El encuentro se inscribe en Marea, el ciclo de mujeres y disidencias de la música y el audiovisual de la Sala Zitarrosa, que en 2026 transita su sexta edición. El programa se consolidó como un espacio para visibilizar y poner en valor a creadoras nacionales y regionales, con una programación paritaria durante todo el año.
Dos universos que buscan encontrarse
Para Maffía, compartir escenario con Sakeo supone mucho más que una coincidencia de programación. Encuentra entre ambas una afinidad vinculada a la intensidad de sus propuestas.
“Creo que las dos nos identificamos con el frenesí del rock y de una puesta muy intensa y descarnada”, señaló a Caras y Caretas. La posibilidad de compartir con una artista que admira también incorpora otra dimensión: disfrutar del lugar de espectadora y del intercambio que propone el encuentro.
La cantante argentina incluso imagina un posible cruce sobre el escenario. “Adoraría que nos crucemos arriba del escenario en alguna invitación, si la situación lo ameritara”, afirma.
La presentación aparece así como un punto de encuentro entre dos escenas que comparten inquietudes, pero que también llegan al escenario desde recorridos diferentes.
Una mirada que cambia con los años
En las canciones de Maffía conviven la intimidad, la experimentación y una observación particular de lo cotidiano. Sin embargo, la artista reconoce que su escritura se ha ido desplazando hacia asuntos que exceden la experiencia estrictamente personal.
“El amor, el tiempo, el lenguaje, el deseo, la necesidad, la discordia” son algunos de los grandes temas que comienzan a ocupar un lugar mayor en su universo creativo. Las historias pueden tomar la forma de una fábula cotidiana, pero la experiencia propia deja de ser el único punto de partida.
Con el paso de los años, explica, observa cada vez más lo que sucede a su alrededor. Se define como una “observadora participante” de su propia vida, enredada con la de muchas otras personas.
El derecho a detenerse
Esa mirada necesita tiempo. Y justamente el tiempo se ha convertido para Maffía en uno de los principales territorios de disputa dentro de su práctica artística.
“El tiempo creativo y de ocio se volvió un territorio en permanente estado de usurpación”, sostiene. Entre las presiones identifica un mandato contemporáneo según el cual producir y mostrarse de manera constante parecen ser condiciones para sostener una presencia pública.
Pero también reconoce una dificultad más personal: ser simultáneamente su propia jefa y su propia trabajadora. Esa doble condición puede convertir el trabajo en una actividad permanente y dejar poco espacio para el descanso.
Por eso, dice, necesita recordar la importancia de hacer cada tanto “un pequeño paro general”, una pausa que permita evitar el agotamiento. En ese diálogo entre quien dirige y quien trabaja, Maffía busca construir una relación más justa con su propio tiempo.
En ese sentido, el encuentro con Sakeo adquiere otra dimensión: dos artistas que hacen de la intensidad una parte central de su lenguaje se encuentran en un escenario que también puede ser un espacio de intercambio, escucha y pausa frente a la velocidad con la que hoy circula la música.