten culpables. En ese contexto, las familias de más de 200.000 niños de los quintiles de más bajos ingresos recibirán un bono para asistir a clase y ese número crecerá al final del período a 300.000. ¿También para la oposición eso es mentira? No se hagan los distraídos. Está presupuestado. “Queremos garantizar que el año lectivo no dependa del bolsillo de la gente”, enfatizó Yamandú Orsi. Por supuesto, para la oposición, es suficiente que estén llenos los bolsillos de la clase alta, que es a la cual sus miembros pertenecen.
Tampoco les debe hacer mucha gracia a los blancos y colorados que esté en marcha el programa “Crece desde el pie”, porque les debe recordar a la emblemática canción del comprometido cantautor popular Alfredo Zitarrosa. Este proyecto, según confirmó el presidente, “articula salud, vivienda y desarrollo infantil, para que ningún niño dé sus primeros pasos en piso de tierra”. A la derecha no le importan los pies en la tierra. Le importan los pies enguantados en costosos calzados que transitan por los pisos de los barrios residenciales y los privados.
Tampoco les debe inmutar la apertura de medio centenar de comedores en centros de educación media, donde se alimentarán más de 40.000 estudiantes de las familias más desfavorecidas, porque sus hijos y sus nietos no se educan en la enseñanza pública. Concurren bien alimentados a colegios privados, como el expresidente Luis Lacalle Pou, que desde el nivel primario hasta el universitario jamás pisó un centro estatal.
En materia de salud pública, la derecha no puede negar que faltaban más de 100 medicamentos en farmacias estatales, que ahora sí se encuentran disponibles y que se redujo la lista de espera de las consultas médicas.
“En mi Gobierno, crecer con equidad es lo que legitima. Una sociedad se reconoce también en cómo cuida a quienes más lo necesitan”, proclamó Yamandú Orsi en uno de los tramos más aplaudidos de su alocución. Este es un axioma que no entiende la derecha, ya que en su diccionario no existe el vocablo equidad ni la expresión justicia social.
Incluso, si se quejan por la inseguridad, que será atendida en este período mediante una amplia batería de medidas, los coalicionistas deberían mirarse al espejo, porque en su gobierno hubo récord de homicidios, niños y adolescentes baleados y hasta aparecieron cuerpos despedazados y quemados. Ahora vivimos en el país real y sin maquillaje, y no en el de fantasía que inventó la derecha, con su contumaz adicción a la mentira.