Como si fuera Liam Neeson en Búsqueda implacable, con la salvedad de que aquel guion, a diferencia de éste, sabía muy bien que el asunto tenía que pasar por la acción pura y que la psicología y los vínculos humanos, al menos ahí, no le importaban a nadie. En La madre, por el contrario, conviven a la par escenas de puro movimiento –construidas con planos de no más de tres segundos, cortesía de un montajista que desayunó tres litros de energizante– con otras centradas en el “vínculo” entre la nena y esa madre a la que desconoce. Vínculo tan gélido como el contexto en que trascurre este film de la neozelandesa Niki Caro (alguna vez reputada por Jinete de ballenas devenida en asalariada a cargo de la versión live action de Mulán).
Fría es, de hecho, toda la película. En términos emotivos, porque los personajes son de piedra y tienen menos carisma que los lobos que cada tanto aparecen por el bosque. En términos formales, porque la mayoría de las secuencias de acción –que consisten, básicamente, en Jennifer López pegando o disparando a gente– están filmadas con una lente tipo ojo de pez que difumina los contornos de la imagen y enrarece la perspectiva. Un (fallido) intento de originalidad en una película de una seriedad sepulcral y que podrá ser cualquier cosa, menos original.
La ficha
Dirección: Niki Caro
Guion: Andrea Berloff, Peter Craig y Misha Green
Duración: 115 minutos
Elenco: Jennifer López, Lucy Páez, Omari Hardwick, Gael García Bernal y Joseph Fiennes
Plataforma: Netflix.
Por Ezequiel Boetti (vía Página 12)