¿Cómo sientes que es la relación de la sociedad paraguaya con su pasado histórico y cómo fue recibida la película allí?
Parte del desafío de Narciso fue reconstruir una época de oscuridad, y hacerlo casi sin imágenes. Prácticamente no existen archivos fílmicos del Paraguay de los cincuenta, y lo poco que quedó está contado desde la mirada del régimen. Trabajamos con varias fotografías sociales (no oficiales) y, sobre todo, con relatos orales, con lo que alguna gente recordaba, o con lo que se había transmitido de boca en boca. En la película, la época está presente, pero lo que más nos interesaba es la atmósfera: esa oscuridad, ese aire espeso de una cultura profundamente autoritaria que no terminó con la dictadura y que todavía se puede reconocer hoy. Me gusta pensar que hicimos memoria de futuro: mirar hacia atrás para entender lo que seguimos siendo y lo que podríamos dejar de ser. Por eso tenía cierta inquietud con el estreno en Paraguay. El reconocimiento afuera no garantiza nada en casa. Pero la respuesta fue muy generosa: la película estuvo nueve semanas en salas y la vieron más de quince mil personas (un número muy bueno para este tipo de cine en el país). Y aun seguimos estando en salas alternativas. Me emociona sobre todo que mucha gente joven se haya acercado a una historia que no conocía. Hay una generación nueva con muchas interrogantes, y cuando una película puede ayudar a abrir la conversación, es hermoso.
De la investigación y recreación del Paraguay de la época, ¿Cuál fue el elemento que más te llamó la atención?
La radio. En ese Paraguay no había televisión y se veía muy poco cine. La radio me interesa como territorio de disputa, era el gran espacio de encuentro: ahí se escuchaba música, se seguían las noticias, se construían ídolos y también se vigilaba. Por la misma frecuencia podía sonar la Galopera, un discurso oficial, un poema o un comentario homofóbico. Cada minuto al aire decía algo sobre quién tenía permiso para existir. Por eso la llegada del rock no fue solo una novedad musical. Era un estímulo, de repente había un cuerpo que se movía distinto, una forma de deseo que no estaba prevista. Y el poder lo entendió enseguida.
¿Cuáles son tus próximos proyectos?
Todavía estoy en ese tiempo incierto que viene después de terminar una película, cuando uno se pregunta qué viene, y prefiero no apurar la respuesta. Lo que sí tengo claro es desde dónde quiero seguir. Cuando veo Narciso, veo a un grupo de actores, técnicos y colaboradores que se dieron permiso para explorar, para pensar el cine. Y siento que de ese lugar no hay vuelta atrás. En un tiempo en que las plataformas nos acostumbran a historias que lo explican todo, que subrayan cada emoción por miedo a que el espectador se pierda, me gustaría seguir defendiendo un cine que confía en el silencio, en lo que se insinúa y en lo que queda resonando cuando se encienden las luces. Lo que venga después, espero que nazca de allí.